Jugamos a Wolfenstein II: The New Colossus y te contamos qué esperar

Wolfenstein II: The New Colossus

Nintendo Switch PC PlayStation 4 PlayStation 4 Pro Xbox One Xbox One X
8

Muy bueno

Jugamos a Wolfenstein II: The New Colossus y te contamos qué esperar

"Más Wolfenstein que nunca"

Jugamos a Wolfenstein II: The New Colossus y te contamos qué esperar
 

Wolfenstein es una de esas sagas icónicas dentro de los videojuegos y, sobre todo, del género FPS. Sin embargo, a pesar de su longevidad, esta marca conserva toda su esencia y precisamente su última entrega, The New Order, llegaba hace unos años a manos de MachineGames para, con esta esencia del shooter clásico, convertirse en uno de los juegos más queridos por los fans del género. Ahora, de nuevo con MachineGames como desarrolladora y Bethesda como editora prepara su llegada al mercado la secuela de The New Order, conocida como Wolfenstein II: The New Colossus.

Desde que Wolfenstein II fuera anunciado en el E3 hemos podido ver diferentes vídeos y entrevistas en las que se nos dan algunos detalles. Sin embargo, no ha sido hasta ahora cuando hemos podido ponernos en la piel de B.J. Blazkowicz para probar de primera mano lo que The New Colossus tiene que ofrecernos. Gracias a Bethesda, recientemente hemos jugado algunos niveles de esta prometedora obra y estamos en disposición de contaros cuáles han sido nuestras impresiones disfrutando por fin del esperado Wolfenstein II: The New Colossus.

La esencia del FPS

Wolfenstein II: The New Colossus deja claro lo que es desde el primer momento en el que nos ponemos a los mandos: estamos ante un FPS en el sentido más puro y clásico de la palabra. MachineGames ha querido repetir la jugada que tan bien salía con The New Order y, para esta nueva entrega, han recurrido a las mismas premisas jugables. A pesar de que se incluyen diferentes elementos y técnicas que tendremos que aprender a dominar para poder superar ciertas zonas, el núcleo de la jugabilidad para nada reside en la estrategia o el sigilo (aunque en determinados lugares podamos y sea óptimo su uso), sino que de nuevo volvemos a esa esencia del shooter en donde la puntería, la velocidad y una gran sensación de disparo son las claves de las que hace gala el juego para tratar de enamorarnos.

En este sentido, Wolfenstein II: The New Colossus es un juego que resulta enormemente continuista. Pero, ¿acaso esto es malo? ¿Siquiera es sorprendente? La respuesta para mí es muy clara: un no rotundo a ambas preguntas. Lo nuevo de Wolfenstein es, al menos en lo que hemos podido jugar, justo lo que se esperaba y pedía a esta secuela. Si bien en algunas apuestas de Bethesda que no habían rendido todo lo bien que cabía esperar, como es el caso de The Evil Within, se han introducido cambios muy importantes, Wolfenstein mantiene intacto su núcleo y simplemente se limita a introducir nuevas posibilidades que le dan un toque de frescura a la par que se potencia el espíritu de la saga.

Los cambios a nivel jugable respecto a su precuela pasan por el uso de las armas y la inclusión de algunas habilidades. Respecto a las armas, nosotros hemos tenido acceso a un gran arsenal que nos permite ver algunas piezas nuevas y otras que regresar con alguna modificación. El cambio más destacable en este punto se centra en la posibilidad de usar a la vez dos armas completamente diferentes, una con cada mano. Aquí entra una de esas pequeñas decisiones de diseño que, a la hora de jugar, hace de todo mucho más sencillo y cómodo. Al poder usar las armas que deseemos sin demasiada limitación, tenemos la posibilidad de crear nuestras propias estrategias. Por poner un ejemplo, en nuestra partida usamos a la vez un rifle semiautomático en el que destaca la precisión y una escopeta: de esta forma podíamos utilizar el rifle para los enemigos más alejados o que requieren de disparos precisos (por ejemplo, los que llevan la cabeza al descubierto) mientras destrozábamos con la escopeta a corta distancia a los que poseen una armadura más fuerte. Y esta es tan solo una de las múltiples combinaciones a las que tenemos acceso a lo largo de la obra, abriendo un abanico de posibilidades hasta ahora cerrado.

Por otro lado, destaca también la inclusión de algunas habilidades que iremos consiguiendo a lo largo de nuestra aventura. La zona que pudimos disfrutar estaba enmarcada dentro de un nivel ya bastante avanzado en la historia, por lo que estaban disponibles varias habilidades nuevas. Entre ellas destacan unas piernas metálicas extensibles que nos permiten alcanzar una mayor altura para acceder a zonas elevadas y tener ventaja sobre todos nuestros enemigos. Por otro lado, tenemos la posibilidad de realizar una poderosa embestida con la que derribar paredes o propiciar golpes duros a algunos de los enemigos.

Y lo más destacado de estas habilidades es que cada una de ellas sirve para propiciar un estilo de juego u otro. Con las piernas extensibles podemos jugar de forma más táctica, consiguiendo ventaja en el terreno de batalla contra nuestros enemigos; con la embestida podemos ir “a saco”, cargando directamente contra la línea de fuego; y con un pequeño arnés que permite reducir ligeramente nuestro tamaño, según explican desde Bethesda, podemos colarnos por algunas ranuras para atacar por la retaguardia a las tropas nazis. Pero lo mejor de esto es que, escojamos el estilo que escojamos, seguimos teniendo intensos tiroteos y montones de enemigos viniendo hacia nosotros, consiguiendo un equilibrio entre lo que podemos esperar de un FPS puro y una experiencia más “personalizable”.

Más Wolfenstein que nunca

Todos los cambios que hay, tanto a nivel de entornos como de jugabilidad, aunque puedan darle frescor a la obra ofreciendo nuevas posibilidades, son capaces también de lograr algo muy importante: mantener y exagerar el espíritu de Wolfenstein. The New Order fue una obra que desde el principio abogaba por olvidarnos de la seriedad, de dilemas morales y, en general, de cualquier cosa que pudiera hacernos pensar. Apenas hemos podido jugar un par de horas a The New Colossus y, sin embargo, ya hemos notado que este espíritu se ha visto acrecentado. Wolfenstein II es más espectacular, más bestia y, si cabe, menos serio que su precuela.

Los enemigos son más grandes, las explosiones más fuertes e incluso algunas de las novedades jugables, como ponernos a los mandos de un Panzerhund, tienen el objetivo de que disfrutemos creando caos y matando enemigos. Y precisamente Wolfenstein es una de esas obras que selecciona perfectamente al enemigo para evitar dilemas morales. No nos enfrentamos a una simple organización criminal, quien nos ataca no es alguien con familia, nuestros enemigos ni siquiera son personas; nos enfrentamos a nazis. Y en esta nueva entrega, además, son nazis que han invadido nuestra casa, que nos han derrotado y cambiado todo aquello que nuestro protagonista considera sagrado dentro de Estados Unidos. Es por ello que esta sensación de odio que transmite Blazkowicz se ve acrecentada en The New Colossus y consigue resultar aún más liberador volar en pedazos todo lo que el régimen nazi ha construido.

Junto a toda esta vorágine de odio y destrucción nos encontramos con una campaña que, en la zona que hemos jugado, tiene un ritmo increíblemente bueno, intercalando pequeños puzles para evitar agotarnos con demasiado tiroteo, pero manteniendo el combate como el punto central y más abundante del gameplay.

Una bestia técnica

Desde el punto de vista más técnico, Wolfenstein II: The New Colossus es una auténtica bestia. La versión que hemos podido disfrutar es la de PC y probablemente es la que mejor luce, pero incluso para esta plataforma es algo muy a destacar. Los modelados y animaciones cumplen, pero son las explosiones y diferentes efectos visuales que aparecen los que hacen que este nuevo Wolfenstein consiga transmitir una extrañamente reconfortante sensación de auténtico caos a nuestro paso, todo ello manteniendo un rendimiento espectacularmente bueno que no baja de 60fps. Por su parte, el sonido también resulta notable, ofreciendo unos efectos que realmente consiguen hacer que nos sintamos dentro de toda esta batalla que libramos.

En cuanto a la dificultad de lo jugado, nos es difícil hablar de ello ya que la demo nos situaba en una zona avanzada con mucho armamento y opciones pero poca experiencia en nuestras manos. Por lo jugado, el título ha resultado bastante exigente, obligándonos a hacer uso de algunas coberturas y espacios cerrados para acabar con los enemigos, siguiendo la estela de las dificultades más altas en The New Order.

En resumen…

Wolfenstein II: The New Colossus no sorprende, y eso es una noticia increíblemente buena. Con uno de los mejores FPS de los últimos años como precuela, MachineGames vuelve a la carga para traer una obra que es una oda al aspecto más lúdico de los videojuegos. Enemigos más grandes, armas más destructivas, explosiones más fuertes y menos seriedad es lo que trae consigo una obra que no innova, pero que tampoco lo necesita para presentar una firme candidatura a Juego del Año.

Las diferentes novedades que encontramos en The New Colossus no rozan el núcleo jugable y, aunque se ofrecen más posibilidades a nivel jugable, la esencia del shooter clásico se mantiene intacta para ofrecer una obra que prescinde de dilemas morales, de puzles complicados y de cualquier cosa que nos haga pensar en exceso. Estamos aquí para matar nazis, para volar sus robots por los aires, hacer explotar sus vehículos y acabar con este régimen de la forma más sangrienta posible. Wolfenstein II, al igual que su protagonista Blazkowicz, no se anda por las ramas y va directo al grano.

El “matanazis” por excelencia prepara un regreso por todo lo alto, y gracias a un gunplay exquisito, un apartado visual espectacular, y unas premisas tan simples como efectivas, Wolfenstein II: The New Colossus resulta una de las apuestas más potentes y seguras de los últimos años.


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