Crítica de First Man: La mejor oda espacial jamás creada

Chazelle se deja el alma en una historia tan dramática como apasionada

Crítica de First Man: La mejor oda espacial jamás creada
 

Muchos años, quizás demasiados, había tardado Hollywood en narrar la historia que más ha contribuido al fervor patriótico norteamericano en el último medio siglo. ¿Pisamos la Luna? ¿No lo hicimos? En una época en la que cualquier pequeña victoria suponía un golpe sobre el rival, vender la imagen de Neil Armstrong con la bandera nacional sobre el satélite blanco, era crucial para enfriar la por entonces caliente Guerra Fría. Damien Chazelle se lanza a contar esta historia desde una triangulación casi imposible. “First Man” quiere ser una biografía, y habla como tal, pero se termina perdiendo en el perfume de su director.

Cuando el director anunció que dejaba de lado su estilo más reciente con “Whiplash” y “La La Land” –en ambas se perciben cierta continuidad- hasta el más despistado entendió el porqué. Chazelle no escogía la historia más popular del último medio siglo en Estados Unidos, y fichaba a su actor predilecto, y una de las estrellas del momento, para saborear el notable. Chazelle perseguía el Oscar, los aplausos en el circuito de festivales, y hacerse un hueco en ese estrato tan odiado y querido como es el cine de autor. Todo esto consigue que el viaje a la Luna sea pasional, dramático, una nota sostenida de tensión que destila recursos reconocibles en su filmografía, y que abraza el biopic de forma atrevida.

Una palabra define “First Man”, y esa es “lenta”. Con más de dos horas y media de metraje, cabía esperar que la película se detuviera más en el drama sobre tierra, que en la épica sobre el aire. Pero lo cierto es que el equilibrio está medido con astucia. Ryan Gosling recurre aquí a su cara inexpresiva para plasmar a un hombre depresivo, poco afectivo, y algo altanero. Neil Armstrong no es el héroe que nos vendieron, no al menos enteramente, y Chazelle busca la tragedia explotando su perfil menos propagandístico. La familia, su mujer –interpretada por una Claire Foy algo impotente-, y sus inseguridades, son el pilar sobre el que el director se apoya para buscar el vibrato en las escenas espaciales. Y la verdad es que lo consigue.

El director aprendió con “Whiplash” que la tensión narrativa es fácil de perder si se afloja el lazo, y en “First Man” echa mano de todo su talento para no dejar espacio entre el drama y el espectador. Los primeros planos ocupan más de tres cuartos del metraje, y todos los momentos importantes están narrados casi desde el interior de los personajes. Algo que solo podría hacer con un reparto como el que tiene. Y es que Gosling puede gustar más o menos, pero su habilidad para plasmar el alma rota de un hombre a través de una mirada perdida es sobresaliente. Sí, el carácter soberbio de“La La Land” se deja entrever, pero el resto es un remolino de emociones que hipnotiza.

Entre rostro y rostro, los planos generales con carácter artístico completan el puzle. “First Man” está compuesta de pequeños picos de dramatismo y tensión que se rellenan con varios saltos temporales, una fotografía apagada que engancha suavemente con el tono y los momentos espaciales, y un silencio sepulcral. Chazelle quiere que recorramos con Armstrong un pasillo hacia el vacío del espacio, y se reserva los pocos acordes de la banda sonora para instantes muy precisos. Cosa que no habíamos visto previamente en su filmografía, pero que sin duda es uno de los puntos importantes para entender por qué la tensión explota cuando debe explotar. ¿El problema? Entre brillo y brillo, nos topamos con valles excesivamente largos en los que se repiten ideas y se ahonda hasta la extenuación en el drama personal del astronauta.

Este no es un biopic cualquiera, es una interpretación vitaminada y personal de un director que busca el aplauso y el reconocimiento demostrando arrojo. No es de extrañar que la película haya resultado hasta insultante y soberbia para muchos, pero la concordia es inevitable cuando Armstrong hace lo que realmente se le da bien; volar. Los planos exteriores son contados, y las recreaciones inexistentes. Las escenas aéreas, y posteriormente espaciales, están narradas desde el punto de vista del astronauta. La cámara oscila, se pierde entre tanta vibración, y llega a fundirse con los cohetes. Hay una obsesión evidente del director por sentir con el oído las reverberaciones de los remaches al despegar, de la presión haciendo crujir las estructuras metálicas. Y todo ello consigue que la inmersión en cada viaje sea completa, cruda. Una experiencia que nos convierte aunque sea por poco, en viajeros espaciales.

Puede decirse que no todo es perfecto, que la exposición de algunos temas es demasiado larga, o que incluso la inexpresión de Gosling es exasperante, pero nada de eso impide catalogar esta obra como la más intencional de Chazelle. El viaje a la luna ha sido un mito durante siglos, y el hito americano solo pudo ser enteramente disfrutado y valorado desde una perspectiva patriótica. “First Man” es una experiencia única que no deja nunca de mirar hacia las estrellas, y que con el brillo dorado de las estatuillas en los ojos, pone un pie en el astro blanco.


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