7 cosas que deseamos ver en Dragon Age IV

7 cosas que deseamos ver en Dragon Age IV
 

Ya han pasado cuatro años desde que Dragon Age: Inquisition, la última obra de la reconocida franquicia de BioWare, llegase al mercado. Por medio de uno de los RPGs más destacados de los últimos años, el estudio también creador de Mass Effect reivindicó la irregular percepción de la saga por motivo de Dragon Age II y, asimismo, produjo uno de los primeros juegos en realmente sentirse como de nueva generación. Mediante una gran historia, un maravilloso universo, magníficos combates, una indescriptible sensación de aventura, un sobresaliente diseño artístico, atmosféricos temas musicales y demás proezas en el desarrollo, se erigió un listón bastante alto, por lo que Dragon Age IV tiene una magna labor por delante.

Así, pues, y aunque el título no ha sido presentado de forma oficial, la desarrolladora ha reconocido en múltiples ocasiones que están trabajando en el próximo viaje hacia Thedas. Teniendo en consideración el impacto de la IP en el rol contemporáneo, además de la calidad de cada una de sus entregas de forma independiente, no caben dudas en que la cuarta iteración es uno de los productos más esperados por la comunidad en la actualidad, incluyéndonos a nosotros. Por lo tanto, compartimos con ustedes 7 cosas que deseamos ver en Dragon Age IV, una creación que, en lugar de tener que corregir desaciertos de su predecesor, tendrá que enfocarse en perfeccionar un resultado global que se acercó a lo impoluto.

Dragon Age

1- Un mundo verdaderamente interconectado

Dragon Age: Inquisition estaba formado por localizaciones de ingentes dimensiones. Desde gélidos páramos hasta interminables desiertos, el estudio materializó con gran conocimiento una serie de ubicaciones repletas de personajes, secretos, eventos inesperados, enemigos, botínes y un sinfín de elementos más. Sin embargo, para acceder a ellas, era necesario dirigirse o al borde de un mapa en pos de ingresar al navegador universal o a Feudo Celestial, la ciudad que funge como HUB en la travesía. Esto, sin restar la fantástica calidad de cada zona como terreno independiente, sí mermaba considerablemente la sensación de universo en términos físicos, pues detener el viaje cada vez que se quería alternar de entorno representaba una pausa a la mencionada sensación de aventura. De este modo, es un corte que esperamos no ver en la nueva entrega al producir un mundo verdaderamente interconectado, sin delimitaciones artificiales ni pausas inoportunas.

2- Mayor influencia sobre el universo

Uno de los principales atractivos de los RPGs es la capacidad de crear nuestro propio contexto. Moldear y modificar lo que nos rodea a través de nuestras acciones y decisiones, sentir que nuestro paso por ese conjunto de píxeles realmente tiene un impacto. A fin de cuentas, el fin principal del género es situarnos en el rol de un personaje y, como tal, tener capacidad de influir siempre es indispensable. Para el caso que aquí nos compete, si bien Dragon Age: Inquisition no escatimaba en darnos oportunidad de transformar la materia según qué hiciésemos, cierto es que no se equipara a lo primeramente conseguido por Dragon Age: Origins, por lo que nos gustaría ver repercusiones más notorias y, mejor aún, irreversibles, elevando así las cotas de inmersión a un nuevo nivel.

3- Un antagonista más memorable

En este menester, y con spoilers de la terna de entregas de por medio, hemos de reconocer que la saga siempre ha carecido de un villano lo suficientemente impactante como para dejar huella en nuestra memoria. El Archidemonio, Meredith Stannard y Corifeus, desde un punto de vista argumental y jugable, no han sido el pináculo que se esperaría de ellos. Inclusive, que el último de los mencionados sea el verdadero culmen argumental de Dragon Age IIhecho que sólo puede descubrirse si se adquieren los DLCs– es un fiel ejemplo de la mala aproximación que se ha tenido para con los antagonistas, salvando las distancias de las siempre interesantes intervenciones de Flemeth y Solas como quienes mueven los hilos desde las sombras. Así, esperamos que el próximo enemigo a vencer, sea Fen’HarelAsha’bellanar o alguien más, presente un encuentro más memorable que sus antecesores, tanto en la batalla final como en el transcurso de los acontecimientos.

4- Aún más habilidades, armas y armaduras

Aclarando de antemano que Dragon Age: Inquisition contaba con el número de habilidades, armas y armaduras suficientes como para alternar componentes durante muchas, muchas horas, cierto es que debemos exigir aún más perfección. Por tal motivo, en este aspecto, desearíamos ver un abanico de posibilidades roleras aún mayor, ahora desde el punto de vista mecánico. Contar con más opciones para vestir a nuestro personaje, tanto por cuestiones estéticas como por motivos de estilo de juego, al igual que el arma que usaremos y los poderes de los que dispondremos, sería un agradable plus a un sistema que, de por sí, funcionaba de forma excelente, aunque ello no inhibe de que exhortemos a BioWare a ser aún más ambiciosos.

5- Ciudades más grandes y densas

Aunque el mapa del último juego era extenso y repleto de un sinfín de actividades por hacer, muchas de estas localizaciones destacaban más por su interpretación de la naturaleza que por construcciones urbanas de magno calibre. Obviando metrópolis de la estirpe de Orlais, pocas ciudades de gran magnitud han sido vistas en la saga, aunque sí hayan hecho acto de presencia. Debido a esto, además de reincidir en la necesidad de un mundo más interconectado, asimismo esperamos que existan más ciudades que funjan como punto de encuentro para nuestros héroes, en las cuales esté integrada una numerosa retahíla de NPCs vivos y con historias por contar y encomendar, eventos por llevar a cabalidad, mercaderes, gremiosespecial énfasis en este sector-, entre otras adiciones que puedan ampliar la densidad de contenido.

6- Aumentar la personalización jugable

Más allá del número de skills, Inquisition limitó los árboles de habilidades en comparación a otros congéneres, causando que las potestades, tanto pasivas como activas, fuesen considerablemente menores. Entonces, sin necesidad de recurrir a un sistema de distribución de puntos, sería interesante percibir la expansión de la personalización jugable a través de permitir una mayor variedad de especializaciones sin tantas limitaciones. Aunque la disponibilidad de cuatro personajes en todo momento hace que el bajo número de arquetipos sea básicamente imposible de notar, darle la oportunidad a los jugadores de que combinen diversos estilos de juego, al igual que concederles mejoras pasivas que enfoquen sus formas de combatir según deseen, sería un importante aliciente para la experimentación y la autoformación de un avatar lúdico.

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7- Renovar el apartado técnico

Probablemente, el único apartado en donde la última obra de la saga recibió tantas quejas como elogios. Aunque existe una diversidad de aristas donde, técnicamente hablando, Inquisition se desenvolvió de forma correcta, como la distancia de dibujado o la estabilidad de los fotogramas, es también una realidad que las animaciones erráticas durante los eventos cinematográficos, bugs y movimientos inexplicables por parte de la IA estaban a la orden del día. Como suponemos que Dragon Age IV contará con una ambientación tan excepcional como la vista en la tercera obra, asimismo anhelamos que lo técnico esté al nivel de lo artístico, pues un perfecto equilibrio entre ambas partes hará que la composición visual sea más redonda que nunca, una descripción que, desafortunadamente, nunca ha sido posible atribuirle a la IP.

En conclusión, las expectativas sobre Dragon Age IV no son pocas. Dragon Age: Origins situó el inicio del fenómeno, Dragon Age II, entre altos y bajos, gustó y disgustó mientras alteró ciertos pilares para dar pie a un Dragon Age: Inquisition que, insistimos, es difícil de superar, por ello lo magno de las peticiones. Sin embargo, confiamos en que BioWare producirá una nueva obra maestra ya que, tras las enseñanzas de Mass Effect: Andromeda y, para entonces, los aprendizajes tras Anthem, el equipo estará más listo y maduro que nunca para convidarnos a un viaje sin precedentes. Y ustedes, ¿qué esperan de este periplo?