Crítica de Vengadores: Infinity War, el sueño hecho realidad

Vengadores: Infinity War

Crítica de Vengadores: Infinity War, el sueño hecho realidad

¿Para qué cumplir las expectativas si puedes superarlas?

Crítica de Vengadores: Infinity War, el sueño hecho realidad
 
 

Nació como el aleteo de una mariposa, como una ráfaga de viento de la que nadie se percata, pero poco a poco fue creciendo, hundiendo sus raíces en la tierra, y levantando el monumento más espectacular jamás visto. Marvel tenía que poner la guinda a un pastel cocinado durante una década, y además debía contentar a comensales con un gusto tremendamente exquisito. La tarea no era fácil, pero los milagros a veces ocurren, y “Vengadores: Infinity War” no es la mejor película de la historia, pero sí la más brillante, espectacular, y eficaz. Los hermanos Russo han cumplido con las expectativas, creando un puzle que encaja de manera soberbia y que cierra un círculo perfecto.

Resulta complicado hablar de esta película sin hacer spoilers, pero más complicado resulta plasmar en palabras las sensaciones. Porque “Vengadores: Infinity War” es precisamente eso, un festival de lágrimas, sonrisas, y esperanzas, una consecución no solo narrativa, sino también estilística. Quizás es ahí, en la conjunción de todas las partes, donde más detalles haya que apreciar, donde los hermanos Russo han puesto más esfuerzos desde el plano cinematográfico, y donde realmente se puede evaluar con cierta objetividad su trabajo. El resto, la expectación, lo icónico de algunas escenas, y la concepción simple de un crossover con todos los superhéroes, es algo nacido de una cosa llamada Universo Cinematográfico, pero no atribuido particularmente a “Vengadores: Infinity War”.


Esta crítica NO contiene spoilers de la trama, ni hace mención directa ni indirecta a ninguna escena ni acontecimiento importante.


Cuando hace ya varios años se supo de la existencia de “Vengadores: Infinity War”, nadie tuvo dudas de que lo más complicado sería unir a una plantilla de más de veinte personajes en una misma película. El problema era palpable, nadie antes lo había hecho, y para lograrlo se necesitaban soluciones creativas. Aunque en los créditos de la película aparecen bajo el rótulo de “director”, los hermanos Russo, en realidad hay un ensamblaje evidente y un trabajo orquestado entre muchas personas. Durante las dos horas y media de acción sin desenfreno se pueden palpar con facilidad las costuras entre unas partes y otras. Las personalidades de cada uno de los héroes se mantiene intacta, y pese a haber dinámicas muy interesantes entre algunos de ellos, estas se producen en pequeños módulos cerrados. Cosa que tristemente provoca que un determinado personaje no entre en contacto en ningún momento con otro.

Repartir el protagonismo por igual era complicado, y aunque finalmente se logra un equilibrio satisfactorio, por el camino se quedan héroes de los que quizás se esperaba un mayor peso. Esto, al mismo tiempo permite que ciertos personajes puedan tener un desarrollo y recorrido más completo y real que en ninguna de sus anteriores películas. Los Guardianes de la Galaxia siguen siendo igual de graciosos que siempre, Spider-Man continúa con sus referencias a la cultura pop, y Iron Man todavía porta ese asqueroso traje de ego. Pero por encima de todos ellos, hay unos pocos elegidos que sirven como pilares básicos del guion. Y sobre estos se levanta Thanos, la verdadera piedra de toque sin la que el resto de elementos se vendría abajo.

El titán es el mejor villano de todo el Universo Cinematográfico de Marvel, y probablemente de toda la historia de los superhéroes en la gran pantalla. Su presentación -lo de 2015 fue un cameo- era complicada si tenemos en cuenta que solo había sido mencionado en unas pocas ocasiones. Aquí tenía que encontrar su sitio entre un repertorio de caras infinito, para dar volumen y contexto a sus actos. Y sí, los hermanos Russo lo consiguen. A los lectores de los cómics no les resultará sorprendente encontrarse con un villano lleno de matices, y con una ética a ratos detestable, y a ratos perturbadora.

En su persona se condensa el dicho de “el fin no justifica los medios”, pero cuando ese fin es el que es, se produce un sentimiento de compasión. No hay distancia con el villano aunque esté claramente en minoría, y todo lo que hace en pantalla y fuera de ella tiene sentido, peso, y se entiende dentro de un contexto en el que todos luchan por su propia supervivencia. Esto además se logra sin caer en flashbacks pesados, ni en reiteraciones. Todo resulta ameno, y se va construyendo sobre el ritmo diabólico que trascurre por debajo.

Thanos es el único personaje de “Vengadores: Infinity War” que “es”, los demás “hacen”. Si algo hay que destacar del trabajo de los Russo, es el hecho de haber creado una historia de una duración considerable, sin caer ni en la fatiga ni en el aburrimiento, mostrando en todo momento cosas. Siempre está pasando algo importante en pantalla, algo que lleva a algo importante, o las consecuencias todavía más importantes de eso mismo. No hay espacio para la relajación ni el respiro. Si de una escena de acción salta a un momento de más calma, la división de tramas hace que sigas en tensión. Es una orquesta perfectamente afinada que sabe siempre lo que hace y por qué lo hace. Te agarra y no te suelta, te conduce hasta llegar a uno de los desenlaces más espectaculares, sobrecogedores, e impactantes de toda la historia del cine.




La película no sigue el esquema narrativo clásico de introducción, nudo y desenlace, porque se queda con esta última parte y la convierte en un salto en paracaídas de más de dos horas. Desde el primer minuto te arroja cubos de agua fría a la cara, y las transiciones que encuentran los directores para hilar las distintas partes están en sitios poco comunes. Tanto es así que todo genera sorpresa, se crea un contexto propicio para el giro esperado, el inesperado, y cualquier otro tipo de malabarismo capaz de hacerte remover el culo en el asiento. Lo que sí respetan los Russo es el último cuarto de la película. Una sucesión tras otra de bofetones, con momentos de luz, pero también de oscuridad. Poco a poco van dibujando en tu mente la palabra esperanza, y finalmente te dan una respuesta que te deja sin habla.

“Vengadores: Infinity War” cumple con todas las expectativas -que no eran pocas- e incluso las supera. Es una oda a diez años de historias, pero también a más de medio siglo de superhéroes. Un verdadero espectáculo capaz de hacer llorar hasta al más entusiasta, y capaz de encender una cerilla en una noche pasada por agua. Los hermanos Russo han sabido complacer a todos sin perder su estilo -las escenas de acción cámara al hombro se mantienen- y conmover incluso a aquellos que se mostraban distantes a lo que se gestaba. Cinematográficamente hablando es un ejercicio notable, pero como experiencia, es algo que todo el mundo debería vivir por lo menos una vez en la vida.


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