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No-análisis de Fallout 76: Amanecer de Acero

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No-análisis de Fallout 76: Amanecer de Acero

Fallout 76 sigue creciendo con cada expansión pero, ¿hacia dónde se dirige el rumbo de esta obra?

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Esto no es un análisis de Fallout 76: Amanecer de Acero. No lo es porque, en primer lugar, no he jugado la versión definitiva de esta actualización sino una versión en desarrollo y sujeta a cambios dentro del servidor de pruebas del juego en PC. Pero no lo es, en realidad, porque tampoco tengo la intención de desgranar con lupa todos los detalles de esta expansión. Todo lo que se dijo en su día del juego (incluido mi análisis) sigue vigente y la manera en que se juega a Fallout 76 sigue inmutable, para bien o para mal (sobre todo para mal). Pero sorprendentemente sí ha cambiado la manera en que lo veo.

Este texto, ya lo adelanto de primeras, es más bien un viaje a través de Fallout 76 en el que trato de entender el videojuego y enmarcar su próxima gran expansión en lugar de actualizar mi valoración del mismo después del tiempo transcurrido. Por ello este texto no servirá para actualizar ni la nota ni lo que en su día dije del juego, por lo que mi análisis sigue sirviendo perfectamente y sigue representando mi opinión con total precisión. Así, si buscáis es un análisis al uso, lo único que puedo hacer es remitiros a dicho texto.

Fallout 76 era, en su momento, un videojuego que me costaba mucho categorizar. Al escribir mi análisis de la obra hace más de dos años, hablaba de cómo, más que un spin-off, era un experimento fallido del que, como ocurre con todos los experimentos fallidos, es posible extraer algunas conclusiones de las que aprender y poniendo en valor este juego de cara a lo que a la postre Bethesda nos pueda ofrecer.

Lo cierto es que, como decía anteriormente, después de estos más de dos años que han transcurrido, sigo suscribiendo todo lo que dije en su día de Fallout 76 a través de mi análisis (excepto, tal vez, remarcando el hecho de que ahora algunas misiones son realmente interesantes por sí mismas en lo narrativo). Pero ahora creo que soy capaz de ver más allá, de entender lo que en su día el juego quiso de mí pero era demasiado pronto para comprender.

Appalachia y la institucionalización de la violencia

Algo que no supe ver desde el principio es que Fallout 76, con sus aciertos, fallos y cientos de bugs, era la mayor expresión de un wéstern posapocalíptico. No es extraño que el posapocalipsis adopte la temática de los relatos del Salvaje Oeste, y es que a fin de cuentas ambas historias suelen ser protagonizadas por personajes solitarios y transcurren en entornos hostiles en donde las leyes y constructos sociales del mundo civilizado no tienen cabida.

La violencia alocada, casi anárquica, de Fallout 76 que en su día me dio más de un quebradero de cabeza, parece ir cobrando sentido dentro de mí con el paso del tiempo. Tal vez no se tratara tan solo de diversión desenfadada, sino de un auténtico relato de frontera, del Salvaje Oeste, de ese lugar en el que los constructos sociales han sido quemados hasta los cimientos y la única ley que opera es la del más fuerte. Tal vez lanzar alegremente bombas atómicas no sea, como yo pensaba, una afrenta a las desgracias nucleares perpetradas por el hombre sino la idea manifiesta de que no hemos aprendido nada, de que "la guerra no cambia nunca". Tal vez.

Una de las ideas comúnmente exploradas en el wéstern es la búsqueda de estructuras de convivencia en este territorio en el que la ley del más fuerte es la que opera con total libertad. Y precisamente es a través de expansiones como Wastelanders y Amanecer de Acero como Fallout 76 va encontrando y construyendo estas nuevas estructuras de convivencia. Los campamentos se van llenando, las misiones que antes se encontraban en cintas y notas van materializándose en personajes e interacciones y, lo más importante, aparecen instituciones (en forma de facciones) que organizan los esfuerzos y, sobre todo, la violencia ejercida por los jugadores.

Igual que la figura del sheriff en el wéstern no aporta realmente orden ninguno (porque la ley del más fuerte sigue siendo la que manda) sino que sirve únicamente para institucionalizar la violencia, las facciones de Fallout 76 juegan un papel similar en Appalachia. Su llegada le da un sentido a la violencia del videojuego, la reorganiza y en cierto sentido la redirige. La guerra de facciones, la lucha de recursos, el miedo a la plaga Calcinadora... Todo ello va dando forma y sentido a una violencia primitiva, hueca en su origen.

Fallout 76 y sus expansiones van dando forma y sentido a una violencia primitiva, hueca en su origen.

Entrar a Fallout 76 después de estos dos años es encontrarse con que, de repente, aquella violencia que para mí no tenía ningún fin más allá de la pura diversión ahora adquiere un sentido de ser a través de su institucionalización; y lo hace sin cambiar un ápice a nivel mecánico (el gunplay y las mecánicas de combate son exactamente las mismas). El Salvaje Oeste es igual de violento con sheriff o sin él, pero el sheriff nos da una idea de por qué disparamos, de a qué o quién estamos defendiendo con nuestras armas. Y las facciones cumplen una función similar en Appalachia, dirigiendo, institucionalizando y, en un cierto sentido casi podría decir que racionalizando la violencia primitiva ejercida por los jugadores desde el primer minuto.

Construyendo en el fin del mundo

Fallout 76 tiene un poder evolutivo, una capacidad de evocar esta construcción gradual de estructuras de convivencia propias del wéstern, gracias al hecho de que la institucionalización de la violencia no se ha realizado de golpe. El conjunto de cambios que dotan de sentido al rumbo del juego no se ha realizado a través de una gran expansión que llega de una sola vez y es solo para los jugadores que hayan completado el juego base. Las facciones van llegando a Appalachia poco a poco, cada una con sus propias ideas para la construcción de estas nuevas estructuras de (violenta) convivencia. Y Fallout 76 cambia, poco a poco, con ellas.

Fallout 76 construye un posapocalipsis que, al contrario de otras entregas de la saga, no es completamente inamovible en el tiempo. Es decir, Fallout 76 no sucede en un marco temporal muy concreto en el que el cambio en la sociedad posapocalíptica está limitado, sino que con sus actualizaciones avanza para que veamos el cambio en esta sociedad de la que nuestro avatar forma parte.

Fallout 76 ha construido en el fin del mundo. Ha construido para ser y a la vez dejar de ser una nueva frontera.

Fallout 76 llegaba al mercado con un mundo posapocalíptico desolado, y en estos dos años se ha permitido el enorme lujo de ir construyendo en el lugar más difícil. Ha construido en el fin del mundo. Y ha construido estructuras tanto arquitectónicas como sociales. Ha construido para darle un significado a lo que ya había antes. Ha construido para avanzar como mundo. Ha construido para ser y a la vez dejar de ser una nueva frontera.

El yermo es cada vez menos yermo. La sensación de soledad y desolación inicial da paso a un mundo más cálido e interactivo. Diversas localizaciones del juego se van transformando en cuarteles generales y en lo que no dejan de ser pequeñas poblaciones donde el mundo ficticio de Fallout 76 cobra vida. Las notas y cintas pregrabadas se convierten en seres de carne y hueso. La violencia frívola y aparentemente carente de sentido va adquiriendo una forma propia, un sentido y una dirección.

En definitiva, la nueva frontera va siendo con cada actualización un poco más y un poco menos nueva frontera. Más nueva frontera en tanto que tiene sentido como lugar ficticio en el que buscar y construir nuevas estructuras de convivencia; pero menos nueva frontera y más hogar en tanto que cuenta cada vez con estructuras e instituciones más formadas. Uno despiadado en el que la violencia sigue a la orden del día y al cual le queda mucho por construir, pero un hogar al fin y al cabo.

He de reconocer que este es un viaje que he vivido desde fuera. Apenas había jugado a Fallout 76 desde su lanzamiento más que unas horas para ver las novedades de Wastelanders y no reparé mucho más en ello. Dado que mecánicamente no cambiaba demasiado, creía que Fallout 76 ya me había enseñado todo lo que tenía que enseñar. Pero parece que me equivocaba. Y dedicarle un tiempo a Amanecer de Acero me ha abierto los ojos.

"La guerra, la guerra no cambia nunca"

Fallout 76 sigue sin ser un videojuego que me apasione y todas las carencias que señalaba en el análisis original siguen presentes. Pero entrar de golpe a este mundo sabiendo el recorrido que ha tenido me ha hecho verlo de una manera muy diferente. Ya no me siento dentro de una Appalachia que es un parque de recreo en el que lanzar bombas atómicas sin preocupación. Ahora me siento realmente en una nueva frontera en la que poco a poco se van construyendo estructuras de convivencia, en donde la violencia se va institucionalizando y en donde las acciones de los individuos van cobrando un sentido. En donde yo tengo un papel dentro de todos estos cambios, incluso cuando estos son ajenos a mí.

Está claro que todos, y yo el primero, hubiéramos deseado que Fallout 76 fuera desde el principio un juego mejor que no diera lugar ni a las críticas que en su día expuse en mi análisis ni a este texto. Pero lo cierto es que no vería Fallout 76 como lo veo ahora sin ese inicio que, en su día, entendí como un desastre narrativo sin coherencia alguna y cargado de violencia casi pornográfica. Ahora veo el camino de Fallout 76, veo su evolución y comienzo a vislumbrar el sentido de este videojuego.

No por todo esto es Fallout 76 un mejor o peor videojuego y, como ya he dicho en varias ocasiones y repito una más, el análisis que hice en su día (señalando decenas de fallos y unos pocos aciertos) sigue vigente en este final de 2020. Pero sí que hace que mi acercamiento al juego sea distinto, que lo vea con otros ojos y, en cierto sentido, más cariño. Porque nunca pensé que diría esto, pero cuando intento expresar de forma concisa lo que representa el camino que ha seguido en estos dos años Fallout 76, con todos sus altibajos, es una frase muy concreta la que resuena en mi cabeza:

"La guerra, la guerra no cambia nunca."

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Amanecer de Acero Fallout 76

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Videojuerguista, lector y cinéfilo desde que tengo uso de razón. Hablo de videojuegos, cine, series o lo que me dejen. Incondicional del RPG clásico, lo indie y el wéstern. Me gustan los números y puedes encontrarme con una raqueta en la mano.
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