Crítica de Narcos: Mexico, el dulce regreso del capo

Uno de los buques insignia de Netflix vuelve a demostrar su buen hacer

Crítica de Narcos: Mexico, el dulce regreso del capo
 

“Narcos” es una de esas series que consiguió atraparme, no solo por tener una buena historia, sino sobre todo por una buena ejecución. La trama, desde la primera a la tercera temporada, es un juego del gato y el ratón que no tiene fin. Un narcotraficante va ganando poder mientras los agentes de la ley luchan contra la corrupción dentro de los organismos y contra los capos de la droga para poder desbancar a la organización en cuestión; sin embargo, el éxito siempre es relativo y la caída de un cártel significa el auge de un nuevo narcotraficante, que de nuevo adquiere poder y provoca que la ley vaya tras él.

Si bien la primera temporada estaba más enfocada a hablarnos de Pablo Escobar y su ascenso hasta convertirse en uno de los magnates mundiales del tráfico de drogas, tanto la segunda como la tercera adoptan un planteamiento de persecuciones y juegos entre dos bandos enfrentados. Y aunque desde Netflix han publicitado “Narcos: Mexico” como un spin-off, lo cierto es que el cambio respecto al esquema seguido por las dos últimas temporadas de la serie original -que tan buen resultado ha dado- es mínimo.

Esta crítica no contiene spoilers.

Lo primero que llama la atención en “Narcos: Mexico” es lo continuista de su propuesta. Como bien os adelantábamos en los primeros párrafos, esta nueva apuesta es más una cuarta temporada de “Narcos” que un reinicio como tal. Sí, el escenario cambia radicalmente, y los personajes en su mayoría también; pero la estructura de la serie, el ritmo y los recursos que utiliza para contarnos la historia, adelantarnos ciertos acontecimientos y darnos detalles de sus personajes, son exactamente iguales.

Toda la serie está fuertemente marcada por un estilo documental, con algunos breves flashforwards el destino de ciertos personajes, y con un narrador que sale a relucir en momentos puntuales para explicar más a fondo y dar detalles sobre lo que ocurre en pantalla. Todo ello llega con esa facilidad de la que la saga tanto ha hecho gala en el pasado para crear tensión intercalando varias historias paralelas. Un tejido narrativo que incluye los problemas de protocolo de la DEA para actuar en territorio mexicano, y el imparable avance de la droga. La ejecución de la serie vuelve a ser sobresaliente en prácticamente todos los aspectos.

 

De nuevo, como ya ocurría con la serie original, “Narcos: Mexico” es capaz de no caer en la repetición incluso cuando recala en la reiteración. La serie de Netflix vuelve a empezar desde cero, con un nuevo narcotraficante que a través de la producción y venta de marihuana, pasa de ser un simple delincuente de poca monta a uno de los magnates de la droga a nivel mundial. Ya hemos vivido esto, ya hemos visto a gobiernos corrompidos por el dinero de la droga y ya hemos visto a agentes de la DEA sacrificarlo todo para dar caza a narcotraficantes. Pero aún así, este spin-off sigue resultando fresco y sorprendente desde su comienzo.

Buena parte de la culpa de este hecho la tienen los nuevos personajes, que sí son capaces de marcar una diferencia respecto a lo que se veía en las temporadas anteriores la serie principal. Frente a los antagonistas de la serie original, “Narcos: Mexico” nos presenta a Felix Gallardo (Diego Luna), un personaje mucho más calculador y frío, pero que igualmente busca unir a los diferentes cabecillas de organizaciones criminales mexicanas de poca monta a la sombra de los Estados Unidos. Junto a esto, destaca el buen papel de Michael Peña en la piel de Kiki Camarena, el agente de la DEA que se opone a Gallardo.

Estos dos principales protagonistas son capaces de resultar carismáticos y de tener historias separadas que funcionan a la perfección tanto a nivel de argumento como de ritmo a pesar su aislamiento. Ninguna de las aventuras y desventuras que viven Gallardo y Camarena se sienten de relleno, ni buscan alargar artificialmente la temporada. Ambos personajes podrían mantener a flote fácilmente una serie separada. Pero no es el caso, y estas dos historias se unen en un hilo narrativo conjunto que hace de esta aventura algo realmente divertido de ver, y que atrapa desde el primer minuto.

Tal vez, uno de los pocos peros que le podamos poner a “Narcos: Mexico” sea el de dar un importante paso atrás en materia de importancia para los papeles femeninos. Si bien en la primera temporada de la serie original nos encontrábamos con un puñado de mujeres que no eran mucho más que “la mujer de” o “la madre de”, las temporadas posteriores lo solventaban y nos introducían muy buenos personajes femeninos. Pero este aparente reinicio vuelve al punto de partida y nos deja con una temporada en la que las mujeres pasan a un plano muy secundario. Se echa de menos a un personaje femenino capaz de resaltar por encima del papel mundano y mediocre de las familias de los principales protagonistas masculinos.

Al final nos quedamos con la sensación de que “Narcos: Mexico” podría haber sido promocionado como la cuarta temporada de la serie principal. Netflix ha sabido moverse con precisión para atraer a nuevos fans que no necesitarán de las temporadas anteriores para comprender lo que aquí se cuenta. Pese a las pocas innovaciones respecto a lo ya visto, la ejecución del spin-off vuelve a ser sobresaliente; es capaz de ofrecer una sucesión de capítulos en los que la ausencia de novedades no pasa factura, en donde la sorpresa y el frescor siguen a la orden del día.

Unos personajes convincentes, una historia muy bien contada y un ritmo perfecto que hace que los capítulos de una hora se pasen volando, son los pilares de una producción que sigue reclamando un puesto dorado en el catálogo de la plataforma. Sin grandes aspavientos pero con una efectividad total, el capo de la droga está de vuelta.


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