Análisis Dragon Quest Builders

Nintendo Switch
 

Dragon Quest Builders es el título más potente de Nintendo Switch de los lanzados durante estas primeras semanas de 2018 hasta la llegada de Bayonetta 1+2 la semana que viene. Hace unos días, compartimos nuestras primeras impresiones de un título que nos atrapó desde el principio en otras plataformas como en esta versión, que gracias a su portabilidad, adquiere otra dimensión jugable; ahora es el turno de hablar sobre el videojuego en profundidad, ya que Dragon Quest Builders tiene mucho que contar, eso sí, casi nada nuevo.

Estamos ante un título que es idéntico a las primeras versiones lanzadas en consolas PlayStation, no incluye ninguna de las modalidades online que incluirá su secuela y sus novedades son escasas (solo el Dientes de Sable ayuda a explorar más rápidamente el mundo extenso del título) pero solo la portabilidad justifica su compra. Además, Square Enix habrá desarrollado este port para instalar una base de jugadores interesante que los ancle hasta el lanzamiento de la segunda parte.

Una historia que es más un pretexto para avanzar

El villano del videojuego es muy conocido, Draconarius, el señor del mal. Y como suele ocurrir con él, viene a sembrar la destrucción en el mundo eliminando el poder de construir, ese poder que recae en nuestras manos como protagonista de la historia de Dragon Quest Builders. Sobre ese poder girará parte de la trama y argumento del videojuego, puesto que iremos descubriendo poco a poco diferentes crónicas y elementos que irán revelando por qué tenemos dicho poder y cómo hemos llegado a este punto.

Como veis, el argumento no es lo más original del mundo y, es más, la trama que hay de fondo a menudo entorpece el desarrollo puesto que el avance se hace eterno con largos textos; muchas veces, la historia se va desvelando con el encargo de misiones principales bastante simples para mejorar la base, y se nos indica algún fragmento de historia principal interesante pero que no es esencial para jugar. Los diálogos, por cierto, a menudo cansan por su “infantilismo” imperante.

De todas formas, es de agradecer que en un título como este incluya un argumento que nos dirija en este macrotutorial que lo forman los cuatro episodios principales del videojuego. No deja de ser una excusa para dirigirnos a través de nuevas mecánicas que van surgiendo en cada capítulo, pero se agradece su incorporación poco a poco y no al inicio del juego.

En resumen, la historia nos irá dirigiendo a reconstruir nuestra ciudad y para ello, iremos visitando diferentes lugares destruidos con una historia detrás en la que incluso podremos divisar a fantasmas pululando por las ruinas. Nada novedoso en un juego de rol, pero recordemos, Dragon Quest Builders es un juego de construcción, y como tal, es una incorporación que casa muy bien con el aroma “Minecraft”.

¿Cómo levantamos una ciudad, querido amigo?

La respuesta a la pregunta arriba formulada es sencilla: desde el comienzo tendremos que ir construyendo diferentes objetos como una espada para hacer frente a los enemigos (al principio una porra de ciprés), recoger cubos para construir escaleras y obtener frutas y verduras para alimentarnos (hay un componente de supervivencia: si no comemos, nos moriremos). Pero en cuanto tengamos una mesa de trabajo y una cocina, todo aumenta exponencialmente.

Esas dos piezas, que se consiguen en las primeras horas (recordemos que cada capítulo es independiente y comienza de cero), nos permite variar el arma, la armadura, la decoración, las defensas y materiales de construcción… O construir otros materiales en la cocina como comida más elaborada al estilo pinchitos de setas. Todo ello para ir progresando e ir adquiriendo nuevas habilidades y actitudes que nos permitan avanzar en nuestro día a día como Constructor.




Al principio, veremos cómo construimos ciudades con bloques de barro, para pasar a la piedra e ir añadiendo murallas, defensas… Todo va surgiendo poco a poco, gracias a esa historia que hemos explicado antes, y sin estirar de nuestra habilidad. Es cierto que algunas misiones de construcción son más complicadas de otras puesto que hay que obtener las recetas antes y a menudo no sabemos qué materiales son los necesarios, pero con tiempo todo es fácilmente alcanzable por el nivel de cualquier jugador.

Las expediciones son esenciales

Una vez tengamos todo preparado (armas, armaduras, comida y provisiones de curación) nos embarcaremos en mil y una aventuras por todo el mundo, eso sí, con límites. El terreno se divide en pequeñas islas que no están interconectadas y que se accede a ellas según el capítulo en el que estemos. Esas islas son enormes, y gracias al nuevo Dientes de Sable, es más fácil recorrerlas (aunque no estará disponible desde el inicio) aunque siempre habrá que tener cuidado de no morir.

El combate se desarrolla en acción real pulsando un simple botón, aunque las armas tienes diferentes estadísticas y por lo tanto según la que tengamos en ese momento, más o menos difícil será el combate contra ese enemigo volador que vemos que se acerca, ese mazador astuto que nos golpea o ese limo que parece inofensivo pero puede darnos un golpe de gracia cuando nos quede 1 o 2 ps. Hay que tener cuidado, aunque el combate es fácil de aprender al tener que pulsar tan solo un botón.

En esas expediciones encontraremos todo el material necesario para cumplir nuestras tareas e ir incluso más allá, con nuevas recetas que salen solo con la exploración y nueva comida que nos irá facilitando la existencia. Pero una vez obtenido todo, habrá que regresar e impedir que nos maten para que no se nos caigan los nuevos objetos que hemos obtenido.

Este será nuestro día a día, ya que como en todo juego de construcción y supervivencia, tendremos mil y un asuntos a los que enfrentarnos pero también a mil y un enemigos a los que hacer frente, y no solo en forma de monstruos, sino montañas imposibles de atravesar, una noche que no nos permite divisar nada…

En total, el juego nos ofrece, además de su modo libre (el recomendable para aquellos amantes de Minecraft) un modo historia de unas 40-50 horas muy completo y que os mantendrá muy entretenidos. Además, los controles en Nintendo Switch funcionan muy bien así que no habrá ninguna diferencia respecto a otras consolas salvo algún “pero” técnico que desmenuzaremos a continuación.




Un port que en lo técnico cumple de sobra

Dragon Quest Builders ha sido perfectamente trasladado a la consola híbrida de Nintendo: las texturas, la tasa de frames y la resolución es acorde con lo que esperábamos pero lo cierto es que se podría haber ido más allá. Es un videojuego que no pide mucho, y tras varios años en el mercado, se podría haber aprovechado para añadir nuevos detalles, elementos que no estaban, texturas nuevas…

Igualmente, luce como nunca gracias a la pantalla de Nintendo Switch y en televisión tampoco hay que desmerecerlo. Viene subtitulado al español sin voces (como originalmente fue) y la banda sonora es muy Dragon Quest, tanto en lo bueno (con melodías preciosas) como en lo malo (con piezas musicales que se repiten en muchas zonas de exploración).

El paso previo a una secuela que aspira alto

Se nota que este port está hecho para atrapar a una buena base de jugadores antes del lanzamiento de la secuela, mejorada y con modalidades online muy interesantes. Aún así, lo que es el videojuego sigue siendo muy divertido, duradero y sobre todo, imprescindible para aquel amante de Minecraft y, sobre todo, de Dragon Quest. Un homenaje que nos ha gustado mucho en esta plataforma.


Positivo

  • Un port muy trabajado y que cumple de sobra
  • Una jugabilidad adictiva gracias a su estructura por misiones
  • El tener una historia que articule la campaña principal
  • El apartado artístico y la banda sonora
  • Largo pero sin aburrir (40-50 horas)

Negativo

  • Podrían haber añadido más elementos aparte del Dientes de Sable y materiales retro...
8.5

Muy bueno

Política de puntuación

David Cruz García
Amante de los videojuegos y del cine. Quizás The Legend of Zelda y Final Fantasy ocupen un lugar más alto en mi corazón que otros videojuegos, pero amo a todos los que me divierten por igual. Cine de ciencia ficción como forma de vida