Análisis Prey

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Desde que se anunciara de forma oficial durante la conferencia de Bethesda del pasado E3, Prey es un título que ha logrado llamar la atención entre todos los fans de la industria del videojuego gracias a unas propuestas peculiares y unas claras inspiraciones sacadas de obras del calibre de BioShock o Half-Life. Los creadores de Dishonored han cambiado de tercio completamente para pasar de la ambientación steampunk de estos juegos al marco futurista que nos propone Prey. Sin embargo, el culebrón que hubo tras esta saga (con una secuela del título original cancelada hace unos años) han hecho que mucha gente desconfíe de un reboot que, en palabras de sus responsables, poco tiene que ver con el Prey original.

Así, con una de cal y una de arena y sin hacer demasiado ruido llega al mercado Prey, la nueva e interesante propuesta de Arkane Studios. Nosotros ya hemos podido jugar a esta obra durante los últimos días, así que si queréis saber qué nos ha parecido, abrochaos los cinturones que embarcamos en un viaje espacial a la Talos I. ¿Listos para hacer frente a los Tifón? ¡Pues despegamos con nuestro análisis de Prey!

Bienvenidos a la Talos I

Si hay algo que defina la historia que nos encontramos en Prey es, básicamente, una de las principales personalidades tras el guión: Chris Avellone. Quizás el nombre no os diga nada, pero este hombre es el responsable de algunas de las tramas que encontramos en obras que casi podríamos considerar de culto como Fallout 2, Planescape: Torment, Icewind Dale y, más recientemente, Fallout New Vegas o Torment: Tides of Numenera. Ahora ya os entendéis mejor lo que quiero decir, ¿verdad?

Al igual que todos los títulos mencionados anteriormente, Prey tiene una historia que consigue engancharte desde el principio con un toque de misterio que da paso a dilemas mayores. No queremos hablar más de la cuenta en este aspecto, pero nos gustaría destacar, no solo la gran trama del juego, sino la excelente forma en la que se nos cuenta. Arkane Studios ha querido prescindir de largas escenas cinematográficas, sustituyendo estas por algunas llamadas que recibimos, dando dinamismo al avance de la historia y evitando que soltemos el mando y nos relajemos (porque el relax no es una opción en Prey, como veremos más adelante).

Otro de los pequeños detalles que hacen de Prey el gran juego que es reside en el hecho de que la historia viene con muchas capas, y es el jugador el que decide hasta dónde está dispuesto a destapar para descubrir lo que ocurre en la Talos I. Sí, cualquier persona que se pase el juego entenderá lo que ocurre, quién es Morgan Yu y por qué está dónde está. Pero la magia reside en que la Talos I es una auténtica estación espacial con multitud de científicos y trabajadores a bordo, no es solo Morgan y el resto de personajes principales; podemos descubrir la vida de algunas de estas personas y hacernos una idea de cómo funcionan realmente las cosas, de cómo son los cambios y de cómo los afrontan las personas más “normales” que nuestro protagonista. Arkane Studios ha aprendido de los errores de Dishonored y no ha querido desaprovechar un universo con tanto potencial como el de Prey, dándole mucha profundidad y haciendo que pararse a leer cualquier correo merezca la pena, pero sin hacerlo obligatorio, de forma que se pueda contentar tanto a los que buscan una buena historia como a los que están aquí para pegar tiros a alienígenas.

En este apartado cabe mencionar que, si bien es cierto que la historia resulta interesante desde el primer minuto, el final puede hacerse demasiado abrupto y, de hecho, en los últimos minutos de la obra es donde se toman la gran mayoría de decisiones relevantes. A pesar de eso, Prey es capaz de, una vez que lo finalizamos, instarnos a tratar de descubrir finales alternativos y, sobre todo, mantenernos un rato pensando en qué acaba de ocurrir, cosa que recuerda a lo experimentado con BioShock y que, para mí, es todo un logro por parte de Arkane.

Haciendo frente a los Tifón

Prey es una obra que bebe de numerosas influencias. Podemos encontrar aspectos similares a System Shock, BioShock (que a su vez bebe del primero), Dishonored (que pone la marca de la casa de Arkane) e incluso obras de terror como Alien: Isolation. A pesar de las claras influencias que toma prestadas, destaca el hecho de que Prey resulta, por encima de todo, un título fresco, algo distinto a lo que estamos acostumbrados que sea un título triple A de una compañía. A bordo de la Talos I somos un/a Morgan Yu sin memoria, estamos perdidos en una estación espacial que no conocemos, sin apenas equipamiento y rodeados por numerosos alienígenas cuya única finalidad es acabar con nuestra vida. Nuestras opciones de sobrevivir pasan por explorar el entorno, equiparnos y llegar hasta el final del asunto; y esas son precisamente las bases de la jugabilidad.

En pocas palabras, podríamos decir que Prey es un shooter exigente de mundo abierto; pero dejándolo aquí tendríamos una descripción muy vaga, que se queda lejos de dar una idea ni siquiera aproximada de lo nuevo de Arkane, así que iremos por partes:

Un mundo abierto distinto:

La Talos I es el terreno de caza de los Tifón, y también donde estamos atrapados. Prey nos suelta de la mano muy pronto y prácticamente desde la segunda hora tenemos toda la estación espacial a nuestra entera disposición. Pero no creáis que es otro mundo abierto como el que podemos encontrar en Ghost Recon: Wildlands u Horizon Zero Dawn. Es un terreno distinto en el que, si bien es cierto que podemos movernos a nuestro gusto, las posibilidades que ofrecen los poderes, la escasez de recursos y las diferentes misiones secundarias hacen que Prey sea más parecido a un metroidvania que a un mundo abierto actual.

Explorar la estación resulta, no solo necesario, sino gratificante. Conseguimos recursos como munición y botiquines que se antojan muy necesarios, encontramos nuevas armas, aprendemos más de la historia, y nos topamos con multitud de personajes y objetivos secundarios que nos atrapan con sus misiones. Y por si fuera poco, explorar y recorrer la Talos I no resulta pesado en absoluto gracias a un diseño de los mapas espectacular que permite conectar todas las zonas a través de un lobby y las escotillas con las que acceder al exterior de la estación para usar esta zona como un atajo.

Además, este mundo crece a la vez que lo hacemos nosotros, es decir, evoluciona a medida que avanzamos en la historia y la situación general de la estación y de los Tifón cambia. Es posible que hayamos pasado por una zona sin apenas dificultad y que, llegado un punto del juego, volver a atravesar ese mismo lugar sea todo un reto que requiera de nuestro mayor esfuerzo; o que una zona que, a priori era segura, ahora no nos dé otra opción que correr. Así se logra que Prey sea exigente de principio a final estemos donde estemos, nivelando la Talos I a nuestras capacidades; pero también logra mantener una sensación de frescura en las zonas que, aunque hayamos visitado decenas de veces, se mantienen en constante cambio.

Pero no creáis que esto es todo, y es que la libertad en Prey se extiende hasta las propias misiones, ya que cada situación se puede resolver de diferentes maneras. Este sistema es similar a lo visto en Dishonored, donde nosotros tenemos en nuestra mano la capacidad de actuar con sigilo o a lo loco, matando a todo el mundo o de forma pacífica; sin embargo, Prey lo lleva al siguiente nivel. Podemos avanzar sin prácticamente matar, utilizar el sigilo, disparar como si fuéramos el marine de DOOM, o simplemente dar media vuelta. Esto es algo que destaca mucho y que nos da la sensación de libertad real; es posible que nos encontremos en una zona en la que se nos pide acabar con un enemigo determinado, y si la pelea se hace dura podemos dar media vuelta y encontrar una ruta alternativa para cumplir nuestro objetivo, siendo factible volver a esta primera zona horas más tarde, cuando estemos preparados para el enfrentamiento. Y no es moco de pavo este hecho, ya que de esta manera se puede modificar de forma bastante drástica la sucesión de los acontecimientos y los objetivos que debemos llegar para completar la campaña principal. Tras un buen puñado de horas jugadas y dos partidas, las posibilidades nos siguen pareciendo casi ilimitadas, y eso es maravilloso.

Un shooter muy exigente:

Lo nuevo de Arkane es un shooter, sí, y por mucho que intentemos evitarlo, tendremos que enfrentarnos tarde o pronto a un puñado de alienígenas dispuestos a matarnos. De hecho, la opción más viable para atravesar una zona será acabar con todos los peligros presentes a base de gatillo. Aquí se ve la mayor parte de la influencia de obras como BioShock en Prey, ya que, a pesar de no poder calificarse como un shooter al uso, Prey usa el género para imprimir acción y dinamismo, haciéndolo de una forma muy exigente. Prácticamente cualquier enemigo puede acabar con nuestra vida si nos despistamos y, como si de un Souls se tratara, nos veremos reiniciando una y otra vez el nivel tras morir para conseguir derrotar a ese enorme alienígena que nos impide el paso gastando lo mínimo. Se hace imprescindible aprender qué tipo de ataques hacen daño a cada tipo de enemigo y formar nuestras propias estrategias para salir ileso de cada situación.

Y remarco el hecho de gastar lo mínimo porque no solo el combate es exigente por el daño que realizan los enemigos, sino por los pocos recursos con los que contaremos. Encontrar botiquines y munición no será tarea fácil, por lo que, aunque podemos crearlos si contamos con las recetas adecuadas, debemos tratarlos como si fueran oro e intentar explorar todo el mapeado para dar con ellos.

Uno de los grandes aciertos de Arkane con esta nueva obra reside precisamente en haber sido capaces de crear un shooter suficientemente exigente para que no nos sintamos dioses ni podamos intentar matar a todo lo que se nos pone por delante, pero suficientemente liviano como para que no sintamos a algunos enemigos invencibles. Todos los enemigos se pueden destruir desde el minuto 1, pero la cuestión es cómo de rentable es; ¿merece la pena gastar la mitad de nuestra munición para avanzar mientras podemos hacerlo en sigilo y sin ser detectados? La respuesta a esta pregunta es cosa de cada uno.

Terror:

Recuerdo haber leído el texto de alguien que afirmaba que es muy fácil crear miedo en juegos como Alien: Isolation o el reciente Outlast II, en los cuales nos encontramos totalmente desprotegidos ante las acometidas de nuestros enemigos. Y lo cierto es que, aunque en su momento no me diera cuenta, esta persona tenía mucha razón, muchos de los juegos de terror consiguen esa sensación de miedo a base de dejarnos desnudos, sin la posibilidad de contraatacar. Por eso valoro de forma especialmente positiva cómo Prey es capaz de ponernos en tensión dejando muy claro desde el primer momento que todo enemigo es susceptible de morir, pero también de matarnos y, lo peor (mejor) de todo, algunos hasta son capaces de convertirse en elementos del entorno, cosa que nos volverá paranoicos.

Todos los aspectos, desde la historia en la que nos encontramos solos y perdidos sin memoria hasta el hecho de que todos los enemigos puedan matarnos pasando por la escasez de recursos, todo, está hecho de tal forma que Arkane es capaz de hacernos sufrir. Y sin usar sustos fáciles que tanto gustan en YouTube ni dejarnos desprotegidos, como os comentábamos más arriba.

Toques de rol:

Los toques de rol en Prey los pone, como ya ocurría en Dishonored, el sistema de progresión del personaje. A medida que avancemos conseguiremos los llamados neuromods, esos objetos que son la principal motivación de todos los experimentos llevados a cabo en la Talos I, y con los que podremos ir consiguiendo poderes y mejoras para nuestro protagonista. Estas mejoras pueden ser de dos tipos: humanos, que aumentan habilidades como el hackeo, la reparación, la capacidad de carga o la fuerza para mover objetos; y Tifón, con los que básicamente podremos adueñarnos de los poderes de nuestros rivales. Las mejoras humanas están totalmente desbloqueadas desde el principio para adquirir o mejorar lo que queramos, pero los poderes alienígenas tendremos que desbloquearlos escaneando a los enemigos para aprender más de ellos (importante para conocer sus debilidades).

Destaca la cantidad de poderes y mejoras disponibles en el juego, la cual hace casi imposible verlos todos en una sola partida. Con ello se consigue que pensemos qué es lo mejor para nuestro estilo de juego y en qué gastar los poderes. Y ojo con los alienígenas, que si adquirimos demasiado de estos la seguridad de la estación nos detectará como un enemigo (con todo lo que ello conlleva) y la Pesadilla aparecerá de forma más frecuente (creedme, queréis descubrir qué es y cómo funciona por vosotros mismos).

Por otro lado, Prey incluye un pequeño sistema de crafteo y recolección de materiales que permite convertir todo lo que encontramos en nuestras andadas por la Talos I en materiales con los que fabricar cosas tan útiles como granadas, armas, munición o botiquines. Eso sí, necesitaremos unas estaciones de trabajo especiales para llevar esto a cabo, y no son nada frecuentes en la estación espacial.

La belleza del espacio exterior

En cuanto al apartado técnico cabe destacar que todas las versiones del juego (hemos probado las tres) lucen bastante bien y ofrecen unos gráficos muy a la altura de la generación actual, aunque no llegan a situarse entre los mejores. Sin embargo, las versiones de consola del juego a veces sufren ciertos problemas de framerate (de forma muy ocasional) y tienen unas pantallas de carga que, en ocasiones, se hacen demasiado largas. Y precisamente en estas versiones de Xbox One y PlayStation 4 encontramos uno de los principales problemas del juego, los controles. A priori el manejo es similar al de otros shooters, pero la sensación es mucho peor. El FOV (campo de visión) es bastante limitado y provoca que perdamos de vista a los enemigos, y además apuntar se hace más difícil que en otros juegos del género, provocando que la experiencia en consola pueda verse mermada.

Entrando en la versión de PC, que es a la que más horas le hemos dedicado y en donde hemos disfrutado del juego de principio a fin, hay que destacar el encomiable trabajo de optimización de Arkane Studios. No voy a mentir, tras algunos tirones cuando pude probar una fase temprana del juego y el mal lanzamiento de Dishonored 2 yo mismo dudaba de cómo saldría la versión de PC al mercado; por suerte, la respuesta es contundente: es uno de los juegos que mejor funcionan en esta plataforma. Hemos jugado con unos requisitos similares a los recomendados y el resultado son 60 fps estables con todo a ultra. Incluso hemos probado el juego con una máquina que no cumple los requisitos mínimos y ni con esas se hacía injugable, logrando rozar los 50 fps estables en ajustes medios.

Por su lado, la banda sonora de Prey es simplemente espectacular. El sonido en general es bueno y consigue mantener la sensación de tensión de la que hablábamos más arriba, pero los temas que conforman la banda sonora son realmente espectaculares y colocan a este aspecto como uno de los mejores, no solo del año, sino tal vez de todo lo que hemos jugado. Los temas son buenos, encajan con cada situación y encima acompañan a lo visual; ¡si es que no se puede pedir más!

Como nota negativa debemos apuntar que, si bien es cierto que no es nada escandaloso, sí que hay determinados bugs que hunden algunas torretas en el suelo, provocan el movimiento de algunos objetos (aunque en el momento no sepamos si es cosa de un alien, muchas veces será acción de un bug) e incluso pueden dejarnos atascados y obligarnos a cargar una partida. De nuevo, remarco que no es nada grave que se suceda de forma frecuente, pero sí es un detalle molesto que empaña ligeramente la experiencia sobresaliente de Prey.

Con respecto a la duración del título es bastante difícil hablar, ya que debido a la libertad, la abundancia de objetivos secundarios y las múltiples posibilidades Prey se hace una obra muy rejugable. En nuestro caso, la primera vuelta a la campaña ha durado unas 15 horas, dejando de lado multitud de objetivos secundarios. Todo depende de cuándo nos cansemos y hasta qué punto queramos explotar el juego, pero incluso para los que no quieran completar más que la campaña, Prey ofrecerá, al menos, unas 20 horas de duración.

Uno de los juegos del año

Es cierto que Prey no es un juego perfecto; tal vez la historia pudiera tener un mejor final, puede que algunas situaciones resulten injustas, que nos encontremos algunos bugs y que los controles no sean los mejores que recordamos. Pero Arkane ha vuelto a crear una obra que, en su conjunto, compensa todos estos fallos para resultar una experiencia sobresaliente. Prey es uno de esos títulos que te atrapan desde el primer minuto, que te sumergen en su universo y que consiguen que las horas se pasen volando.

Con todas las posibilidades a nivel jugable, una sensación de tensión constante y una gran historia de ciencia ficción perfectamente ambientada, Arkane ha logrado dar de nuevo en el clavo para crear una nueva obra que nada tiene que envidiar a Dishonored. Tal vez Prey no haya hecho el ruido de un Fallout o The Elder Scrolls, pero creedme si os digo que poco tiene que envidiar a las últimas entregas de estas aclamadas sagas. No podemos hacer otra cosa que recomendar Prey a todo el mundo, pues estamos sin ninguna duda ante una obra fascinante, un título que presenta con fuerza su candidatura a juego del año.

Prey es una obra fascinante, un título que presenta con fuerza su candidatura a juego del año


Positivo

  • Historia interesante que engancha desde el principio
  • Dificultad alta, enemigos duros y pocos recursos
  • Logra ponernos en tensión
  • Multitud de opciones para completar los objetivos
  • Un mundo abierto con toques metroidvania muy logrado
  • Muy rejugable
  • Banda sonora de 10
  • Rendimiento perfecto en PC

Negativo

  • El final de la historia puede resultar abrupto
  • Hay situaciones que pueden resultar injustas por los controles
  • Algunos bugs molestos
9.2

Increíble

Política de puntuación

Víctor Rodríguez
Videojuerguista desde siempre. Fan incondicional de Fallout y Star Wars y amante del RPG viejuno. Hablo de videojuegos, cine, series o lo que me dejen. Ah, y me gustan los números.