Cuando se confirmó que Paco León estaba trabajando en una adaptación libre de El mago de Oz, mi bombilla se encendió. Disfruté muchísimo de Carmina y revienta y de Carmina y amén, y aún más de Kiki: El amor se hace, quizás por ser películas de un director cuyo principal interés es representar una sociedad real y palpable. Pero Rainbow ya está en Netflix, y tras haberla podido ver en cines esta semana, lo mejor que puede hacer Paco es esconderse unas semanas en su casa y no salir, porque si Élite es "una mierda como producto", su última cinta no lo es menos como "película de autor".
Creo que el tráiler de Rainbow está hecho para que te fascine: Netflix sabe lo que hace, y es consciente de cómo ha de vender sus productos. Ahora bien, os aseguro que en este caso, el avance es incluso un poco engañoso y poco o nada tiene que ver con su fallido resultado final.
¿Cuál es el argumento de Rainbow? Dora es una joven con un talento brillante para la música, pero tras una fuerte bronca con su padre justo el día de su cumpleaños, se marcha de casa junto a su perro y comienza un viaje en busca de su madre, a la que no ha conocido porque desapareció cuando ella era un bebé. Por el camino, hace nuevos amigos con los que se embarca en una especie de road trip rumbo a Ciudad Capital, pero también se enfrenta a peligrosos enemigos que tratan de impedir por todos los medios que descubra el misterio que entraña su pasado.
El reparto es uno de los elementos más atractivos de Rainbow: por un lado, intérpretes menos conocidos como Dora Postigo, Ayax Pedrosa y Wekaforé Jibril. Por otro lado, Carmen Maura, Carmen Machi y Luis Bermejo son los grandes veteranos. Y ojo a los cameos de Samantha Hudson, Carmina Barrios, Rossy de Palma y Ester Expósito, entre otros.

Esta última semana, Rainbow ha estado disponible en algunos cines de España, y como no aguantaba más las ganas de ver este road trip de fantasía, me embarqué en la aventura más extravagante de mi vida. Es positivo que un director como Paco León quiera transgredir las normas y acercarse a un lugar en el que se aleje de lo que conocemos de El mago de Oz, para representar a una generación volátil y con ganas de vivir.
Pero creo que a nivel narrativo, Rainbow es un completo caos. Tampoco funciona siempre en el aspecto puramente visual, combinando localizaciones que parecen sacadas de una superproducción de fantasía, con otras que se acercan más al cartón piedra visto en series de hace una década. Al menos, me quedo con este intento de Paco León por evolucionar la industria cinematográfica española hacia un nuevo territorio, aunque este experimento tenga un resultado final fallido.
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