Crítica de La amiga estupenda: Un retrato inquietante del amor-odio

Dos niñas forjan una relación mágica y perturbadora en la Nápoles de los años 50

Crítica de La amiga estupenda: Un retrato inquietante del amor-odio
 

Cuando se junta todo el talento posible de un mismo país, para dar vida en la pantalla a una de las sagas literarias más exitosas de todos los tiempos, el resultado no puede ser más que alentador. HBO está haciendo una gran apuesta por las producciones europeas, y cuando se le presentó la oportunidad de meter mano en lo que estaba preparando la RAI italiana no pudo decir que no. A través de una producción que poco tiene que envidiar a los Vengadores de Marvel, los estadounidense arriman hombro con los italianos para recrear el contexto de “La amiga estupenda”, una tetralogía ambientada en la Nápoles de los años 50, que explora la amistad entre dos mujeres desde un punto de vista intimista e inquietante.

Elena Ferrante no es un nombre tan prestigioso como J.K. Rowling, pero en los últimos años ha logrado crear una burbuja de misterio que recuerda a las mil identidades de la escritora británica.  Con más de 10 millones de ejemplares vendidos, no resulta tan extraño que para el proyecto HBO se haya hecho con un aparato logístico nunca antes visto para una serie de televisión, y con nombres de cineastas italianos reconocidos a nivel internacional. Saverio Costanzo, tras brillar con trabajos patrios como “La soledad de los números primos”, y poner pie en Hollywood con “Hungry Games”, se atreve con este proyecto del que se esperan cuatro temporadas de ocho episodios cada una de ellas. Todo para seguir al pie de la letra las líneas que Ferrante empleó para relatar la vida de Elena Greco, “Lenù” y Rafaella Cerullo, “Lila”.

Cuando se pone en marcha una adaptación, en este caso de una saga literaria, siempre surge la misma pregunta: “¿Hasta qué punto ser literal con el material?”. Durante los últimos años se han visto ejemplos en cada uno de los extremos, y en cada caso siempre con un resultado distinto. La amiga estupenda comparte algunos de los problemas de la adaptaciones calcadas, coartando la libertad de dos grandes guionistas como son Francesco Piccolo (“Habemus papam”) y Laura Paolucci (“Gomorra”). Sin embargo, al mismo tiempo HBO consigue con esto dar vida una serie de ritmo lento, que cocina poco a poco lo que será un clímax sobrecogedor.

A pesar de que HBO se ha estado vanagloriando durante las últimas semanas del increíble estudio que había construido para viajar al pasado de la ciudad italiana –un set de 215 kilómetros cuadrados, 150 actores, y 5.000 extras-, el comienzo de la historia necesita un marco narrativo. “La amiga estupenda” da inicio en la actualidad, cuando una Elena, ya de edad avanzada, recibe la llamada del hijo de su amiga. Lila ha desaparecido cansada de su vida, y no sabemos por qué. ¿Quién es esta mujer? ¿Cómo es? Es en esa tarea en la que se enfanga Costanzo utilizando a Lenù como narradora omnisciente de su propio pasado. La serie opta por esta reconstrucción narrativa que según vayan pasando las temporadas, completará el círculo. Lo interesante de ese viaje es desde dónde comienza el director a trazar la línea.

La perfecta Lila llega a la vida de Elena como una tormenta arrolladora de ingenio pero también de maldad.

Elisa Del Genio y Ludovica Nasti son las responsable de dar vida a Elena y Lila durante su infancia, y el trabajo que cierran es simplemente soberbio. No es común ver a dos niñas cargando con todo el peso de una historia por sí solas, pero las dos jóvenes italianas parecen fusionarse con los personajes para tatuar en pantalla la química que la pareja forja en las páginas de la novela. Esta no es una amistad normal y corriente, es el encuentro de dos fuerzas poderosas atadas por la clase social y un modelo de familia tradicional. “La amiga estupenda” está fuertemente marcada por su contexto histórico; de él adquiere el ritmo pausado de la vida de entonces, y unas personalidades y formas de ver el mundo que rozan lo naif. Algo que por supuesto aprovecha el director para crear un espacio de intimidad, en medio de un vecindario familiar donde la soledad es una quimera.

La abundancia de planos cortos, secuencias sin diálogos, y movimientos de cámara sugerentes crean de esta serie una historia delicada y sutil que a ratos recuerda al lenguaje de telenovela, y a otros al drama más oscuro del séptimo arte.  Y es que detrás de las miradas sostenidas que se cruzan Elena y Lila hay respecto, curiosidad, pero también algo turbio. Escena a escena de los dos primeros episodios con los que estoy escribiendo esto,  se va tejiendo un suspense inquietante del que los lectores ya conocen el desenlace. Es ese choque entre la alegría propia de la juventud y la desidia de dos personajes atados por su condición social, la que convierte a “La amiga estupenda” en una experiencia absorbente. Ahora bien, la apuesta a tan largo plazo es arriesgada, y HBO juega con una audiencia que podría cansarse mucho antes de que comience el verdadero espectáculo.

La serie se permite cosas como dedicar más de media hora a una excursión de las protagonistas casi sensorial.

Proyectar cuatro temporadas antes siquiera de comenzar la producción es temeroso, y más si hablamos de cortes en los que se producirá cambios de reparto –para mostrar el paso del tiempo en las protagonistas-, e inevitablemente de reparto. La religiosa fidelidad que Costanzo mantiene con las novelas permite parir una historia profunda y llena de matices, que al mismo tiempo no puede escapar de la saturación. Durante las primeras horas se agolpan, personajes secundarios de lo que probablemente nos olvidaremos rápidamente, y momentos de introspección de Elena, que aunque ayudan a dibujarla psicológicamente, entorpecen en repetidas ocasiones el ya de por sí lento ritmo de los primeros compases.

Invertir en una gran historia requiere de paciencia y muchos recursos que la televisión no suele proporcionar. “La amiga estupenda” nace amparada por dos compañías comprometidas con las novelas, y por la propia Ferrante, quien controla todo el proceso de producción y aporta sus correcciones al guion. Con solo dos episodios a las espaldas es complicado saber si de aquí saldrá la próxima serie europea de referencia, pero por el momento todo huele a que estamos ante algo realmente único. Subirse al tren ya es decisión de cada uno, pero al igual que la amistad de Elena y Lila, todo es cuestión de probar suerte, acertar, errar. En definitiva, vivir.

El primer episodio ya está disponible en HBO, y el segundo se estrenará el próximo 20 de noviembre.


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