Crítica de El alienista, un thriller psicológico de contrastes

La clásica novela de Caleb Carr se convierte en una adaptación con toneladas de referencias pero personalidad propia

Crítica de El alienista, un thriller psicológico de contrastes
 

Después de varios meses sumergidos en futuros distópicos, y sociedades avanzadas, la llegada de “El alienista” al catálogo de Netflix resulta un aire de soplo tremendamente fresco. Esta serie, que adapta el famoso libro de Caleb Carr, ya comenzó a destacar el pasado 2015, cuando Cari Fukunaga, el creador de la soberbia “True Detective”, decidió hacerse cargo del proyecto iniciado por Paramount Pictures y financiado por TNT. 5 millones de dólares por episodio, en una adaptación que reunía a lo mejor del panorama televisivo; Eric Roth, Hossein Amini, Gina Gionfriddo, E. Max Frye, el mítico John Sayles, y el propio Fukunaga. Un baile de nombres que sin duda generaron una bola de expectación que pudo ser resuelta el pasado enero. Ahora es Netflix, la que se ha hecho con los derechos de distribución, la que pone a prueba a sus suscriptores con una propuesta que vende por los ojos, pero también por el contenido.

Un asesino en serie, la Nueva York de 1896, y un aire al más puro estilo Sherlock Holmes. “El alienista” es un thriller psicológico que narra la historia de los alienados, de los enfermos mentales en una época en la que eran tratados como deshechos sociales. Para ellos existían los alienistas (de ahí el título), unos médicos dedicados a intentar entender los entresijos de la mente en pleno florecimiento del conocimiento científico. El Doctor Laszlo Kreizler (Daniel Brühl), uno de estos profesionales, es contactado junto a su compañero John Moore (Luke Evans), por el comisario de policía Theodore Roosevelt (Brian Geragthy) para que lleven a cabo una investigación en secreto. A ellos se une una obstianada secretaria llamada Sara Howard (Dakota Fanning) y juntos, utilizando las disciplinas emergentes de la psicología y las primeras técnicas de investigación forense, se proponen encontrar y aprehender a uno de los primeros asesinos en serie de la ciudad de Nueva York.

En “El alienista” el protagonista no es ninguno de los grandes personajes que aparecen, sino el escenario Los esfuerzos del equipo de producción por recrear un escenario creíble e inmersivo dan sus frutos, y aquí nos encontramos una ciudad gris, oscura, pero llena de pequeñas luciérnagas.  No se ha escatimado en detalles ni para dar vida a los barrios ricos ni para dotar de penumbra a los pobres. A pesar de verse obligados a tener que rodar la serie en Budapest, los directores de arte saben captar con precisión el sentir de una época que abandonaba un periodo complicado y oscuro, para abrazar la luz de la tecnología y el desarrollo científico. Y claro, todo eso revierte en una trama que se cuenta con notable facilidad.

Daniel Brühl, quien interpreta al doctor Kreizler, logra un trabajo compacto, que no destaca por el carácter del personaje, pero apuntala lo suficiente el terreno para hacer creíbles los diálogos mordaces y las referencias de la época. Es cierto que su posición le lleva a sentirse ciertamente prepotente en muchos momentos, y su carta de la razón le distancia de sus compañeros y del sentir diario de las calles. Pero aún así logra dirigir con soltura toda la trama permitiendo entrar y salir a muchos personajes secundarios que no pecan de quedar tapados por su actuación. El famoso ilustrador John Moore es quizás el más perjudicado por esto, en tanto que su presencia en “El alienista” cumple el mismo papel que tenía Watson para Sherlock.

Ellos dos representan el incipiente conocimiento psicológico, y se desenvuelven con precaución en un terreno lleno de referencias históricas complejas. Pero la serie sabe compensar sus ritmos con la introducción del comisario de policía Roosvelt -sí el mismo Roosvelt-, en un claro intento de representar la corrupción de la época. Y vaya si se consigue. El vaivén de temas, tonos y escenarios es uno de los mayores puntos de la serie. Tanto los diálogos, como los comportamientos de los personajes, cambian según la ocasión, y marcan de manera decidida las líneas divisoras de una sociedad todavía bastante clasista. Con el paso de los episodios, se puede observar cómo las dinámicas generadas entre estos saltos hacen evolucionar a los protagonistas, y van poniendo distintos temas sobre la mesa; el ateísmo y el catolicismo, la lucha de clases, la lucha de competencias del estado, e incluso el machismo y el desprecio hacia la mujer. Todo un contraste de opuestos que inducen un ritmo de tensión constante.

 

Cuando terminamos de rodar, la conversación que más se alzó fue la relativa a mi personaje: acoso en el lugar de trabajo, abusos de poder, mujeres que no tenían la voz que merecían“, explica la única pero brillante mujer protagonista. Fanning toma con fuerza su primer papel central en una producción, y lo hace brillar entre barro y cerdos. Y es que el papel de Sara Howard viene a resumir lo que significa “El alienista”; un mar de contrastes donde solo los más valientes se atreven a luchar. Sara es una de esas aguerridas que se atrevieron a pelear por los derechos de la mujer, y para ello se mimetizó con una sociedad machista y patriarcal que las veía poco menos que como herramientas reproductivas y familiares. Las líneas de dialogo reflejan con eficacia esas fricciones que terminan construyendo a un personaje fresco, interesante y con presencia. Fanning resulta ser un toque de novedad en una trama que recuerda a muchas cosas ya conocidas.

A pesar de ella, y de ellos, “El alienista” se sigue sintiendo algo vacío. La ausencia notable de temas incidentales que envuelva las escenas, y la frialdad de muchos de sus personajes dejan una sensación algo agridulce. Todo parece compactado para ser como aparece en los guiones, y no encuentro a unos personajes con los que empatizar. Tampoco ayuda la falta de transiciones; momentos climáticos resueltos con un corte en negro que queman por completo todo lo construido hasta esos instantes. En una serie que basa todas sus cartas en a inmersión histórica, resulta complicado de entender el motivo de esta decisión, y no dice mucho en favor de Fukunaga y compañía. Por suerte, esto es maquillado con los brillantes diálogos, y las constantes referencias. Porque la sensación de “esto yo ya lo he visto” es constante a lo largo de los primeros episodios, pero incluso ese agujero está bien resuelto.

“El alienista” bebe de Edgar Allan Poe, de Jack el Destripador, de Sherlock Holmes, e incluso de “Érase una vez américa”. Hemos visto cientos de veces la misma historia en el mismo escenario, pero incluso con todo eso en contra, esta serie encuentra su propio espacio y personalidad. Logra introducir personajes históricos sin perder el punto de mira, y representa los contrastes sociales como pocas series lo habían hecho hasta ahora. El thriller psicológico no es un género sencillo, y menos cuando lo acompañas de un escenario tan convulso como el siglo XIX. “The Alienist” es un reflejo de cómo éramos y cómo somos, del camino que nos queda por recorrer y todas las cosas que debemos aprender. Un cuadro lleno de luces y sombras que a pesar de sus fallos podría estar horas sin dejar de mirar.


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