Crítica de Roma: El cine en vida

Alfonso Cuarón se desnuda en un mensaje intimista que traspasa la pantalla

Crítica de Roma: El cine en vida
 

Del sumun artificial, a lo más cotidiano del día a día. Tras saborear el éxito con la oda espacial que fue “Gravity”, Alfonso Cuarón quería recordar el por qué terminó siendo director. Por qué a pesar de ser uno de los cineastas más prolíficos de Hollywood, no ha olvidado sus raíces. Para lograrlo el mexicano tenía que desnudar su cine hasta dejarlo en la más pura de las esencias. Todo es sustraído en pos de alcanzar el hiperrealismo,  esa mirada inocente pero cruel de la vida. “Roma” abandona incluso el color para apegarse a la indiscreción de una mirada que acompaña en los momentos felices, pero también en los tristes.

Sus nominaciones a los Globos de oro, y la pleitesía que la crítica internacional venía rindiendo a esta película desde hace varios meses, era un indicativo de que algo realmente grande se estaba gestando. No siempre es seña de calidad, como tampoco lo es la fecha de caducidad de los yogures, pero cuando hay consenso sobre algo tan ambiguo en este arte, la curiosidad asoma las orejas. Aunque Netflix no había conseguido sobrepasar ese monstruo decimonónico conocido como ventana de distribución, las cuatro salas que en España han conseguido acoger el mensaje intimista del mexicano, se han llenado estos días de curiosos y despistados. Cinéfilos de pura cepa, y espectadores cansados del ruido. Todos ellos caben en este pasaje vital de lenguaje universal.

Cleo (Yalitza Aparicio) se levanta como cada mañana, se ducha, se viste, y prepara el desayuno. Pero no el suyo. Su vida no le pertenece. La matriarca y sus hijos son su razón para existir, y también subsistir. No lo eligió, pero tampoco pudo hacerlo. El México de los años 70 era un lugar repleto de contradicciones, un infierno en vida en el que el cainismo asesino dominaba las calles. En ese infierno Cleo solo encuentra refugio en una casa que sirve de cárcel, pero también de cápsula del tiempo. Allí pasa los días, recibiendo el amor de unos niños que no alcanzan a comprender la crueldad del mundo, y observando desde un lugar privilegiado cómo el matrimonio del que depende su estabilidad económica se desmorona.

El fordismo ya entendió hace un siglo que los seres humanos no son máquinas. Cleo no produce objetos materiales, pero su cariño tiene un límite. Necesita vivir su propia vida, incluso si eso significa tener esporádicos escarceos lúdicos. Con una narración sutil y contemplativa, Cuarón se aproxima a la vida de la protagonista desprendiéndose de todo sesgo. El mexicano se aleja del mensaje para depositar todo su énfasis y fuerza en los movimientos de cámara. Porque “Roma” no habla con las palabras, lo hace con las imágenes. Con primeros planos de heces de perro, pero también de rostros enternecedores. Con los más bellos paisajes de las playas mexicanas, y con los suburbios más pobres de la ciudad. El viaje de Cleo está lleno de luces y sombras, de las contradicciones que tejen la vida.

La intención de Cuarón con esa película era regresar a su infancia, a las raíces que construyeron la persona que es hoy. Quería plasmar y no contar, dejar que las protagonistas de este falso relato transmitieran emociones viviendo. “Roma” es una historia de superación, de resiliencia de aquel que lucha por aferrarse a la vida sin importar el qué. No resulta extraño que los héroes de esta historia sean ellas. Las mujeres que pasaron por la vida del director; la criada fuerte que aparenta ser débil, la madre débil que aparenta ser fuerte, y la abuela que nunca toma la palabra pero sostiene la burbuja. Todas y cada una de ellas sufren la tiranía de un mundo azaroso, se caen una y otra vez, pero siempre se levantan más fuertes.

El agua que se acumula en los charcos, un perro ladrando, el ajetreo de un hospital, “Roma” es todo lo que cabe en una mirada. Es complicado hablar de absolutos, pero pocas veces una película ha captado de forma tan pura la vida como lo hace esta quimera. Alfonso Cuarón traspasa la pantalla con sus delicados movimientos de cámara para mostrar una ventana al pasado. Un tiempo en el que las personas luchaban con más o menos suerte por ser felices. A veces lo conseguían, otras no, pero siempre seguían adelante. “Roma” es cine hecho vida, una poesía universal que dejará una huella imborrable en la historia de este arte.

“Roma” se encuentra actualmente en cines seleccionados, y llegará a Netflix el próximo 14 de diciembre.


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