Netflix tiene un olfato especial para desenterrar casos que la historia oficial preferiría tener olvidados. Su última apuesta en true crime se llama 'El asesinato de Rachel Nickell', y si no conoces la historia, prepárate: porque esto no va solo de un crimen brutal. Va de cómo la policía británica arruinó una investigación de cabo a rabo, dejó libre a un asesino durante más de una década y casi destruyó la vida de un inocente por el camino.
El caso lleva décadas siendo estudiado en academias de criminología del Reino Unido. No como ejemplo de buena práctica, sino exactamente como lo contrario.
El 15 de julio de 1992, Rachel Nickell tenía 23 años y estaba dando un paseo por Wimbledon Common, un parque enorme al suroeste de Londres. Llevaba consigo a su hijo de dos años. Alguien la atacó y la mató a plena luz del día, delante del niño.
Lo que vino después fue un desastre en cámara lenta. La Policía Metropolitana, aplastada por la presión mediática y la necesidad de dar una respuesta rápida, puso todos sus focos sobre Colin Stagg, un vecino de la zona que encajaba con un perfil psicológico. El problema era que no había pruebas reales contra él. Ninguna.
La solución que encontraron fue tan desesperada como escandalosa: una agente encubierta se hizo pasar por una mujer interesada sentimentalmente en Stagg y mantuvo meses de conversaciones con él intentando arrancarle una confesión. Cuando el caso llegó a juicio, un juez tiró las pruebas obtenidas a la basura y exoneró a Stagg completamente. El verdadero asesino seguía suelto.
No fue hasta comienzos de los 2000 cuando el ADN señaló a Robert Napper, un hombre con un largo historial de violencia sexual que ya estaba entre rejas por otros delitos. En 2008, dieciséis años después del crimen, Napper confesó. Dieciséis años en los que la familia de Rachel no tuvo justicia y en los que Colin Stagg tuvo que vivir con la sombra de una acusación que nunca debió existir.

La nueva producción de Netflix no se limita a contar el asesinato. Lo que realmente interesa aquí es la disección de todos esos fallos encadenados: la presión mediática que distorsionó la investigación, las decisiones tomadas con el piloto automático puesto y lo que ocurre cuando el sistema antepone cerrar un caso a encontrar la verdad.
Con testimonios directos, archivo real y una reconstrucción sin concesiones, 'El asesinato de Rachel Nickell' apunta a ser uno de los true crime más incómodos y necesarios que ha estrenado Netflix en mucho tiempo. Y por cierto, tienes la miniserie 'El testigo' que narra esto desde el punto de vista de la ficción, estrenada al mismo tiempo en la plaraforma.
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