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Crítica de Noche de Bodas: Delirios de autoconsciencia

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Crítica de Noche de Bodas: Delirios de autoconsciencia

El género del slasher se inspecciona a sí mismo a través de la ironía y la comedia negra

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  • Fecha de estreno: 11/10/2019
  • Duración: 96 minutos
  • Pais: EE.UU.
  • Género: Terror
  • Productora: Vinson Films
  • Distribuidora: 20th Century Fox
  • Director: Tyler Gillett, Matt Bettinelli-Olpin
  • Guionista: Guy Busick, Ryan Murphy

Cada cierto tiempo, en las salas aparecen películas juguetonas que se parodian a sí mismas. Estos irónicos filmes autoconscientes sirven no solo como una divertida vía de escape a ese cine encorsetado en sus propias fórmulas, sino que además ejercen como una revisión profunda de ciertos géneros. “Noche de Bodas” se sitúa orgullosamente en ese irreverente espacio.

La cinta de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet se instala en el género del terror y el slasher, sin duda uno de los más fáciles y llamativos para diseccionar. Y así, asentadas las bases, comienza a destripar todas y cada una de las herramientas clásicas que suelen envolver a este tipo de películas: una gran mansión, una sala llena de armas y trofeos de caza, iluminación a base de velas y candelabros, una novia con su vestido blanco impoluto, una familia de psicópatas, rituales satánicos y sangre, mucha sangre.

Indomable Samara Weaving

Una serie de elementos con los que jugaría cualquier novato que pretenda contar una historia sacada del Cluedo, con la diferencia de que en esta ocasión sus directores no son nuevos y saben perfectamente lo que buscan. “Noche de Bodas” es un gran cliché revisionista que no pretende otra cosa que divertirse retorciendo su propia estructura. Un cuento de terror sobre una mujer que se ve obligada a sumergirse en los sinsentidos de la locura para salvar su vida.

Es ahí donde aparece ella. Samara Weaving se hizo un hueco destacado en la industria de la comedia negra en la película de Netflix The Babysister”. Y ahora, gracias a su arrolladora Grace, se afianza como una de las actrices del género. Weaving se ve obligada a pasar por todos los estados de ánimo posible: los nervios y la felicidad de su boda, el aburrimiento ocasionado por un juego que no entiende, el terror al ver en riesgo su vida, el orgullo y el coraje a los que se ve obligada a recurrir para salvarse a sí misma. Una interpretación excepcional y una extraordinaria evolución de un personaje a priori frágil que se superpone a los constantes disparos, cuchilladas y flechazos de los asesinos para demostrar que puede valerse por sí misma.

Justo al otro lado se encuentra el resto del elenco, la familia Le Domas. Una familia construida de forma absolutamente canónia donde cada miembro está más loco que el anterior. Los directores vuelven a jugar aquí con los arquetipos clásicos del género para dotar a cada personaje de idiosincrasias muy propias. Una suegra drogadicta, un hermano que pretende ser distante a los demás, una madre dulce, un padre convencido de sus tradiciones, una siniestra y maléfica tía… Las exageradas interpretaciones de cada uno de ellos se convierten en las piezas de un puzzle que se compone a sí mismo sin que el espectador sea consciente.

Correctamente incorrecta

Enseñando sus costuras sin ningún pudor, la película camina constantemente sobre un delgado alambre que separa la autoconsciente comedia negra de la seriedad. Aún así, el filme no es ni mucho menos perfecto. Hay momentos en los que cae en su propia trampa y sobrevuela ese lado menos satírico tratando de imprimir, con bastante torpeza, un formalismo que no beneficia en absoluto al conjunto.

Pese a todo, el alto ritmo general no se ve especialmente damnificado por esos tropiezos. Tras un inicio algo lento, la película consigue pisar el acelerador para que en todo momento estén pasando cosas, o al menos de la sensación de que todo está a punto de torcerse aún más. Poco a poco, escena tras escena, se va generando la tensión por un éxtasis que, cuando llega al fin, sirve como guinda al divertido pastel.

En su sentido más profundo puede destacarse la brutal crítica al clasismo, a esos ricos deshumanizados que se creen mejores que el resto por el simple hecho de tener los bolsillos llenos. Una crítica que los cineastas no se molestaron en ocultar: “No es como nosotros, ella tiene alma”. Al final el origen del conflicto es ese, quién puede y quién no puede pertenecer a los podridos estratos más altos de una sociedad tremendamente elitista. Aunque para ello haya que pasar por el comatoso aro de la demencia.

Conclusión

En líneas generales, “Noche de Bodas” no deja de ser un delirante y entretenido pasatiempo, todo un mérito teniendo en cuenta que eso es todo lo que pretende. Una premisa sencilla y bien elaborada por Bettinelli-Olpin y Gillet en la que lo más destacable, y quizá lo único, es su actriz principal. Un filme que funciona lo suficientemente bien como para pasar una hora y media muy cómoda en la butaca del cine. Algo que, por otra parte, es de agradecer.


Noche de bodas

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"Noche de Bodas" supone una bocanada de aire fresco en un género tan sobreexplotado como es el slasher. De forma absolutamente autoconsciente, Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet se divierten componiendo una historia sobre el elitismo y la bajeza moral de los más pudientes. Samara Weaving se come la pantalla de una cinta que avanza firme con pequeños tropiezos sin importancia.

  • Ritmo alto
  • Samara Weaving
  • Tono irónico y desenfadado
  • No busca trascender
  • A veces se engaña a sí misma
Duración: 96 min

Política de puntuación

Redactado por:

Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la UC3M a tiempo parcial y cinéfilo a jornada completa. Spielberg me mostró el cine, Eastwood me enseñó a disfrutarlo y Scorsese me hizo amarlo.