tokyo ghoul: re

Tokyo Ghoul:re

Crítica del episodio 17 de Tokyo Ghoul: Re: Una nueva esperanza

Kaneki toma el rol que dejó la muerte de Arima

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Llega el fin de una etapa en Tokyo Ghoul: Re. El enfrentamiento entre Arima y Kaneki, que finalizó con muerte del primero y victoria de este último, supuso un punto de inflexión tras la increíble oleada de sangre que había asolado al anime en los últimos episodios. Las consecuencias de la caída del Rey Ghoul de un Ojo -rol recordemos encarnado en secreto por Arima- dejaba en existencia muchos interrogantes en torno a la posibilidad de que dicha figura desapareciera por completo. No obstante, será finalmente el propio Kaneki quien se encargue de que los deseos y aspiraciones de Arima persistan en el tiempo.

Esa es la gran revelación con la que abre el episodio 17 de Tokyo Ghoul: Re, ni más ni menos que la intención de Kaneki por heredar el trono y convertirse en el Ghoul Rey de un Ojo -algo que, por otra parte, se encontraba en los deseos de Arima-. Pero, ¿qué pretende hacer Kaneki con dicho título? Pues seguir dando vida a los sueños de Arima y conseguir que, de una vez por todas, reine la paz entre Ghouls y humanos. A pesar de que ambos se han visto largamente enfrentados, dejando centenares de muertes a sus espaldas, Kaneki parece convencido de que la única opción que queda en este punto es la de estrechar lazos y poner un fin a la violencia. Lógicamente, esto no es algo que pueda conseguirse de la noche a la mañana y sin contar con ningún tipo de recursos, motivo por el que rápidamente Kaneki se dispone a comenzar a reclutar a cuantos más aliados mejor y, similarmente, dar forma a una alianza mediante la que organizarse.

Así es como en última instancia nace ‘Cabra’, la organización ‘antihumanos’ creada por Kaneki y dirigida por la figura del Rey Ghoul de un Ojo -el cual es él mismo-. Pese a que Kaneki no tarda demasiado en sumar fuerzas, como Tsukiyama, hay quien todavía se opone a sus intenciones. Naki no olvida cómo Kaneki fue el principal causante de la muerte de Oomori, el jefe al cual había adorado antes de su etapa de líder en los Trajes Blancos. A pesar de su sed de venganza, Naki se ve incapaz de hacer frente a Kaneki, asumiendo rápidamente la derrota. Este se mantiene firme en sus deseos de detener la violencia y a continuación extiende la mano a Naki, confirmando de esta manera el control sobre los Trajes Blancos. Es importante resaltar cómo Kaneki se muestra comprensible y entendedor del dolor acumulado que Naki siente, y eso es precisamente a lo que aspira hacer desaparecer con su renovada identidad como Rey Ghoul de un Ojo. Se acabaron los derramamientos de sangre sin sentido y la violencia gratuita que hasta la fecha había caracterizado toda acción en el universo de los Ghouls. A partir de ahora, la muerte no será más que un último recurso, un suceso inevitable al que se pretende poner fin.

Existe una condición que será extremadamente necesaria por tal de cumplir las intenciones de ‘Cabra’, y esa es una base formada en el entendimiento. Como hemos venido destacando, Ghouls y humanos no han mostrado comportamientos excesivamente distintos hasta la fecha -a excepción de algunos casos radicales- y con el descubrimiento acerca de la genética del Clan Washuu, parece imperativo hallar tarde o temprano un término medio entre ambos. Kaneki no será el único que abogue por estas intenciones, y vemos a Touka precisamente apostando por esto mismo. El ‘experimento’ en cuestión se lleva a cabo con la Inspectora Mado, la cual ha logrado sobrevivir tras encontrarse al borde de la muerta. En reunirse con ella, Touka le expone sin temor alguno que fue ella quien se encargó de poner punto y final a la vida de su padre. En este punto, Mado empieza a acumular una ira que finalmente descubre hacia dónde enfocar, aunque lo que Touka busca dista de convertirse en una excusa para esta.

Touka guía a Mado hasta un parque en el que puede verse a unos críos que, para sorpresa de Mado, resultan ser Ghoul. Hasta la fecha, dichos niños habían permanecido ocultos a la sombra de Aogiri, desprovistos como casi todo Ghoul de una alternativa real. Asimismo, Hinami no tarda en reunirse con ellas, y Touka hace saber a Mado que fue su padre quien precisamente acabó con la vida de los de Hinami. Sin embargo, Hinami se muestra sin el rencor y el odio que Mado atesora a pesar de ser ella la Ghoul. Seguidamente, Touka invita a los niños y a Hinami a abrazar a Mado, algo que lógicamente tiene un significado mucho más allá del acto físico. Lo que Touka pretende mostrar a Mado es que no es necesario buscar la venganza ni vivir del odio. Todos en este punto han perdido a seres queridos a manos de unos y otros, y es precisamente por eso que para evitar que dichas matanzas vuelvan a producirse la sola opción que resta es la de apartar las armas. Las lágrimas de Mado al final demuestran que reconoce este hecho, incluso si se trata de algo que su corazón todavía no puede aceptar.

Por primera vez en mucho tiempo nos hallamos con un episodio en el que la muerte y la sangre pasan a ser tópicos completamente secundarios. En este punto parece complicado deducir si los deseos de Kaneki -que son a su vez aquellos que albergaba Arima- lograrán llegar a buen puerto, pero por lo menos parece que poco a poco está encontrando un nuevo camino a seguir, y no en solitario. Veremos si Kaneki conseguir poner punto y final al conflicto entre Ghouls y humanos de forma pacífica o si por el contrario el enfrentamiento entre ambos bandos vuelve a resultar una consecuencia inevitable.


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