La evolución constante de la industria de los videojuegos ha llevado a una búsqueda incesante de mejorar la experiencia del jugador en todos los aspectos posibles. En este viaje hacia la perfección, un elemento técnico ha emergido como un pilar fundamental: los fotogramas por segundo (FPS). No se trata simplemente de un número en la configuración gráfica, sino de un factor que incide en la jugabilidad, la inmersión y la apreciación visual del juego.
Son pocos los juegos que, aun a día de hoy, siguen funcionando a unos 30 FPS en consolas de nueva generación. Por suerte, en la gran mayoría de juegos, nos dejan la opción del modo “rendimiento”, el cual sacrifica algo de calidad visual y de resolución para intentar que el juego se vea mucho más pulido. Pero algo que ha generado mucha polémica es que aún hay muy pocos juegos donde los 60 FPS vengan de forma estándar, sin tener que elegir uno u otro. Por otra parte, para empezar...
En términos simples y sin complicarnos tanto, los FPS representan la cantidad de fotogramas individuales que un videojuego muestra en un segundo. Esta métrica es crucial porque determina la fluidez y la suavidad de las transiciones visuales en pantalla. Es por eso que en ocasiones, nos cuesta jugar mucho a un juego que funciona a 30 FPS, pues lo vemos algo más "lento y torpe".
Aunque ciertamente, los 30 FPS solían ser el estándar aceptable, la tendencia actual apunta hacia los 60 FPS, 120 FPS e incluso más, ofreciendo no solo un espectáculo visual más agradable sino también una jugabilidad más pulida.
Ahora os voy a dejar un pequeño vídeo donde un usuario de YouTube llamado Lance McDonald logró crear un mod donde corre Bloodborne a 60 FPS estables en PS5, para los que hayáis jugado a Bloodborne sepáis como sería este juego con esta fluidez de fotogramas.
La relación entre los FPS y la jugabilidad es innegable. En juegos de acción rápida, como los shooters en primera persona (FPS) o los títulos de lucha, la diferencia entre 30 FPS y 60 FPS se traduce directamente en la capacidad del jugador para realizar movimientos precisos y reacciones instantáneas.
Más allá de la competencia, los FPS también influyen en la inmersión y el realismo del juego. En mundos abiertos o aventuras, una mayor cantidad de fotogramas por segundo contribuye a crear una experiencia más envolvente. Movimientos suaves y transiciones más realistas nos permiten a los jugadores sumergirnos más profundamente en la trama y en los detalles del entorno virtual.
El aumento de los FPS no está exento de muchos desafíos técnicos. Los desarrolladores deben equilibrar la calidad visual con las capacidades del hardware, asegurándose de que la optimización permita una experiencia de juego fluida en diversas plataformas. La introducción de tecnologías avanzadas, como el famoso ray tracing, ha elevado la calidad visual sin sacrificar la velocidad de cuadros, aunque esto depende mucho del equipo donde juegues.
A medida que avanzamos en el tiempo, la búsqueda de FPS más altos (sobre todo en consolas) persistirá, pero el futuro de la experiencia de juego también dependerá de otros factores. Innovaciones funcionales con inteligencia artificial, animación y la interactividad entre el jugador y el entorno se unirán para crear experiencias más inmersivas. La calidad de los gráficos y la velocidad de cuadros seguirán evolucionando, pero será la combinación de varios elementos lo que definirá la próxima era de los videojuegos.
En resumen, los FPS no son simplemente un número en la configuración gráfica; son un elemento esencial que abarca la jugabilidad, la inmersión y la estética visual. La constante búsqueda de una experiencia de juego más fluida y realista impulsará la evolución de la industria de los videojuegos hacia nuevos horizontes.
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