Los K-Dramas y los doramas japoneses se han convertido en uno de los grandes motores del consumo de series en todo el mundo. Es increíble como dos formatos televisivos que hace unos pocos años se quedaban en Asia, ahora cruzan sus fronteras y acaparan todas las miradas en países como España y en muchas regiones de Latinoamérica. Lo que comenzó como un interés de nicho ha terminado consolidándose en plataformas como Netflix, Viki o Prime Video, donde estas series asiáticas compiten de tú a tú con producciones occidentales en cuanto a número de espectadores.
Sin embargo, aunque a menudo se agrupen bajo la misma etiqueta (series asiáticas), no son lo mismo. Y entender las diferencias entre un K-Drama y un Dorama ayuda, y mucho, a disfrutar mejor de cada género.
La principal diferencia entre ambos formatos es el país de producción: un K-Drama es una serie producida en Corea del Sur (de ahí la K, de 'Korea'), mientras que un dorama es el término japonés (derivado de 'drama') para referirse exclusivamente a las series de televisión japonesas. Ambos géneros comparten, eso sí, un apego hacia las emociones muy fuertes, de forma parecida al enfoque de las telenovelas, aunque también hay diferencias narrativas, estéticas y culturales.
Es sorprendente cómo en Occidente podemos confundir habitualmente un K-Drama con un dorama, y viceversa. Sobre todo porque poco o nada tiene que ver uno u otro: quizás el problema esté en unas plataformas de streaming que son las primeras en hacer que nos confundamos.
Una de esas principales diferencias es la duración de cada formato:
Esto se traduce en ritmos muy distintos. Los K-Dramas apuestan por una narrativa más pausada y emocional, mientras que los doramas suelen ir al grano, con historias compactas y sin apenas relleno.

Fijémonos ahora en la imagen. En términos de producción, Corea del Sur ha elevado el K-Drama a un nivel casi cinematográfico. Iluminación muy cuidada (que recuerda a los videoclips del K-pop, sin ser tan estridentes), fotografía estilizada, escenarios llamativos y una estética muy pensada para impactar visualmente, especialmente importante en estos momentos cuando vemos series a diario, tanto en la televisión como en móviles.
Japón, en cambio, tiende a una puesta en escena más sobria y cotidiana. Los doramas priorizan la naturalidad, los espacios reales y una sensación de cercanía que recuerda al teatro o al cine independiente. Menos artificio, mucha más intimidad.
Aquí es donde entra en juego la cultura.
Los K-Dramas no temen al dramatismo: romances intensos, giros emocionales, conflictos exagerados y escenas diseñadas para conmover profundamente al espectador.
En cuanto a los doramas japoneses, optan por una emocionalidad mucho más contenida. El conflicto aparece en los silencios, las miradas y las pequeñas decisiones. No buscan tanto el impacto inmediato como la reflexión y que nos sintamos identificados con situaciones reales.
Hasta ahora he hablado de diferencias, sobre todo en cuanto a formato, emociones y enfoque, pero también hay algunos elementos en común que complican que la mayoría de mortales diferencien bien un K-Drama y un Dorama:
Y es precisamente ese apego a las emociones lo que ha permitido que tanto los Dorama como los K-Drama conecten con millones de personas en todo el mundo.
Porque seamos sinceros. Conocemos más K-Drama que Dorama y los seguimos confundiendo si no buscamos sobre su país de procedencia. La razón se encuentra en la llamada 'Hallyu Wave' (ola coreana), un fenómeno que ha convertido a Corea del Sur en una industria cultural que lo apuesta todo a una estrategia de exportación, ayudándose en plataformas internacionales, como plataformas de streaming en el caso de los K-Drama.
Sí, los Doramas japoneses tienen su público y por lo general tienen mejores críticas, pero su difusión internacional es mucho más limitada y en Occidente los recibimos sobre todo a través de Netflix, en un número más pequeño que los K-Drama.
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