Crítica de La Catedral del Mar, entretenimiento “histórico” de la más alta calidad

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Crítica de La Catedral del Mar, entretenimiento “histórico” de la más alta calidad
 

Ayer por fin se estrenó “La Catedral del Mar“, la serie más esperada del año que adapta la novela homónima de Ildefonso Falcones. Una novela que muestra ilustra varias escenas crueles que podrían no gustar a los espectadores y que, de momento, se han trasladado a la pequeña pantalla. Eso sí, una novela que si bien está ambientada en un tiempo histórico, no busca ser fiel con los detalles: Ildefonso Falcones creó un texto comercial en el buen sentido de la palabra con muchas licencias que aquí se han trasladado, como la polémica de si había o no derecho de pernada (en redes ayer se podía leer defensores de los que sí, y defensores de los que no).

Y tras el estreno del primer episodio toca hablar de qué nos ha parecido: las expectativas eran elevadas, y si bien hay elementos que nos han sorprendido para mal (la factura técnica está bastante lejos de lo conseguido por “La Peste“) debemos decir que la adaptación narrativa es un lujo, los personajes están espectaculares y el ritmo es sorprendentemente rápido pese a que el primer episodio duró 61 minutos. Comenzamos hablando de lo positivo, para pasar a lo negativo. ¿Ganará lo malo a lo bueno?

Es una serie adulta que se distancia de las producciones históricas pasadas

Hace algos años teníamos series como “Toledo: Cruce de Destinos” o “Hispania” que llegaban a la televisión como series históricas que buscaban gustar a toda la familia; algo difícil cuando en el pasado solía aflorar la dureza y, para evitar temas que pudieran alejar a los más pequeños, los ocultaban con escenas costumbristas y tramas juveniles. Pero “La Catedral del Mar“, desde el primer momento, busca ser un producto adulto y maduro. No solo en la fotografía (muy cuidada) o en la presencia de escenas duras, como la polémica referente al derecho de pernada, sino en el propio ritmo del guion y en la narrativa.

Hay violencia, mucha. Pero también estaba presente en el libro, por lo que si bien puede no gustar a un público conservador, era necesario que se trasladara a la pequeña pantalla. Ocurre algo parecido a “Fariña”: ambas son series adultas que comienzan una nueva etapa en Antena 3. Productos cerrados (no han nacido con vocación de segunda temporada), con tramas complejas y no exentas de escenas que pueden hacer que algunos espectadores cierren los ojos. Otro aspecto que nos ha gustado sobre este producto audiovisual es que por fin vemos una ambientación “sucia” propia del medievo. Algo que no se veía bien en otras series de época que nos presentaba un espacio limpio como la patena.

Pero pese a dirigirse a un público adulto, no deja de ser un gran entretenimiento: uno aquí que se mostraba escéptico porque trasladar una novela de 600 páginas a ocho episodios de una hora podía salir mal en este sentido. En cambio, tras el visionado del episodio, descubrimos que la adaptación, siendo fiel, es rápida y todo sucede cuando tiene que suceder. No hay tramas de relleno, algo habitual en nuestra ficción hasta hace pocos años, y consigue ser un producto comercial sin perder un ápice de calidad.

La ambientación supera la media, pero no es excepcional

Los escenarios que vemos en la serie están conseguidos si los comparamos a producciones más modestas como las arriba mencionadas o a “Águila Roja”: eran ficciones que aprovechaban la técnica del cartón piedra para hacer episodios baratos (unos 600.000 euros de media era lo habitual); en cambio, “La Catedral del Mar” podría decirse que utiliza una mezcla tanto de esa técnica (que se sigue notando, como explicaremos ahora) con escenarios naturales.

Hay mucho de “cartón piedra” todavía y sin notarse demasiado, es apreciable sobre todo si vienes de visionar “La Peste“, la producción de Movistar+ que ha trasladado la antigua Sevilla a la pequeña pantalla de una forma magistral. Aquella producción de seis episodios costó 10 millones de euros; “La Catedral del Mar” dicen que 12 millones, pero consta de 8 episodios. De momento, la serie más cara sigue siendo la dirigida por Alberto Rodríguez para Movistar+ y quizás por ello pudieron aprovechar el presupuesto para lograr una mejor ambientación.




Aunque es cierto que ambas comparten un elemento en común: la fotografía es excepcional, con colores fríos que nos remontan a la Barcelona de la época. La suciedad sufre de contrastes que permiten lucirse en pantalla y los personajes, que nunca tienen el rostro limpio, destacan sobre los escenarios.

Habrá que esperar hasta el final

Al estar en la adaptación de una novela compleja y llena de personajes y tramas, lo cierto es que hay que esperar al final para valorarla como se merece. Pero de momento es un producto muy digno, comercial y lleno de matices. Agradecemos el esfuerzo de Antena 3 por ofrecernos una serie adulta lejos de los errores del pasado, pero aunque es una producción cara, creemos que se podría haber hecho mucho más en el plano artístico.

Y esperemos que los espectadores sepan valorar que pese a ser una serie ambientada en un periodo histórico concreto, no deja de ser la adaptación de un libro de ficción histórica; hay licencias y seguro que seguirá habiéndolas con el paso de los episodios.


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