Crítica de Proyecto Rampage: un divertido y bello despropósito

El director de San Andrés firma una historia insultante que logra brillar por sus monstruos

Crítica de Proyecto Rampage: un divertido y bello despropósito
 

Dwayne Johnson es el mejor actor de la historia. Y no lo digo yo, lo dicen los números de todas las películas en las que saca a pasear su torso. Qué decir cuando esta estrella tan odiada como querida decidió bailarle el agua a Warner Bros. para participar en un espectáculo de animales gigantes sin ninguna lógica ni intención. “Proyecto Rampage” no es una nueva adaptación de videojuego al cine, porque hay tan poco del título de 1986, que resultaría obsceno meter a Midway Games en esto. El estudio, autoconsciente de lo que tenía entre manos, deja a Brad Prey hacer y deshacer a su gusto, logrando un resultado insultante y desagradable, pero visualmente placentero.

Los tráileres, el póster, y el director no engañaban. Aquel responsable del esperpento llamado “San Andrés” vuelve a sacar su cuestionable calidad cinematográfica con una reinterpretación torticera de la historia del material original en el que se basa. Consciente de la presencia de La Roca en pantalla, decide dejar todo el peso de la película sobre sus hombros, concediéndose la libertad de llenar la trama de inconsistencias que solo sirven como vehículo para llegar a lo único pasable de todo el metraje. Pero para alcanzar ese momento, Warner Bros. dispone un camino lleno de piedras, gorilas, cocodrilos, y lobos voladores.

Davis Okoye (Dwayne Johnson), es un biólogo especializado en primates y retirado soldado, que trabaja en una reserva de animales cuidando de sus amigos. De entre ellos es George, un gorila albino, el que tiene mayor importancia en su vida. A él le ha enseñado a hablar mediante el lenguaje de signos, dotándolo de un carácter humano muy afable. Sin embargo, el contacto del animal con un patógeno proveniente de un experimento fallido en una estación espacial, lo convertirá en una máquina descontrolada de matar. Junto a él, un lobo gris llamado Ralph, y una cocodrilo americana llamada Lizzie, correrán hacia la ciudad de Chicago atraídos por una señal de aquellos que les infectaron.

Hay un momento en la película en el que Dwayne Johnson -me referiré él por su nombre porque se interpreta a sí mismo- recibe una disparo de bala. A los pocos minutos, está corriendo y pegándose con animales gigantes. Eso es “Proyecto Rampage”, una excusa de dos horas para lanzar fuegos artificiales, y ni siquiera hacerlo en el momento adecuado. Porque el mayor interés de la cinta es lo que se puede ver en los tráileres, y eso tarda mucho, muchísimo en aparecer. Todo lo que sufrimos antes es una trama sin ningún sentido y repleta de personajes cliché, diálogos absurdos, e incoherencias constantes. Amén de esos villanos maniqueos que toman decisiones de borrachos y parecen buscar la muerte a cada paso. A Brad Prey le da igual todo, lo único que le importa es destacar en el Kaiju Eiga -subgénero de monstruos-, y crear una Buddy Movie a la altura.

Los dos únicos aciertos en la diana destacables son las escenas de acción, y la relación entre Johnson y su amigo. Estos últimos protagonizan momentos realmente emotivos que te sumergen en el valle inquietante sin importar demasiado, y que aportan el elemento pausado de una historia insulsa. Porque aunque Brey intenta crear un contexto interesante para la acción, fracasa estrepitosamente. Ni la Doctora Caldwell (Naomie Harris), ni Claire Wyden (Malin Ákerman), ni siquiera Jeffrey Dean Morgan, logran levantar un guion mediocre, que en algunos momentos llega a dar hasta vergüenza ajena. Pero nada de eso tiene importancia. “Proyecto Rampage” está aquí por los monstruos.

Cada plano, escenario, y tonalidad brilla de manera bastante sorprendente. Jaron Presant derrocha todo su talento con una fotografía que encuentra grandes paralelismos con los grises de “Looper”. En esta ocasión, opta por un cromatismo más marrón que aporta esa sensación de apocalípsis que busca la historia. Por encima incluso de esto sin embargo, encontramos los efectos especiales. Warner Bros. se ha gastado 120 millones de dólares en hacer esta película, y muy probablemente gran parte de ellos se han ido destinados a la creación de las tres bestias. Tanto George, como el cocodrilo, y el lobo, son de lo más espectacular que ha dado a luz el cine en lo que llevamos de año. Cada una de sus escenas es tan épica como cabría esperar, y nos regalan un clímax final apoteósico que logra salvar ligeramente el amargor previo.

En definitiva, “Proyecto Rampage” es una historia de telefilm de media tarde envuelta por un papel de regalo dorado. Esta probablemente quede registrada como una de las peores películas de Johnson, y probablemente también engorde el récord del actor. Y es que, aunque el resultado final esté notablemente por debajo del nivel medio del blockbuster, sigue consiguiendo divertir de manera suficiente como para salvar la taquilla. Al fin y al cabo ese es el cine de La Roca, y eso es lo que cualquiera a buscaría en una película con un mono gigante en su póster. Aunque suene paradójico, el ex luchador de wrestling ha conseguido romper la maldición de las adaptaciones con una propuesta que no intenta adaptar nada, pero sí divertir.


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