¿Sabes esas películas que parecen hechas con el piloto automático? Me refiero a esos largometrajes que están basados en una fórmula tan medida, que apenas dejan espacio para la sorpresa. 'Mango', la nueva cinta danesa de Mehdi Avaz que ha llegado en exclusiva a Netflix, es exactamente eso: una historia que ya hemos visto demasiadas veces, disfrazada de postal soleada del sur de España.
Y sin embargo, sorprende cómo 'Mango' se ha colado entre las películas más vistas de Netflix en España, quizás por su ambientación en la provincia de Málaga, o puede que por una trama tan manida como funcional. El algoritmo tienes sus misterios, pero uno ya está curtido en mil batallas y sospecho que la curiosidad puede más que el mérito.
La premisa parece sacada del manual de las comedias románticas: Lærke, una ejecutiva danesa obsesionada con su trabajo, viaja a Málaga con su hija para convencer a un agricultor de vender su finca de mangos. Él, claro, es atractivo, solitario y defensor de los valores simples de la vida. Ella, rígida y ambiciosa. Entre ambos surge la chispa, y el resto lo adivinas antes de que la película alcance su primer tercio.
Lo más frustrante de 'Mango' no es que sea una película previsible (que lo es, vaya que sí), sino su falta de pulso. Mehdi Avaz no es la primera vez que prueba suerte en las comedias románticas que hacen viajar a sus protagonistas a un país diferente a Dinamarca ('En la Toscana', 2022), pero creo que en aquella ocasión el argumento funcionaba bastante mejor, sin ser especialmente bueno.
Aquí simplemente cambia el escenario: los mangos sustituyen a las uvas y la luz andaluza reemplaza a la campiña italiana. El resultado, sin embargo, es prácticamente el mismo: una comedia romántica perfecta para engrosar el catálogo de Netflix, pero bastante vacía por dentro. Y con unos protagonistas que tienen incluso menos química que los interpretados por Anders Matthesen y Cristiana Dell'Anna.
'En la toscana' era una película sueca y 'Mangos' es danesa, pero más allá de la nacionalidad de sus protagonistas, es patente el modelo que siguen ambas películas: una historia de amor con el turismo como marco de fondo. Porque claro, cómo se van a enamorar dos nórdicos en el frío de Dinamarca. Hay que viajar al sur, donde se hace bien el amor, o eso decía Raffaella Carrá.
'Mango' quiere hablarnos de la felicidad, de la familia y de las segundas oportunidades, pero termina siendo una historia tan edulcorada y previsible que no emociona como esperas. Es cine 'zen' de aeropuerto: bonito, pero vacío por dentro. Y aún con todo, probablemente enganche a los fans de las comedias románticas de Netflix, porque encontrarás en ella todos los estereotipos posibles.
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