
Las expectativas por GTA VI están por las nubes. Ha llegado un punto en el que la propia Take-Two ha reconocido que la presión por su calidad puede llegar a aterrorizar, pero ya no les queda otra: semanas como esta, con todo el mundo esperando un nuevo tráiler sin que ninguna prueba real apuntara en esa dirección, demuestra que estamos ante el producto de entretenimiento más esperado de la historia, seguramente. Y me parece un buen momento para reivindicar a GTA III, una entrega que, precisamente, debería ser una fuente de inspiración para Rockstar y su próximo juego, y no tanto por los motivos más evidentes.
Me ha encantado ver el nuevo vídeo del canal Game Maker's Toolkit dedicado a GTA III, explicando cómo es posible que un mundo abierto de estas características fuese posible en la limitada memoria de una PS2 -lo puedes ver por aquí-. Y es que eso, precisamente, es lo que necesita GTA VI suponer para los mundos abiertos: una revolución que suponga una verdadera muestra inalcanzable para el resto de los estudios; situarse en una base que cambie los futuros desarrollos del género en la industria al completo, sobre todo en el terreno técnico.
Las triquiñuelas de Rockstar en su día, cuando desarrollaban GTA III, para poder entregar un mundo abierto urbano en 3D que el jugador pudiera explorar con total libertad, son demenciales. Todavía hoy nos sorprende que una consola con tan poca potencia pudiera regalarnos GTA III, GTA Vice City y el siempre bien recordado GTA San Andreas. Pero es la tercera entrega la que supuso un antes y un después para el género.
Porque la manera en que el estudio se las ingenió para convertir la memoria de la consola, del DVD y los movimientos del lector en auténtico arte que permitiera llevar eso a cabo, junto a un concienzudo diseño de los mapas que lo permitiera, demuestran algo que sigue presente en juegos del estudio como Red Dead Redemption 2: hacer sentir al jugador que está disfrutando de una obra completamente atemporal, fuera de su época, capaz de entregar mucho más que el resto por algún tipo de magia extraña. Y no es magia, es esa capacidad de convertir el límite en virtud.
Con las capacidades que ofrecen las consolas de actual generación, eso es lo que quiero ver de Rockstar con su próximo GTA VI: volver a encontrarnos con esa Rockstar de GTA III, capaz de sortear los límites que nadie más pudo hasta ese momento, para entregarnos un mundo abierto incomparable. Los rumores y las expectativas son altísimas, y no sé si van a llegar a cumplir muchas de ellas, pero en algo podemos estar de acuerdo: Rockstar es el estudio idóneo para conseguir romper las limitaciones con las que otros tantos sólo han podido soñar.
Y sé que hay jugadores que piensan que estos pensamientos son desmedidos y que estamos poniendo unos sueños inalcanzables por delante de la realidad... pero es que Rockstar ya lo consiguió con juegos como GTA III. Pregunta a cualquier otro estudio del mundo, en la época de PS2, si era realista entregar un mundo abierto de esas características: sólo un grupo de locos podrían llegar a lograrlo. Con GTA VI se suma un tanto más: un presupuesto prácticamente ilimitado, un tiempo de desarrollo enorme y unas capacidades que ningún otro estudio del mundo dispone, ganado por el éxito de sus anteriores trabajos.
Si hay alguien capaz de llegar y superar los estándares de calidad actuales es Rockstar, pero también los técnicos. A todos nos ha sorprendido ver los tráilers, descubrir sus secretos y pensar que, en realidad, el juego no puede llegar a ser así. ¿Y si sí lo consiguen? Por eso el juego que debe estar en la mente de todos cuando pensamos en los sueños imposibles de GTA VI no es otro que GTA III: aquel juego que, con una Rockstar con mucha menos capacidad que ahora, fue capaz de romper cualquier límite de una consola como PS2. ¿Expectativas desmedidas o realistas? El 19 de noviembre lo comprobaremos.
NOTICIAS RELACIONADAS