Análisis Minit

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De un tiempo a esta parte la industria del videojuego ha ido creciendo, demostrando su madurez no a base de debates acerca de si el medio es arte o de cuál es la finalidad de una obra, sino a base de auténticos ejemplos de madurez, de golpes sobre la mesa que demuestran que, en efecto, aún nos queda mucho por avanzar, pero estamos comenzando a vislumbrar la capacidad del videojuego. Frente a las grandes superproducciones AAA, los mejores ejemplos de madurez en la industria, irónicamente, los han aportado obras independientes que han sido capaces de diversificar el sector, de aportar algo nuevo y demostrar que, frente al conservadurismo de los grandes estudios, hay auténticos movimientos de revolución escondidos en pequeñas oficinas de todo el mundo. Y precisamente Minit, el videojuego del que hoy nos toca hablaros, es uno de ellos.

Ha sido el estudio holandés Vlambeer, que ya enamoraba al público con el genial Nuclear Throne, el encargado de gestar en su seno Minit. Con apenas 4 personas tras su desarrollo, las ideas que guían Minit son espectaculares desde su misma concepción, proponiendo una forma diferente de entender el videojuego. Al igual que hace unos 100 años que el gran Albert Einstein interpretaba las ecuaciones de la relatividad para darle un significado completamente nuevo a la cuarta dimensión, el tiempo, Minit es capaz de jugar con sus propuestas para dotar a la dimensión temporal del valor que merece en el videojuego. ¿Queréis saber más? Pues acompañadnos en nuestro análisis de Minit para descubrir qué tiene que ofrecernos esta nueva obra de Vlambeer.

“Lo importante es no dejar de hacerse preguntas” – Einstein

Muchas preguntas es precisamente lo que en Vlambeer debieron haberse hecho a la hora de concebir su nueva obra. Minit es un juego rompedor, que le da la vuelta a la tortilla y presenta una concepción poco usual del videojuego. Pero lo cierto es que, si analizamos fríamente sus premisas, nos damos de bruces con que el juego ni siquiera busca innovar en sus mecánicas. Minit nos propone un mundo abierto que debemos explorar y que se abre a medida que adquirimos diferentes habilidades como talar árboles, cruzar masas de agua o empujar cajas. Como si de una obra clásica de The Legend of Zelda se tratase, iremos armados con nuestra espada y tendremos que recorrer e investigar el mapa para resolver determinados puzles. ¿Innovación aquí? Ninguna.

En este aspecto lo único que Minit hace es diferenciarse de forma radical de la tendencia dentro del triple A de llenar los mundos con muchas cosas que hacer, muchas mecánicas que usar y muchos botones que pulsar. Frente a esto, Vlambeer se ha radicalizado en el extremo opuesto y ha puesto sobre la mesa una obra totalmente minimalista en la que el verbo cobra más fuerza que nunca. Solo podemos hacer una cosa a la vez; o corremos, o atacamos, o regamos, o talamos árboles, pero nunca juntos ni revueltos. Y, aunque pueda parecer pura sencillez, este hecho hace del videojuego algo más complejo; cada mecánica tiene que estar medida al milímetro, tener un objetivo concreto y unas reglas bien definidas que eviten confusiones en el jugador. Un enorme ejercicio de diseño que, sorprendentemente, no es el único ni el mayor de los que en Vlambeer se han propuesto con Minit.

Como ya os adelantábamos en la introducción, la auténtica magia de Minit reside, no en sus mecánicas al uso, sino en la manera en la que se ha tratado al tiempo para acabar convirtiéndolo en una mecánica per se. A través de Minit tendremos que recorrer un mapa, resolver puzles y pegarnos con algún que otro monstruo, pero todo ello en 60 segundos. Cada una de nuestras vidas dura, como máximo, un minuto. Ese es el tiempo que tenemos para investigar, hablar con personajes, recorrer el mapa y tratar de resolver cuantos misterios se crucen ante nosotros. Así, con una demostración de originalidad y de fuerza a nivel de diseño, el tiempo se convierte, de repente, en una mecánica más.

Y lo cierto es que el tiempo como mecánica funciona a la perfección. Consigue dar una sensación de urgencia, ofrecer retos relacionados con el propio aparato temporal e incluir estrictas reglas que limitan tremendamente la acción del jugador (en el buen sentido, pues sirven de guía a través de todo lo que Minit propone). Pero algo aún más llamativo que el propio tiempo es la forma en la que este, al igual que el resto de mecánicas, está conectado al mundo del videojuego. Toda la obra ha sido creada con la limitación de los 60 segundos en mente y eso implica un esfuerzo de diseño simplemente brutal. El jugador tiene que poder alcanzar cualquier lugar del mapa, encontrar cualquier tesoro y resolver cualquier puzle; pero no solo eso, sino que debe poder hacerlo en menos de un minuto. Vlambeer ha puesto aquí toda la carne en el asador y han demostrado que, aunque se trata de un estudio pequeño, cerebro y calidad a nivel de diseño de videojuegos les sobra. ¡Un auténtico golpe sobre la mesa en la industria del videojuego!

“Si nunca has fallado es porque nunca has intentado nada nuevo” – Einstein

Ya lo decía el gran Einstein, y es que todos cometemos errores, y más si es la primera vez que nos aventuramos a hacer algo. Y Minit no es una excepción. Vlambeer ha sabido dar un duro golpe sobre la mesa con su nueva obra para, por un lado, distanciarse de los triple A apostando por el reduccionismo más radical en mecánicas y, por otro lado, incluir una de las mecánicas más revolucionarias, el propio tiempo. Pero esto conlleva sus riesgos y Minit no es un videojuego perfecto ni mucho menos.




Es cierto que se trata de una obra que, más allá de su valor e importancia a nivel de diseño de videojuegos, es capaz de divertir al jugador (cosa que no siempre va de la mano), y eso ya hace de Minit un videojuego recomendable. Sin embargo, se trata de un videojuego que parece más enfocado a la gente interesada por el diseño de videojuegos que al jugador clásico como tal. Es cierto que podemos divertirnos y, sin duda alguna, las novedades de la obra conseguirán lo hagamos. Pero es que Minit apenas dura una hora y media y nos deja con un sabor de boca agridulce. Nos deja esperando más y con una sensación de que hemos pagado por un mero prototipo.

Y es que Minit se siente completamente como un mero prototipo. No porque tenga bugs o no esté pulido (cosa que no ocurre), sino porque parece más una demo creada para sorprender con su magistral uso del tiempo y su minimalismo jugable que un videojuego al uso cuya finalidad es la de explotar sus bondades para uno u otro fin. En consonancia, el apartado narrativo resulta prácticamente anecdótico y sirve de excusa peregrina para ponernos en marcha más que como un intento de contar algo. Es por ello que, al acabar Minit, la sensación es peor de lo que debería teniendo en cuenta la calidad del producto ante el que estamos. Y eso es algo que la industria de hoy en día no perdona.

“Si no puedes explicar algo de forma sencilla, es que ni tú mismo lo has entendido lo suficiente” – Einstein

Esto es lo que debieron haber pensado desde Vlambeer a la hora de crear Minit, y es que todo el videojuego ha sido construido con la idea de ser simple para poder entregar el mensaje deseado, que en esta ocasión es un grito a la revolución en la jugabilidad. El apartado técnico de la obra sigue la misma filosofía y se echa a un lado para dejar paso al resto. Pero no por ello sacrifica un apartado visual que es, cuando menos, peculiar. Todo el videojuego cuenta con un pixel art poco detallado y creado exclusivamente en blanco y negro, sin más colores ni tonalidades intermedias. Pese a esta simpleza, el apartado visual consigue resultar agradable y, lo más importante y difícil de lograr, consigue que los diferentes objetos se diferencien con claridad.

Cabe destacar que, a pesar de no contar con demasiadas líneas de diálogos, sí que resultan importantes como pistas para determinados puzles y es un gran detalle que toda la obra se encuentre perfectamente traducida al castellano. No solo esto, sino que la traducción es muy buena, resulta adecuada y respeta los chistes originales. Y precisamente estos chistes tienen su importancia en la obra, no porque resulten vitales para disfrutarla o jugarla, sino porque son parte de la esencia de Minit, un videojuego que cuenta con un humor irónico, socarrón y más inteligente de lo que pueda parecer a priori.

“La línea que divide pasado, presente y futuro es solo una ilusión” – Einstein

Minit es un videojuego, como poco, atípico. Frente al aparente inmovilismo de la industria AAA, Vlambeer ha blandido con valentía un sable de revolución que el panorama independiente lleva mostrando durante unos cuantos años ya. Minit es una obra que no tiene temor alguno a ser diferente, no tiene temor a hacer las cosas mal si la causa es arriesgar y que, sobre todo, no tiene temor a ir un paso más allá que cualquier otro para ofrecer algo nuevo. Con unas premisas relativamente simples y un minimalismo casi atroz, Vlambeer ha sabido dar un golpe en la mesa con una obra que maneja el tiempo como si fuera una mecánica más, que rompe la mayoría de normas establecidas para mostrarnos que aún queda mucho por descubrir en esta industria.

Es cierto que, valorándolo como videojuego (que es lo que debemos hacer), Minit no es perfecto ni mucho menos. Su narrativa, pese al genial humor irónico del que hace gala, deja mucho que desear y su duración apenas supera la hora y media, dejando ambos un sabor de boca agridulce que no hace justicia a la obra que acabamos de disfrutar. Y es que Vlambeer ha creado más un prototipo que demuestra el potencial del tiempo como mecánica que un videojuego que lo explote como tal. Pero, aún con esas, Minit es capaz de resultar fresco, original e incluso divertido durante los escasos minutos que dura.




¿Es una obra maestra? Desde luego que no. ¿Lo recomendaría a todo el mundo? Pues lo cierto es que tampoco. Minit es un videojuego que no sirve a los fines usuales de un producto de la industria, sino que más bien es una invitación a todos sus jugadores para cambiar algo. La obra de Vlambeer es uno de esos títulos que, a mi parecer, deberían estar en cualquier curso de diseño de videojuegos que se precie; no por ser excesivamente bueno, sino por ser autoconsciente, ofrecer todo lo que ofrece en apenas 90 minutos y ser capaz de enseñar. A pesar de no ser de lo mejor del año como producto completo, está claro que es una de las lecciones más importantes que nos deja la industria del videojuego en 2018 y algo que, para quien lo juegue, no será fácil de olvidar.


Positivo

  • Originalidad que desborda en su interpretación del tiempo como mecánica
  • Brutal ejercicio de diseño de videojuegos
  • Resulta divertido a la hora de jugar
  • Genial toque de humor irónico
  • Visualmente agradable

Negativo

  • Narrativa prácticamente anecdótica
  • Duración muy escasa
8

Muy bueno

Política de puntuación

Víctor Rodríguez
Videojuerguista desde siempre. Fan incondicional de Fallout y Star Wars y amante del RPG viejuno. Hablo de videojuegos, cine, series o lo que me dejen. Ah, y me gustan los números.