ONE, Gege Akutami, Koyoharu Gotouge… muchos de los nombres más importantes del manga no son reales. Y lo más sorprendente es que no se trata solo de una cuestión de privacidad: hay una razón mucho más profunda detrás de esta decisión.
Ha sido Kamome Shirahama, la autora de "Witch Hat Atelier" (con su anime ahora en emisión) quien ha hablado acerca de por qué el anonimato se valora tanto en la industria del manga. Y lo cierto es que su reflexión vale mucho la pena:
"Los artistas japoneses de la industria del manga trabajan en un entorno bastante especial. Muchos creadores no usan sus nombres reales, y creo que eso ha permitido que muchas mujeres sean verdaderamente activas."
Lo que señala Shirahama-sensei es totalmente cierto, pues a pesar de que hay autores masculinos que usan apodos, es bastante más común entre autoras femeninas. Y la autora cree tener la explicación clave de ello:
"Cierto grado de anonimato hace que sea más fácil expresar abiertamente lo que siente uno mismo, incluyendo emociones profundas o gritos que se hacen desde el propio corazón. Esa puede ser la razón por la que hay tantas mujeres que son mangakas a día de hoy, y también explicaría por qué cada vez hay más."
Y aquí está la clave: el anonimato no solo protege, también libera. Una función clave del mismo es que sirve para blindar a la persona y que esta pueda plasmar en sus trabajos aquellas emociones que, por lo general, prefieren no compartirse de manera pública. Al fin y al cabo, un manga puede ser un trabajo genuinamente íntimo.
Más allá de la reflexión de Kamome Shirahama, considero que también hay que valorar el hecho de que no todo el mundo sabe o quiere lidiar con la fama. Al fin y al cabo, situaciones como que se haga difícil ir por la calle en público son obvias consecuencias del éxito, pero también una limitación personal muy notable.
Un caso bastante notorio de esto mismo fue el de Akira Toriyama. Cuando el creador de "Dragon Ball" empezó a ser una personalidad extremadamente conocida en Japón, este empezó a recluirse cada vez más, hasta el punto de que era genuinamente difícil poder verle en público.
La lectura de Shirahama-sensei también tiene cabida aquí: es posible que una autora no quiera que la gente la reconozca por esos sentimientos tan crudos que ha compartido a través de su obra. Temas de amor, de venganza, de dolor, de perdón... el manga puede ser una catarsis personal que el autor tiene todo el derecho del mundo a retener como propia.
Al final, el anonimato no es una barrera, sino una herramienta que los mangakas deben tener libertad absoluta para poder utilizar a su antojo. Y es que en una industria donde las emociones lo son todo, poder expresarlas sin filtros puede marcar la diferencia entre una obra más… o una que lo cambie todo.
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