Crítica de Venom: Simbiosis noventera de mediocridad

Venom

Crítica de Venom: Simbiosis noventera de mediocridad

Ruben Fleischer patina con una propuesta confusa que no cumple con las expectativas

Crítica de Venom: Simbiosis noventera de mediocridad
 

En la mayoría de ocasiones las apariencias engañan, en otras pocas no. Desde que Sony anunció su universo cinematográfico, la duda ha estado sobrevolando un megraproyecto que intentaba asentarse sobre barro. El tan popular Venom sería el protagonista de esta complicada misión, pero para ello no contaría con la ayuda de Spider-Man, ni de su tono tan violento y descarnado de los cómics. Sony quería encontrar su propia fórmula del éxito, pero al mismo tiempo imitar lo que le ha funcionado a la competencia. La película de Ruben Fleischer es el ejemplo perfecto de una mala planificación, de una producción que de no saber hacia dónde quiere ir, se queda a medio camino.

Estos últimos días antes del estreno ciertas declaraciones del reparto hicieron saltar todas las alarmas. Primero fue Tom Hardy quien echó abajo toda la campaña de promoción asegurando que su parte favorita de la película son los 40 minutos descartados del montaje final. Posteriormente Michelle Williams confesaba que solo había decidido participar en la producción porque en ella estaba Hardy, y porque el estudio pagaba bien. ¿Qué tipo de tensiones se han estado generando internamente para que suceda algo así? La explicación puede encontrarse poniendo la vista sobre la premisa de la que parte la cinta, y analizando la meta a la que pretende llegar.

Esta crítica NO contiene spoilers

“Venom” es un producto ambicioso que no termina de culminar en ninguno de los sentidos. El esfuerzo de Fleischer por construir, con habilidad artesana, una historia del simbionte en la que no se dependiera del Trepamuros, queda malgastado por algunas decisiones bastante incomprensibles. Sí, es cierto que los toques de cómics como “Protector Letal” o “Planeta de Simbiontes”, dan origen a un nuevo Eddie Brock que desprende carisma en pantalla, pero todo lo que acompaña al personaje es un absoluto desastre. Empezando por el villano, y terminando en un guion lleno de agujeros y soluciones manidas que recuerdan más al cine de superhéroes de hace dos décadas, que al nuevo lenguaje impuesto en los últimos años. Algo que no se entiende en una película con unos objetivos tan ambiciosos.

Vuelve el maniqueísmo sobaquero del protagonista mundano convertido en héroe que debe salvar el día frente a un villano malvado con ínfulas de dios. La interpretación de Riz Ahmed es correcta, pero el papel es plano y cuadriculado. No hay profundidad, sus acciones son predecibles desde los primeros 10 minutos, y su evolución a lo largo de la trama es torticera. Pero quizás el mayor problema del presidente de la Fundación Life, es que tiene que competir con otros dos villanos a los que Fleischer sí ha dado más volumen: Riot, y el propio Venom. Incluso sus propios secuaces dejan más poso que él.

El problema de la evolución de los personajes no se queda en Ahmed, es una mancha que salpica a todos y cada uno de los actores del reparto, con la única excepción del propio Hardy. Se entienden todos los recursos que emplea la película en aportar profundidad a la personalidad de Eddie Brock, pero en el proceso el equipo parece haberse olvidado del resto. Un fallo que se hace más sangrante todavía cuando una actriz como Michelle Williams es recompensada con una mujer florero. El papel de Anne Weying prometía ser el puntal de apoyo emocional para Eddie, pero termina figurando como una noventera “chica de” que se deja llevar por la corriente. La norma solo se rompe en una escena concreta del metraje, casualmente sus mejores segundos en la película.

Ahora bien, Tom Hardy opaca a todos los demás con una actuación tan extraña como exquisita. No era sencillo meterse en la piel de alguien con dos personalidades -aunque una de ellas no sea estrictamente suya-, pero el talento del actor vuelve a salir una vez más a la luz. El tono predominantemente oscuro y dramático de la historia contrasta con un Eddie alegre y burlón, que se encuentra a caballo entre lo chulesco, y lo payaso. Los gestos, las reacciones, y el rango tonal de su voz construyen a un protagonista con el que es fácil empatizar.

Hasta ahí los aciertos de Fleischer. Cuando Hardy comienza a discurrir por la trama, las incongruencias y los momentos ridículos convierten a “Venom” en una experiencia confusa. Con ciertas secciones divertidas, sí, pero con un poso final que no termina de definir el cuadro final al que quería llegar el director. Los deus ex machina se van entrelazando con unos diálogos absurdos y llenos de chascarrillos, que no hacen otra cosa sino entorpecer el desarrollo de la historia.

El guion es deficiente, y el ritmo muy irregular. Tampoco ayuda un montaje carente de transiciones, que no sabe viajar de escenas cómicas a secuencias de acción, o a momentos dramáticos, de manera natural. Los cortes entre localizaciones suelen ser habituales en toda película, pero aquí aparecen incluso para narrar la vida de Eddie. Más que seguir a un personaje, parece que Fleischer solo quiere pasar chapoteando por encima para llegar al verdadero punto interesante de la historia; la transformación de Hardy. El problema es que al director le cuesta casi 40 minutos llegar hasta ahí, y cuando lo consigue no sabe sacarle partido. “Venom” tiene introducción -demasiado larga-, un nudo fugaz, y un desenlace atropellado y previsible.

 

¿Entonces no tiene nada positivo la película? Dejando de lado la interpretación de Hardy, los tan cuestionados efectos especiales funcionan mucho mejor de lo que cabría esperar. Sony sabía que llevar a pantalla al simbionte implicaba apostar fuerte por los VFX, y para desgracia de los cinéfilos más clásicos, el estudio acierta. La recreación de los simbiontes, y del propio Veneno están muy bien logradas, y sus interacciones con los elementos reales del entorno no rompen, como ocurre en muchas ocasiones, la inmersión del conjunto. Cierto es, que el estudio se vale de abundantes escenas nocturnas -todas las secuencias de acción lo son- para disimular posibles carencias, pero lo que en cualquier otra cinta sería criticable, aquí encaja con la idiosincrasia del personaje.

Al final nos encontramos con un resultado muy irregular, una película que no sabe qué quiere ser ni hacia dónde ir. Mientras Sony apunta hacia la taquilla con una propuesta muy conservadora, Fleischer lucha por romper estereotipos introduciendo ideas atrevidas. El PG-13 termina decantando la balanza hacia el lado del estudio, y la consecuencia final es una cinta que se queda en una mediocridad situada a kilómetos de lo que se esperaba de ella. ¿Es tan mala como “Catwoman”? No, pero es desilusionante ver cómo un personaje con tanto potencial como este es desaprovechado de una manera tan lacerante. “Venom” lucha, incluso divierte a ratos, pero no consigue la simbiosis.


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