Los videojuegos no son solo disparos. Tampoco son solo aventuras narrativas. Los videojuegos son uno de los medios de entretenimiento más creativos en los que absolutamente todo tiene cabida. Es un espacio de libertad absoluta en el que sí, pueden triunfar experiencias como Mixtape. Y no está sola.
Porque una cosa es que a uno no le pueda gustar un género de videojuegos, pero otra muy distinta es desacreditar por completo un proyecto cuando géneros como las novelas visuales llevan existiendo desde antes de que naciera una gran parte de la comunidad actual del gaming. Y sí, todo ello son videojuegos.
Una de las joyas narrativas más exitosas de toda la historia de los videojuegos, en las que el gameplay se ve reducido a mínimos. Pequeñas mecánicas permiten interactuar con elementos explorables mediante los que entender un poco más el contexto de la historia, pero el corazón del juego es uno: la narrativa.
What Remains of Edith Finch recibió premios como el Mejor Juego en los premios BAFTA de 2018 y se quedó en el recuerdo de los jugadores como una experiencia tremendamente emotiva. Son solo 2-3 horas de walkthrough, pero te cambian.
Un walking-simulator puro y duro que brilla sobre todo a través de la figura del narrador. Porque en efecto, The Stanley Parable rompe por completo la idea de lo que es un videojuego tradicional, y en su lugar lo convierte en una especie de tira y afloja para con una entidad que te guía durante toda la aventura.
The Stanley Parable demuestra que la interactividad de los videojuegos no consiste solo en aquello que se ofrece como mecánica ejecutable al usuario, sino también en proponerle un anzuelo narrativo como parte de la experiencia que incite a seguir descubriendo más de la misma.
Una de mis críticas favoritas es hacia los 'pelijuegos' como si no fueran de las mejores experiencias que se pueden disfrutar en grandes grupos. Porque sí, fusionar QTE y decisiones para alterar lo que puede ocurrir es una de las fórmulas clásicas más criticadas y a su vez más efectivas.
Detroit: Become Human, Heavy Rain, Until Dawn... todos estos son clásicos cuya jugabilidad remite a caminar, tomar decisiones y esperar para reaccionar a los pequeños estímulos pasajeros que ofrece el videojuego. Las historias también son gameplay.
Si Mixtape tiene poco 'gameplay', la realidad de las novelas visuales no es muy diferente. Y es que en efecto este es un género que consiste en leer novelas ilustradas en las que los jugadores pueden tomar ciertas rutas para ver qué distintos desarrollos existen de la historia.
Una de las franquicias más famosas en todo el mundo que se inició como novela visual es Fate, y también se puede sumar a esto Clannad. ¿El resultado? Juegos que triunfan en Japón y que además dan pie a animes y demás formatos que se convierten en éxitos globales.
Journey es uno de los juegos más bonitos y minimalistas que han aterrizado en la industria de los videojuegos. Y sin embargo, eso no cambia que el recuerdo que se tiene del mismo es que sea una de las experiencias más satisfactorias de hace unos años.
Porque en Journey el gameplay se reduce a los mínimos necesarios; un 'algo' que se le da al jugador para que esté entretenido. Pero lo verdaderamente importante es lo que te cuenta la experiencia por medio de sus distintos escenarios y fases. Un trabajo narrativo que se fusiona con el gameplay a las mil maravillas.
El corazón de la cuestión es que no por tener un videojuego más mecánicas hay que entenderlo como más o menos producto real. No es necesario iniciar guerras; lo bonito de este sector es que te da algo tan sumamente caótico como Dynasty Warriors del mismo modo que te puede dar un Mixtape.
De hecho, si queremos ponernos exquisitos, os dejo seguidamente con lo que el diccionario de Cambridge distingue como la definición de videojuego:
"Un juego en el que el jugador controla imágenes en movimiento en una pantalla al presionar botones o mover una palanca." No hay mención ni al volumen de interactividad, ni a las dimensiones de la experiencia ni nada similar. Y es que quedarse con eso es reducir mucho lo que supone este sector.
Los videojuegos son un espacio en el que materializar la imaginación. Sí, también lo son las películas en este sentido, pero no es casualidad que haya tantas paralelismos entre un medio y otro. Pero eso explica también que, realmente, un videojuego sigue siendo un videojuego aunque su porcentaje de gameplay sea muy bajo. Cada gameplay es adecuado con lo que se quiere contar, y Mixtape es una prueba más de ello.
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