Detroit: Become Human

Detroit: Become Human

PlayStation 4
9.5

Increíble

Primeras impresiones jugables de Detroit: Become Human

¿Qué nos hace humanos?

Detroit: Become Human
 

¿Qué ocurriría si la creación se vuelve contra el creador? ¿Si el ser humano es superado en inteligencia por seres igual o más de capaces que ellos? El cine y la literatura han tratado durante años el concepto de la inteligencia artificial y las implicaciones derivadas de ella. Sin embargo, Quantic Dreams ha decidido dar un paso más allá, contando no una, sino tres historias al mismo tiempo que construyen un prisma en el que todos los puntos de vista tienen cabida. Detroit: Become Human es el título del estudio que más bebe directamente de la ciencia ficción, pero lo hace con un pie atado al suelo. Una fórmula que sigue la premisa de Cage, y coloca al jugador en el centro de todas las decisiones. Ahora bien ¿Qué tiene este título que no tuviera Fahrenheit, Heavy Rain, o Beyond: Dos Almas?

4 años de desarrollo, 300 personas grabando durante 2 años, 37.000 animaciones. Detroit: Become Human es una obra titánica que nació el pasado 2012 como un proyecto experimental llamado “Kara”. Con el paso de los meses, y una gran acogida inicial, Cage y su equipo decidieron que esta debía ser su nueva gran un historia. Una donde el estudio volvía a poner como protagonistas a personas alejadas del estándar social y natural. Tras las locuras de Lucas en Fahrenheit, el Asesino del Origami en Heavy Rain, y la conexión espiritual de Jodie Holmes  en Beyond, Quantic vuelve a hacer hincapié en la búsqueda del entendimiento humano por comparación. En este caso son los androides los elegidos para dar forma a una historia de nuevo ramificada y llena de matices.

Detroit: Become Human es descrito como un drama interactivo que busca entender la identidad del ser humano. ¿Realmente es la consciencia la base de nuestra existencia? ¿O son los sentimientos y los recuerdos? El juego nos traslada a la ciudad de Detroit en el año 2035, un futuro cercano en el que las inteligencias artificiales, los androides, se han convertido en un elemento más de la sociedad. Son herramientas del día a día, y son tratadas como tal. Sin embargo, comienzan a surgir problemas cuando algunas de estas máquinas obtienen sentimientos. En un sistema donde no son más que objetos, estos androides llamados desviados, liderarán distintas luchas y rebeliones para encontrar su sitio en el mundo.

3 caminos, una misma meta

Nuestra historia es la de tres desviados; Markus, Kara, y Connor. Cada uno cuenta con sus propios intereses y objetivos, pero todos comparten la misma bendición. Los tres han comenzado a sentir, y ahora deben descubrir qué hacer con esos sentimientos. Es ahí donde radica el secreto del juego. Aunque nosotros seremos siempre el centro de la narrativa, y nuestras decisiones tendrán más importancia que nunca, el tono y las situaciones las marcan los personajes que manejamos. Detroit: Become Human es el sacrificio que hace Markus para conseguir la libertad, pero también es la relación de amor de Kara, y las consecuencias del comportamiento dogmático y programado de Connor.  Todos cuentan con personalidades construidas a base de capas que se van abriendo con el paso de las horas.

Markus es un androide de la serie RK800 que vive con el célebre pintor Carl Manfred. Aunque en un comienzo Markus no era más que una herramienta para ayudar en el día a día del anciano en silla de ruedas, poco a poco se va creando entre ambos una relación paternofilial . Un lazo emotivo que no tarda en tener consecuencias en su entorno, y termina empujando al androide hacia una lucha por la justicia. Organizando una rebelión androide histórica, Markus deberá luchar por sus derechos y los de sus compañeros tomando el camino más correcto. La resistencia tiene un precio, pero ¿la violencia está justificada? Esa es la pregunta que tendremos que decidir durante su historia.

Por su parte Kara, la imagen más visible de Detroit: Become Human, es un modelo AX400 destinado a las labores domésticas. Todd Wiliams, un padre de familia borracho y sin ningún futuro es quien se hace con los servicios por alquiler de esta androide. Sin embargo para Kara su verdadera razón para existir será Alice, la hija de la familia, que a falta de una madre, encuentra en ella un refugio emocional done crecer, y una protección ante los peligros del mundo. Kara comenzará a desviarse poco a poco tras varios episodios de violencia protagonizados por el padre y su depresión, hasta que un día toma las riendas de su vida e inicia la búsqueda de un hueco como humana en la sociedad. ¿Tiene derecho a vivir como los demás? El amor tiene un precio que deberemos estar dispuestos a pagar.

Para entender una historia es necesario conocer todos los puntos de vista, y Connor es el representante de los opresores. Nacido como prototipo de la serie RK800, Connor tiene como principal objetivo ayudar a los humanos en investigaciones científicas y policiales. Cuenta con sofisticados sistemas de análisis y deducción que le convierten en el compañero ideal. Algo que no tarda en descubrir Hank Anderson, un detective escéptico y alcohólico que se verá forzado a colaborar con esta máquina a ojos de una sociedad que cada vez ve con más miedo y descrédito a unas creaciones que podrían quitarles el trabajo. La historia de Connor es la que más reminiscencias posee con Heavy Rain, y la que mejor evidencia la evolución de las mecánica jugables de los títulos de Quantic Dreams. Connor es la representación humana de esta historia, y como tal intentará corregir la situación de los desviados, pero terminará entendiendo que la lealtad tiene un precio.

¿Y si…?

La historia de Detroit: Become Human se desarrolla entre los tres protagonistas al mismo tiempo. Está construida a base de capítulos, saltos temporales y cambios de localización, que van entretejiendo una red de conexiones en torno siempre a la cuestión filosófica que ya planteaba Descartes en el Discurso del Método. De hecho, el juego es una evolución del conocido test de Turing, pero llevado a cotas nunca antes vistas en el medio. Siguiendo esta estructura, tanto el tono, como las mecánicas varían notablemente en función de a quién estemos manejando. Mientras que la historia de Kara recuerda a la soledad de Beyond, y su recorrido desde la más absoluta por las calles de la ciudad nos retrotrae a Jodie y su travesía, las investigaciones policiales de Connor son un claro homenaje a Fahrenheit y Heavy Rain. Análisis de pistas, reconstrucción de escenarios, negociación de rehenes, todos los elementos jugables de esa trama tienen la esencia del estudio sellada en su concepción.

Es quizás la historia de Connor la que más sorpresas depara en tanto que presenta un escenario nunca antes visto en los anteriores títulos, y dota de cada decisión de mucho más peso. Nuestro objetivo con cada uno de ellos sin embargo será el mismo: superar cada una de las secuencias de cada personaje en cada acto, intentando dirigir la historia hacia el punto que deseemos. Aquí al igual que en juegos anteriores, no hay malas o buenas decisiones. Sea cual sea la resolución de la escena -incluso si nuestro protagonista muere- la historia continúa de una manera u otra. Tenemos completa y absoluta libertad para tomar la decisión que queramos sin estar ligados a la existencia de ningún personaje. Aunque Kara, Connor y Marcus son los peones utilizados para transmitir el mensaje, la sociedad de Detroit sigue funcionando sin ellos.

Hasta aquí nada que no hubiera visto hasta ahora en el recorrido del estudio. Una historia donde las decisiones importan, varios caminos que tomar, y el jugador como elemento principal de todo el ecosistema. Quantic Dream se apoya en sus bases para perfilar y mejorar la fórmula. Y la primera señal de esto lo encontramos en la tabla de flujo. Una suerte de resumen que veremos al final de cada acto en el que se nos muestra en forma da flujo -obviamente- todas las decisiones que hemos ido tomando, y los caminos secundarios que quizás no hemos explorado. En función de la cantidad de caminos por los que hayamos discurrido, obtendremos un porcentaje que posteriormente podremos comparar con otros jugadores vía online. Esto permite no solo tener consciencia del rumbo que está tomando la historia, sino que nos permite rejugar los fragmentos que queramos para sacar el máximo partido al contenido.

En la primera pasada, solo veremos el camino que hemos tomado nosotros. El resto de vías aparecen ocultas para no arruinar la magia del título. Además, la referencia aquí serán unos puntos de control invisibles situados a mitad de cada acto que posteriormente nos servirán para retomar la historia desde ahí si queremos vivir alguno de los sucesos no vistos. Porque uno de los principales objetivos no narrativos de Detroit: Become Human es ese, la exploración. El estudio nos invita a explorar todos los escenarios, a leer todos los documentos, y probar la mayor cantidad de líneas de diálogo, dándonos a cambio alicientes en forma de nuevos posibles escenarios, o respuestas en conversaciones ocultas. Todo con el propósito de crear la sensación de pseudolibertad y condicionamiento marca de la casa.

A pesar de las tres historias, de que nuestras decisiones importan -y de verdad-, y de que los escenarios con más grandes que nunca, el juego sigue estando notablemente guiado. Siempre tendremos la sensación de estar yendo por el camino que quiere el estudio que vayamos, aunque esto está ejecutado de manera discreta y muy eficiente. Un precio a pagar a cambio de una trama construida concienzudamente con miles de caminos que tomar, pero una meta prefijada. En Quantic Dream eran conscientes de lo que estaban creando, y para aliviar el viaje del jugador dedican todos los esfuerzos técnicos y jugables a crear un entorno vivo y realista. Detroit: Become Human es uno de los títulos de PlayStation 4 con mejores gráficos. Una bestia en movimiento que parece adaptarse de forma orgánica y autoconsciente.

El tan temido downgrade de los últimos tiempos no está presente en la última obra de Cage.  El rostro de Kara, como el del resto de personajes sigue luciendo igual de espectacular que en los primeros tráileres. La versión que pudimos probar nosotros del juego corría en una PlayStation 4 Pro con una resolución reescalada a 4K gracias al chekerboard rendering.  Una calidad que estará igual de presente en la versión estándar de la consola gracias a los 1080p y 30 FPS. Y es que el juego no destaca tanto en las transiciones o fluidez de los movimientos como sí en el preciosismo del entorno y los reflejos. El agua es el elemento que mejor luce en el apartado gráfico, y su resultado final es verdaderamente espectacular. El efecto que crea la lluvia, las superficies mojadas, y las luces sobre los charcos poco tienen que envidiar a un cuadro impresionista.

Todo ello está acompañado de un apartado sonoro de altísimo nivel. La banda sonora tiene un importante papel a la hora de sumergirnos en la historia, y lo consigue en casi todo momento. Los silencios están muy bien medidos, y todo encaja a la perfección en una historia de ritmo casi incesante. Al menos así sucede en las primeras horas de juego, en las que se suceden una serie de pequeños puntos de clímax consecutivos que apenas dejan respirar. Entendemos que se debe a la construcción inicial de las personalidades de los androides desviados. Su “salida” del camino estipulado es tan convulsa para ellos como para nosotros y para las personas que viven a su alrededor.

Aún con todo ello, Detroit: Become Human no es perfecto. Resulta complicado evaluar un título eminentemente narrativo solo jugando sus primeras horas, pero durante la primera toma de contacto quizás no sorprenda tanto como debería. El género en el que se mueve la historia ha sido ya muy explorado, y durante los compases jugados no presenta ninguna novedad o ni aporta nada destacable a la ciencia ficción. Se agradecen sus referencias a otras obras como Blade Runner o El hombre bicentenario, pero también se echa en falta un poco más de riesgo a la hora de anclar los principales puntos de la trama. Cosa que posiblemente se arregle a medida que pasen las horas y los personajes terminen confluyendo en un mismo punto.

En conclusión, estamos ante un título notable que evidencia una evolución más que notable en la forma de trabajar de Quantic Dreams. A lo largo de los años han ido refinando su fórmula, y con Detroit: Become Human logran sacar a relucir lo mejor de su estilo introduciendo nuevos elementos, pero manteniendo al mismo tiempo lo ya conocido. Los quick time events clásicos siguen estando presentes, y el modo “detective” para analizar el entorno también. Todo lo demás es un terreno inexplorado que apunta maneras para convertirse en una de las experiencias más interesantes de toda la generación. El próximo 25 de mayo será el momento de descubrir si la inteligencia artificial es tan peligrosa como nos han contado, viviéndola desde su propio punto de vista.


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