Han pasado ocho años desde que Mario Tennis Aces se lanzase en Nintendo Switch y generase cierta división de opiniones entre los fans de la saga. Este último no llegó a convertirse en el regreso triunfal que muchos esperaban, pero Nintendo ha demostrado en más de una ocasión que siempre tiene hueco para segundas oportunidades. ¿Es este el caso del nuevo Mario Tennis Fever?
Haciendo un acto de sinceridad, debo aclarar que no tengo una respuesta clara para esta pregunta por una razón: este ha sido el primer Mario Tennis al que he jugado en toda mi vida. No obstante, esto último trae consigo un efecto colateral que probablemente os resulte útil a muchos y muchas de vosotros: he tenido el privilegio de contemplar el juego a través de una mirada carente de prejuicios. No hay background o expectativas elevadas; solo el acercamiento honesto de alguien que acaba de llegar. Y, en este sentido, debo decir que Mario Tennis Fever me ha sorprendido bastante.
Cómo golpeas la pelota
La jugabilidad básica de Mario Tennis Fever se compone de varios tipos de golpes, los cuales generan trayectorias diferentes en función de cuál escojas a la hora de propinarle un raquetazo a la pelota. Dentro de una especie de ¨piedra, papel y tijeras¨ de corte dinámico, el juego se esmera por diferenciar cada jugada al poner en valor otro tipo de factores sumamente relevantes como, por ejemplo, la posición en la que se encuentren ambos jugadores en cada intercambio del partido (o parejas, si se juega a dobles).
De ahí que el gameplay ¨momento a momento¨ de Mario Tennis Fever se construya a partir de una mezcla entre reflejos y microdecisiones a partes iguales. Si tu rival se acerca demasiado a la red, conviene que lances la pelota al fondo de la pista con un globo; si se encuentra posicionado en el extremo izquierdo, que la liftes al derecho a toda velocidad; si logra devolver con éxito una pelota difícil, que hagamos una cortada para desequilibrar su juego. En resumen: Mario Tennis Fever va, evidentemente, de jugar al tenis.
No obstante, el juego se apoya también en otras mecánicas con las que hacer que su jugabilidad se vaya volviendo cada vez más profunda a través de distintas capas de aprendizaje: desde la posibilidad de elegir con qué intensidad asestaremos cada golpe hasta aprender otros movimientos especiales que el juego no te explica en su tutorial, pasando por la idea de que cada personaje cuenta con estadísticas propias y, por tanto, su estilo de juego nunca será idéntico al de otro.
Hasta aquí llega la jugabilidad básica de Mario Tennis Fever: simple de aprender y sencilla de dominar, pero profunda en cuanto a todos los elementos que combina entre sí para alcanzar cierto nivel arcade que no interfiera con la importancia de conocer cómo funciona el tenis a nivel táctico. Aunque bien es cierto que todo esto queda completamente desequilibrado (en el buen sentido de la expresión) gracias a la novedad principal de esta nueva entrega: las Raquetas Furor.
Con qué golpeas la pelota
Las Raquetas Furor son todavía más esenciales como protagonistas en Mario Tennis Fever que los propios personajes que aparecen en su roaster de participantes. Sobre todo, por cómo la influencia que estas tienen en los partidos hacen no estemos ante un juego de tenis, sino ante un juego de tenis hecho por Nintendo.
Las Raquetas Furor funcionan de forma simple: para usarlas, tendremos que esperar a que se cargue un medidor que irá subiendo conforme más tiempo pasemos devolviendo pelotas en un punto. Cuando esté completo, podremos generar un efecto concreto con el que perjudicar al rival y obtener cierta ventaja estratégica dentro del set; aunque bien es cierto que tienen otras utilidades de carácter defensivo como, por ejemplo, permitirnos llegar a una pelota difícil de alcanzar, dado que nuestro personaje correrá hacia ella a toda velocidad al activar estas raquetas especiales.
Cada una de las mismas provoca una consecuencia distinta en el terreno de juego, y podremos elegir cuál queremos equiparnos antes de empezar cada partido. El efecto de estas raquetas está vinculado inevitablemente a esa filosofía ¨made in Nintendo¨ ya vista en otros juegos de la compañía, donde esta se apoya en la iconografía clásica de sus juegos de Super Mario para generar ideas que influyan de manera determinante en cómo se juega al título en cuestión.
En este caso en concreto, Mario Tennis Fever no es una excepción: una raqueta nos permite prender fuego al campo del rival para que este corra despavorido al quemarse (como una flor de fuego); otra generará un círculo de hielo con el que nuestro contrincante se resbalará al pasar por él (como una flor de hielo); otra hará que la pelota se vuelva invisible en mitad de su trayectoria (como los boos); otra que la bola adquiera un efecto curvado prácticamente imposible de predecir (con una raqueta que imita la forma de una luna de Super Mario Oddysey)... Hay tantas posibilidades como os podáis imaginar.
No obstante, los golpes Furor engañan a primera vista: no solo se pueden usar en contra del rival, sino que hacerlo conlleva cierto riesgo que tendremos que asumir. La cosa es que el efecto de la raqueta solo se activará cuando la pelota bote sobre el campo y, si tu contrincante logra devolvértela de tal forma que lo haga en el tuyo, te perjudicará a ti.
Este simple matiz hace que los puntos en los que decides usar un golpe Furor se vuelvan realmente intensos y el objetivo de cada jugador cambie de forma drástica: ya no es cuestión de ganar el punto, sino de evitar a toda costa que la bola bote en mi campo para no estar en desventaja a lo largo de los siguientes. Esto, indudablemente, provoca que los partidos de Mario Tennis Fever atraviesen microsituaciones caóticas y, por tanto, sus reglas se retuerzan lo suficiente como para que un juego de tenis al uso se convierta en algo más.
Dónde golpeas la pelota
Si prestamos atención a otros elementos del juego, la jugabilidad de Mario Tennis Fever no para de adquirir matices nuevos: el tipo de campo en el que juguemos también influirá en el partido por cómo la hierba, la tierra o el pavimento hace rebotar la pelota. Pero esto no es nada en comparación a cómo se segmentan las experiencias que ofrece el juego a través de sus distintos modos.
Desde uno centrado en contar la breve historia del juego que sirve como tutorial extendido hasta otro donde superar desafíos a través de una torre en los que se exploran los usos e interacciones de distintas Raquetas Furor entre sí, pasando por los típicos torneos y el apartado multijugador tanto en local como en línea que ofrece Mario Tennis Fever.
No obstante, aquí me gustaría resaltar una vertiente en concreto que hace que el juego vaya más allá de intentar recrear lo que significa el tenis de manera arcade, llevándolo incluso hacia el terreno de los Party Games más míticos de Nintendo. Hablo, concretamente, del modo que recibe el nombre de ¨Popurrí¨ dentro del juego, el cual sirve como acceso rápido y directo a los partidos más locos y caóticos de todo Mario Tennis Fever.
En él, las pistas sobre las que podremos jugar se convierten en un festival de sinsentido controlado en el que el propio campo cuenta con reglas adicionales que cambian radicalmente la manera en la que tendremos que jugar. En unos podremos interactuar con las semillas maravilla vistas en Super Mario Bros. Wonder, en otros jugar sobre una pista que tiene forma de pinball gigante, haciendo que la pelota rebote de forma prácticamente imprevisible; aunque hay más ejemplos que me guardaré para mi mismo con tal de no haceros spoilers sobre el resto de contenidos del juego.
Más allá de esto último y de cara a aquellos jugadores que no quieran disfrutar de Mario Tennis Fever a través de encuentros esporádicos, el principal atractivo del juego se encuentra dentro de sus modos multijugador. Especialmente, por la idea de que la mayor parte de los contenidos del título (en cuanto a modos) puede ser disfrutado en línea contra otros jugadores. De esto último dependerá que Mario Tennis Fever te dure 30 horas o 1.000 en función de cuánto te atrape desde el primer momento en el que lo ejecutes dentro de tu consola.
Conclusión
Mario Tennis Fever ha logrado rascarme en ciertas zonas del cerebro a las que hacía tiempo que no llegaban otros juegos. En ese mismo sentido, podría decirse que la obra de Nintendo ofrece justo lo que se propone: satisfacción tenística encapsulada entre un caos ordenado y una jugabilidad donde progresas por capas de aprendizaje. No sé si este juego causará furor entre los fans de la saga pero, si eres nuevo como yo, como mínimo te impactará lo suficiente como para que estés atento a lo que pase con ella de aquí en adelante. No todos los juegos pueden decir lo mismo.
Mario Tennis Fever
VideoGame
8.3
Puntuación Areajugones: Notable
Mario Tennis Fever encapsula la filosofía arcade de Nintendo en un juego deportivo repleto de caos ordenado. Las Raquetas Furor como entidad protagónica del juego suman capas adicionales de interés a una jugabilidad accesible y, al mismo tiempo, más compleja de lo que parece. Pese a que tiene margen de mejora, su propuesta es más que sólida y representa un añadido notable al catálogo de Nintendo Switch 2.
Jugabilidad
Banda sonora
Variedad jugable
Apartado visual
Su jugabilidad accesible y pensada para que todo el mundo se divierta desde el primer momento
La enorme variedad de personajes y Raquetas Furor que podemos usar
Los partidos son muy rápidos, dinámicos y con más potencial táctico de lo que parece
Las pistas especiales que añaden caos al partido gracias a sus reglas específicas
A nivel visual, podría dar más de sí
Se echa en falta algo más de contenido pensado para un jugador
Graduado en psicología (2011-2015). Periodista cultural con 8 años de experiencia en el sector de la información. Actualmente formo parte del equipo de Areajugones desde 2019, donde trabajo como redactor especializado en videojuegos, crítico, editor de vídeo y cubro eventos tanto a nivel nacional como internacional de forma presencial. En 2024, comenzó mi camino en la sección Fuera de Juego de SPORT como redactor de actualidad. También soy psicólogo especializado en terapia familiar, siempre con la mirada puesta sobre nuevas tendencias a través de una perspectiva analítica y profesional.