Christopher Nolan no es ajeno a reunir a varios actores de renombre en una misma película. Es algo visible en prácticamente todas sus producciones, pero se podría decir que en La Odisea se supera con creces. Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Zendaya, Robert Pattinson, Charlize Theron son solo algunos de los grandes nombres que el reconocido director presenta al público, encarnando a personajes icónicos de la mitología griega como Odiseo, Telémaco o Penélope.
A lo largo de la historia del cine, se ha presenciado que juntar a una gran cantidad de estrellas en una misma obra puede salir muy bien (como en el caso, por ejemplo, del mismo Nolan), o terminar siendo un desastre sostenido por una interpretación efímera de caras reconocidas. Aunque, para poder comentar este caso en concreto, habrá que ver cómo se presenta en cuanto a guion, actuación y calidad técnica esta última entrega del también guionista, productor y editor, que se estrenará el 17 de julio en España.
El mayor desconcierto que presenta por ahora La Odisea no es que su presupuesto sea el mayor jamás desembolsado en toda la carrera cinematográfica del director (unos 250 millones de dólares), tampoco que sea su segunda película más larga (dos horas y 53 minutos de metraje), o que haga historia como la primera en estar rodada íntegramente con cámaras IMAX de 70mm. Lo que más ha llamado la atención y, por tanto, generado discusión de la nueva adaptación del clásico de Homero, es el distanciamiento deliberado respecto a la historia original y la selección de un casting sorpresivo donde predomina la diversidad.
La libertad creativa de la dirección ha roto con el patrón reconocible de adaptaciones previas. Al echar un vistazo atrás, podemos observar que películas como Troya (2004) apostaron en su momento por figuras como Brad Pitt y Diane Kruger, quienes ayudaron a conformar un universo visual acorde con la propuesta del creador (quien además en este caso fidelizaría un matiz concreto mencionado por Homero, la cabellera dorada), para encarnar a Aquiles y Helena, alineándose también con los estándares de Hollywood de principios de los dos mil, que se encuentran constantemente en transformación.
Aquella decisión no generó un debate en torno a la fisionomía de su reparto, aun cuando las descripciones clásicas griegas y el contexto geográfico de los mitos siempre han dejado un amplio margen para la interpretación, al no ser absolutos.
A esto debemos sumarle que, si nos atenemos al texto original, la Odisea de Homero no solamente se sitúa en Grecia, sino que recorre el mar y las costas del Mediterráneo (donde habitaban personas de piel bronceada, pelo castaño y ojos marrones). Además, la trama se adentra en espacios puramente ficticios como son Ogigia, paradisíaca isla de la ninfa Calipso, o Esqueria, hogar de los utópicos feacios. Al situar la acción en tierras mitológicas, el relato abre el abanico de manera natural a un sinfín de procedencias y apariencias distintas.
Personalmente, creo que imponer una especie de exactitud visual a la adaptación de un poema épico (o hacerlo con obras ficticias en general) no solamente es limitante, sino dictatorial y radical. Basta con buscar el significado del concepto "adaptación cinematográfica" y saber que existen varios tipos (desde las fieles o literales hasta las libres) para entender que trasladar un relato mitológico a la realidad audiovisual es un proceso en el que la fidelidad respecto a la obra original suele suponer un fuerte cimiento; mas no es una aberración que la libertad creativa tome las riendas de la producción.

Salirse de lo habitual o innovar sobre una base no significa, en absoluto, que se le esté faltando al respeto o cuestionando su iconicidad. ¿Exige basarse en un relato convertirse en un calco del mismo? La Odisea de Nolan, como bien sabemos, no ha salido aún a la luz. Una adaptación solo deja de serlo cuando desconecta totalmente de su referente y este deja de ser reconocible. ¿Es realmente este el caso de la película por incorporar elementos innovadores y, por tanto, difíciles de digerir para ciertos espectadores?
Es posible reformular una historia de mil maneras diferentes, y seguir contando lo mismo. Y esto es, precisamente, lo que enamora del cine y su formato audiovisual, que permite adaptar relatos antiquísimos a la época actual de formas inimaginables, ya sea mirando con nostalgia al pasado o proyectándose hacia el futuro. ¿Por qué seguimos obcecados en la limitación imaginativa, y por tanto, creativa? ¿No es acaso esa capacidad de reinventarnos lo que nos define y nos permite seguir avanzando como especie?
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