Crítica de Han Solo: Una historia de Star Wars, diversión sin alma

Han Solo: Una historia de Star Wars

Crítica de Han Solo: Una historia de Star Wars, diversión sin alma

Ron Howard consigue cerrar una película competente que sin embargo no encuentra razón para existir

Crítica de Han Solo: Una historia de Star Wars, diversión sin alma
 

Hablaba diferente, se movía diferente, y hasta olía como ninguna otra cosa lo hacía en su mundo. Disney tomó una decisión complicada cuando decidió estrenar una película por año, conocedores de la posible fatiga que eso generaría. Pero fue entonces cuando el grandioso invento llamado Antología apareció sobre la mesa de Bob Iger para salvar los platos. Como un bálsamo que aliviara el hinchazón, Lucasfilm se dispuso a expandir el universo Star Wars saliéndose de manera arriesgada de la trama principal de la franquicia. Algo que funcionó sorprendentemente bien con “Rogue One”, y que ahora se dispone a repetir con una de las películas más complicadas del estudio. “Han Solo: Una historia de Star Wars” no cuenta con el beneplácito de todos los fans, es un hecho, pero mete la cabeza hasta el fondo del fango, y logra salir con vida destilando valentía.

Que este spin-off acabe con un resultado positivo en crítica y taquilla será simplemente un milagro, uno con nombres y apellidos. Ron Howard hizo lo imposible y en unas pocas semanas ha logrado construir una película, que aunque no brilla cuando se la coloca al lado de sus hermanas, logra moverse competentemente. Explorar el pasado de un personaje tan importante como es el contrabandista encajando todas las piezas de la cronología y además entreteniendo, es un ejercicio de malabarismo que el director y los guionistas se agencian con oficio. El western y la aventura del personaje, la épica de la saga, y el humor de su compañero peludo están presentes, pero en esta sopa también hay algún que otro ingrediente que amarga considerablemente el sabor final.

Esta crítica no contiene spoilers

La historia nos traslada a los primero año de un joven llamado Han (Alden Ehrenreich), que sobrevive del pillaje en las mugrientas calles de Corellia. Allí junto a su novia Q’ira (Emilia Clarke), vive el día a día escapando del cada vez más asfixiante control del imperio, facción en plena expansión por toda la galaxia que usa dicho planeta como astillero de su flota . Sus sueños y ambiciones sin embargo le llevarán a embarcarse en una aventura de contrabando en la que conocerá a amigos -alguno muy conocidos en la franquicia-, enemigos, pero especialmente aprenderá a no fiarse nunca de nadie. El carácter de ese joven terminará fraguando en una persona pícara pero muy, muy valiente.

Al igual que ya sucedió en “Rogue One”, aquí Lucasfilm vuelve a distanciarse de la saga principal obviando el clásico pasar de las letras amarillas, para lanzar directamente el logotipo y saltar de lleno a la acción. “Han Solo: Una historia de Star Wars” comienza de manera trepidante, y sabe mantener la tensión sin llegar nunca al clímax, pero tiene problemas graves de ritmo en los momentos valle. Pese a durar notablemente menos que las anteriores películas del estudio (2 horas), tiene un ritmo muy irregular con el que el propio protagonista no es capaz de lidiar. Bien es cierto que Ron Howard ha logrado confeccionar una historia que aunque no destaca por su originalidad, sí entretiene, pero es una diversión vacía. No hay interés por conocer más allá de lo que uno ve en ese momento, y la narración tampoco invita a sumergirse en la trama.

De esta irregularidad gran parte de culpa lo tienen los personajes. Alden Ehrenreich cumple con su papel de manera efectista, pero lejos se queda de Jyn Erso, y mucho más lejos de su homónimo Harrison Ford. Las comparaciones en este caso eran inevitables, y en ese sentido el actor consigue encontrar un espacio propio de interpretación que escapa de la copia con la consecuente pérdida de carisma. Ciertos gestos, y la chulería general del contrabandista siguen estando presentes, pero este Han poco tiene del atractivo de ese héroe curtido de la trilogía original. Aquí aparece representado como un joven inexperto que debe aprender de cero, y eso repercute en su capacidad de cargar con el peso de una película así. Por suerte para él, cuenta con dos de los personajes más carismáticos de toda la franquicia.

Donald Glover, con apenas cuatro apariciones, plasma una de las mejores actuaciones de su carrera. Lando desprende carisma, brilla en pantalla, y los demás personajes parecen moverse a su ritmo. Todos excepto L3-37, una androide piloto con fuerte carácter y unos marcados valores feministas. Un gesto que sin duda agradecerá gran parte del público, y que logra construir a un personaje inolvidable. Tanto sus líneas de diálogo como las de Calrissian son lo más personal y ácido de toda la película. Es gracias a ellos que la trama consigue avanzar en los momentos más peliagudos, cuando todo parece estancarse.

Poco se puede decir de Woody Harrelson y de Thandie Newton. Ni uno dando vida al mercenario Becket, y ni la otra a su compañera Val, terminan de encajar del todo en la historia. Su sección de la película es presentada más como un trámite para lo que llegará después, que como algo valioso por sí mismo. No es de extrañar que cuando Han conoce por fin a Chewbacca y comienza su vida como contrabandista, Ron Howard empiece a desatar sus dotes de cineasta experimentado. El director es cumplidor, y no tiene ningún error destacable, pero no consigue quitarse en ningún momento la losa de la previsibilidad. Los personajes no sorprenden, la historia parece salida de un arrebato creativo, y el villano es como poco olvidable. Lucasfilm no termina de dar con un antagonista a la altura de Kylo Ren o Darth Vader, y continúa dando tumbos.

A Dryden Vos ni está ni se le espera. Poco puede hacer Paul Bettany con un villano tan maniqueo y aburrido. El “soy malo” porque así lo dice el guion es algo que a estas alturas no funciona, y desentona con el sentir especial del resto del spin-off. El personaje es previsible y plano -como casi todos en esta película-, cosa que influye en el desenlace de la historia. Menos mal que Lucasfilm tenía una sorpresa muy especial guardada para dicho momento con uno de los cameos, por no decir el más, importante y sorprendente de toda la franquicia. No se puede hablar mucho de él sin hacer spoiler, pero solo cabe decir que tendrá muchas implicaciones para las futuras entregas de la Antología.

En términos técnicos el estudio de Kathleen Kennedy sigue siendo una máquina perfectamente engrasada. Aunque en esta ocasión no había sables láser, ILM tenía por delante el reto de recrear a un buen puñado de criaturas nuevas -todas las que aparecen en la película lo son- y construir varios planeta nunca antes vistos. Corellia es espectacular, y el resto de localizaciones de la trama pese a ser algo más simples, también están a la altura de la saga. Aquí la fotografía abandona el azul de “Rogue One” para pasarse a un naranja cálido que funciona muy bien y favorece en gran medida las escenas de Lando. Quien no cambia es John William, maestro validado por su trabajo que en esta ocasión recurre al tema creado por él mismo para Han Solo años atrás, y lo mezcla con nuevas piezas no demasiado carismáticas, pero sí envolventes.

En conclusión, “Han Solo: una historia de Star Wars” es la película que muchos esperaban. Una aventura que cumple al encajar con habilidad todo el pasado del contrabandista sin caer en contradicciones con la trilogía original, y que posee momentos muy Star Wars. Sin embargo, como también se preveía, Ron Howard no consigue tocar el techo, y se queda a medio gas si comparamos su trabajo con el de las últimas entregas. La película, a pesar de esforzarse, cae constantemente en la condescendencia con el fandom, y se sigue sintiendo innecesaria. Todo lo que cuenta no aporta nada al canon de la franquicia. Exceptuando el magistral cameo, lo demás probablemente se evaporará como arena con los meses, y quedará relegado a una película “competente”, a una de las entregas menos lúcidas de Star Wars.


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