
Siempre digo que la nostalgia es una dulce mentirosa. Nos hace pensar que lo viejo SIEMPRE es mejor, y nada más lejos de la realidad. Hay cosas nuevas que son sublimes, a la par que otras tantas son asquerosas. Pero aunque la nostalgia esté intentando engañar a nuestra mente todo el tiempo, nadie me puede contradecir que PS2 es una de las más grandes consolas jamás creadas.
En cuanto a potencia, obviamente no le llega ni a la suela de los zapatos a las consolas actuales. Pero sí que fue toda una revolución en los videojuegos. Se trata de la consola más vendida de la historia, y eso que competía mano a mano con GameCube y con la primera Xbox. Y salieron títulos absolutamente brillantes, juegos que se arriesgaban y que de verdad perseguían la ambición, sentando las bases de muchísimos géneros actuales.

Pero hoy no vengo a hablaros de los juegos de PS2 (eso puede dar para mil artículos con enfoques diferentes), sino de algo muy concreto pero que absolutamente todo jugador de la consola recordará con cierto cariño: su pantalla de carga.
En la época en la que la gente de mi edad teníamos una PS2, éramos simplemente niños o adolescentes. No es que tuviésemos demasiadas preocupaciones más allá de estudiar, hacer nuestros deberes, quedar con amigos, etc. Es por ello que, sobre todo los que teníamos más la costumbre de jugar todos los fines de semana o incluso también entre semana, vimos durante muchas, peor muchas veces, la siguiente imagen:
Esta es una imagen que suena, ¿verdad? Seguro que has escuchado en tu cabeza el sonido tan característico que emitía esta pantalla de carga tan misteriosa. Y es que era realmente rara. En general... PlayStation era una marca mucho más rara que en la actualidad, que es sumamente terrenal.
Además de anuncios totalmente raros (y muchos muy políticamente incorrectos), esta pantalla de carga era muy misteriosa: aparecían una especie de torres cúbicas, luces revoloteando por ahí, un sonido misterioso... La cámara hacía zoom hacia un vacío oscuro, esperábamos unos segundos, aparecía el logo de PlayStation 2, esperábamos otros segundos, y ya empezaba nuestro juego.
Nada de modo "stand-by" ni modo reposo: siempre teníamos que pasar por esa pantalla de carga. ¿Y eso suponía un coñazo? Para nada; a todos nos daba igual ver ese breve menú. Es más, acabamos relacionando ese sonido y esa pantalla con algo bueno, porque inmediatamente después sabíamos que íbamos a estar un buen rato divirtiéndonos con nuestro juego del momento.
De hecho, creo que todos los jugadores nos inventamos hasta pequeñas rutinas que hacíamos mientras esperábamos a esta pantalla de carga. Por ejemplo, seguro que muchos de vosotros, si erais niños, dejabais de mirar cuando PS2 estaba leyendo el disco y esperabais a escuchar el sonido de "PlayStation 2", confirmándose así que el disco había sido leído correctamente.
Esta pantalla de carga marcó a toda una generación de jugadores. En general, es que todo lo relacionado con PS2 marcó a una generación. Hablé recientemente sobre que el mejor menú de la historia de PlayStation es el de PS3, y sigo pensándolo. Sin embargo, no marcó tanto como lo hizo esa pantalla de carga de PS2.
Al final, esa pantalla significaba siempre el comienzo de algo increíble: una vuelta en una Sánchez por Los Santos, una batalla contra Dioses del Olimpo, una infiltración sigilosa en una selva, una pelea junto a personajes de Disney y Final Fantasy, o un partido de fútbol con un equipo creado por ti eran solo algunas de las miles de sublimes aventuras que podíamos disfrutar en esta generación. Y muchas de ellas en compañía gracias al multijugador local, con nuestro vecino, o con nuestro amigo del cole, con nuestro hermano... Y eso, el multijugador local, da para otro artículo tan extenso como nostálgico.
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