What Remains of Edith Finch: la vida narrada

What Remains of Edith Finch: la vida narrada
 

Se ha hablado tanto de los llamados walking simulator, que, en principio, poco más se puede decir sobre ellos. Moverte por un escenario con el único objetivo de ser partícipe de un viaje sobre carriles que narra una historia suele ser la premisa, pero hay videojuegos como Firewatch que ya rompen ligeramente el molde sobre el que está compuesto este género de videojuegos, aunque aquí tenga cabida el enésimo debate sobre si los walking simulator son videojuegos o no. Puede que en otra ocasión. Hoy vengo a hablaros de What Remains of Edith Finch.

What Remains of Edith Finch nos pone en el papel de Edith Finch, la última persona de una estirpe familiar que, con la esperanza de conocer la historia de sus antepasados, viaja a una antigua casa que dio cobijo a toda una legión de la estirpe Finch. La sucesión de estas historias, adivinadas por una sed de conocimiento de Edith, se nos va planteando a medida que vamos observando las sucesivas historias de la familia, centradas especialmente en sus últimos momentos de vida.

A priori, el videojuego parece determinar las mismas pautas que cualquier walking simulator, pero aquí, lejos de haceros simples partícipes de un viaje, nos da diferentes mecánicas para el jugador. Cada familiar tendrá una historia en la que se nos relatará sus últimos momentos de vida, y además de eso, se nos ofrecerán mecánicas tan dispares como una persecución acabada en tragedia, o la muerte presentada cuando menos se lo espera una persona. No nos vamos a engañar, What Remains of Edith Finch es un videojuego crudo en el planteamiento de su historia principal, pero cada una de esas apariciones estelares cuando encarnamos a un familiar, nos deja una enseñanza y nos ayuda a conocer un poco más a la familia de Edith. Ese y no otro, es el objetivo que nos mueve a lo largo de todo el juego; conocer por qué falleció un familiar nuestro de un año, conocer la causa de la muerte de uno de los hermanos de nuestra madre, o remontarnos a la vida de nuestro bisabuelo a través de una carta.

What Remains of Edith Finch posee crudeza, pero también es un canto a la vida, a aprovecharla antes de que un accidente fortuito pueda eliminarnos del camino para siempre y sin previo aviso. Todas las personas que encarnamos en el título de Giant Sparrow, te comentan cuáles eran sus sueños, objetivos, misiones, metas de vida, para tan solo unos minutos después mostrarte con crudeza y sin medias tintas su trágico y agónico final. El jugador no puede sentir más que empatía, tristeza, un nudo en el estómago ante esas imágenes que se acaban de suceder en nuestra pantalla.

Más allá de la tragedia se encuentra el misterio, la intriga que supone a la protagonista viajar hasta esa añeja morada para conocer los entresijos de su familia en varias generaciones. Las preguntas a las que no pudieron o no quisieron responder sus familiares y la decoración que aguarda en los escenarios: una parte imprescindible para ambientar una historia guiada por años y años de historia. El juego cabalga entre lo moderno, lo no tan moderno y lo directamente antiguo, es visible a través de sus tantos objetos; encontraremos infinidad de libros de El Aleph de Jorge Luis Borges, paquetes de comida china o una habitación repleta de material estridente digno de un amante del acid rock.

Más allá de esto último, y sin que ninguna narración nos ayude a entender nada, da gusto observar cada foto que puebla la vieja casa, desde fotos de la familia hasta algunas que nada tienen que ver aparentemente con los Finch. Lo verdaderamente atractivo que tiene el investigar esas fotos, esos libros, esas marcas en la pared, esas cartas, es que al jugador se le viene a la cabeza que nunca ha hecho eso antes y que tal vez sería interesante hacerlo; si lo hemos hecho con los Finch, con nuestra familia podría ser incluso más atrapante, significativo y atractivo. Conocer nuestros orígenes, escoger pequeños rasgos que nos demuestren que somos de esa familia, identificarnos en alguna manera de pensar, en alguna mueca, en algún gesto facial. La sensación de recordar, de conocer, es algo que el ser humano no practica habitualmente y, por desgracia, con esto se pierden un buen arsenal de datos sobre quiénes somos y de dónde procedemos. Como el propio juego se encarga de recordarnos, las vivencias entre familiares pueden ser dispares y el título lo confirma haciéndonos partícipes de varias historias y mostrando que no es lo mismo vivir la vida de un bebé, que la de un adolescente rebelde o la de un chico de veintidós años con graves trastornos emocionales: a la vida cada uno lo amolda de manera distinta, y en esos sencillos y aunque crueles ejercicios, lo podemos comprobar con exactitud.

What Remains of Edith Finch es un alegato a la vida en sus diversas formas: cruda, llena de esperanza pese a las adversidades y un camino complicado de entender y más aun de definir. Es un walking simulator con tintes de interactividad que no se ven en otros títulos, y como tal, tiene los defectos propios de este género, pero si nos centramos en su historia acabamos con ganas de conocer no solo la historia de los Finch al completo, sino también la de otras familias, quién sabe, tal vez de la tuya propia.





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