Crítica de la segunda temporada de Por trece razones: Con Hannah fue suficiente

Por Trece Razones

Crítica de la segunda temporada de Por trece razones: Con Hannah fue suficiente

Todos los episodios están disponibles en Netflix desde hoy

Crítica de la segunda temporada de Por trece razones: Con Hannah fue suficiente
 

Basada en la original estructura del libro homónimo escrito por Jay Asher, la primera temporada de “Por trece razones” contó la espeluznante historia del suicidio de la adolescente Hannah Baker logrando un éxito rotundo entre el público de Netflix gracias, en gran parte, al boca a boca. La serie pasó a ser un fenómeno televisivo y no estuvo exenta de polémica, pero las críticas siempre se mantuvieron positivas incluso durante el impactante final.

Dado el gran éxito de la adaptación, el equipo rápidamente comenzó a trabajar para continuar la serie a pesar de que el material de la novela original ya había sido plasmado en toda su extensión. Ahora, un año después, Netflix acaba de estrenar la segunda temporada al completo con un total de 13 episodios a través de los cuales la audiencia conocerá las consecuencias de la decisión de Hannah y los nuevos problemas a los que deben hacer frente Clay y sus compañeros.

La narración principal se traslada ahora al juzgado, donde la afligida madre de Hannah (Kate Walsh) busca justicia para su hija mientras lucha contra el arrepentimiento, la confusión y la culpa. Sin entrar en lo innecesario que resulta narrar esta parte de la historia, es de agradecer que el creador de la serie, Brian Yorkey, no se haya sacado de la manga trece nuevas cintas o un nuevo suicidio para volver a atraer la atención de todos los espectadores. Por supuesto, sería una tontería esperar que Netflix o cualquier productora sacrifique una serie de éxito en nombre de la pureza narrativa, por lo que solo queda confiar en que los guionistas mantengan la esencia de la serie.

La primera temporada se centró en buscar quién era el verdadero culpable de que Hannah acabara con su vida, una pregunta que en sí misma causó gran polémica entre los profesionales de la salud mental, ya que un gran número de ellos advirtieron del error que usualmente supone asignar la culpabilidad de un suicidio a una persona. En esta ocasión, “Por trece razones” parece haber aprendido de la controversia en torno a estos temas y matiza satisfactoriamente cada punto a tratar. Incluso los propios personajes mantienen conversaciones realmente maduras.

En este aspecto, es complicado que una serie de televisión muestre de forma tan explícita temas como el acoso en la adolescencia, la agresión sexual, la misoginia sistémica o la depresión; pero aún más complicado es que explore las consecuencias reales que pueden conllevar estos temas como ocurre en “Por Trece Razones”. Anteriormente, solo vimos en profundidad la lucha de Hannah, pero ahora somos capaces de obtener un diágnostico mucho más amplio al poner el foco en la comunidad educativa, en las familias y, sobre todo, en el interior de los demás personajes, obteniendo así múltiples puntos de vista de una misma situación.

Sin embargo, lo que hizo que la primera temporada de la serie fuera tan entretenida fue el hecho de lograr construir la historia de la muerte de Hannah como un misterioso asesinato utilizando las populares cintas como una pista diferente en cada episodio. La nueva entrega está mucho menos estructurada en este sentido, ya que en lugar de utilizar las cintas como guía, cada episodio se centra en el testimonio de un estudiante.

Aunque el reparto sigue siendo el mismo, esta temporada inevitablemente ha tenido que sacrificar la estructura narrativa de su antecesora. Entre otras cosas, al no poder seguir contando la historia a través del punto de vista de Hannah, ahora esta se ha convertido en una visión fantasmal de Clay que por momentos llega a ser humorística a pesar de los grandes esfuerzos de Katherine Langford por seguir dando vida a un personaje excepcional. Continuar la serie ya era una decisión forzada, pero este planteamiento pasa a rozar lo absurdo. Aun así, seguir la serie sin este personaje habría sido incluso peor.

Asimismo, el mayor problema de la primera entrega se acentúa aún más en esta secuela. Si trece horas ya eran excesivas para adaptar la novela de Asher en su totalidad, lo son aún más para narrar únicamente los pequeños frentes abiertos que dejó sin una conclusión explícita. Esto provoca no solo una enorme falta de ritmo por momentos, sino multitud de situaciones de relleno que carecen de todo interés.

No obstante, si eres capaz de mantener tu fidelidad en “Por trece razones” a lo largo de estos extensos nuevos trece episodios, la serie te irá dando pequeños motivos para tratar de convencerte de que esta segunda temporada era necesaria y que incluso no estaría de más una tercera entrega. En cualquier caso, es una historia capaz de tratar aspectos controvertidos de forma madura y que puede significar una gran labor de concienciación sobre los temas mencionados anteriormente tanto para los adolescentes como para sus padres.

El trauma que Jessica sufre a raíz de su violación es claramente el punto más destacado de esta segunda temporada. La sensibilidad y el realismo con los que tratan un tema tan duro como este resultan ideales para visibilizar estas situaciones en un momento en el que se encuentra de tanta actualidad en nuestro país debido al movimiento #YoSíTeCreo surgido a raíz de la sentencia del caso “La Manada”. De hecho, la fuerza de este argumento deja en peor lugar el desarrollo de otras subtramas que abordan temas tan comprometidos como el consumo de drogas, la falta de vivienda, el acoso cibernético, la violencia escolar, la culpabilidad, los trastornos mentales, el sistema de justicia, los fallos del sistema escolar, la sexualidad, los privilegios económicos o las conductas de género, entre otros.

Por tanto, en cierto modo esta segunda temporada de “Por Trece Razones” no resulta ser el completo desastre que muchos esperaban dada su innecesaria existencia, pero su excesiva duración provoca que la serie no se sostenga. A pesar de todo, esta no deja de ser una historia sobre jóvenes que siguen descubriendo que el mundo no dejará de abofetearles con las realidades más complejas de la vida.


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