Hay historias que no se cierran, aunque el protagonista esté muerto. Aunque el expediente judicial parezca archivado. El nombre de Jeffrey Epstein vuelve una y otra vez a los titulares, y con él regresa un documental que incomoda desde el primer minuto: 'Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico'. Una serie que no gira en torno al morbo. Tampoco a la conspiración fácil. Se centra en algo mucho más contundente: las voces de las víctimas.
Cuatro episodios, testimonios directos y sin adornos innecesarios. Mujeres que fueron adolescentes vulnerables y que hoy día cuentan, mirando a cámara, lo que vivieron en las muchas mansiones del mediático financiero. Un terror muy real que vuelve a estar de actualidad en 2026 por la publicación masiva de archivos (Epstein Files) a finales de 2026 y su enorme impacto político y social.
"No te acuerdas de mí porque había miles como yo, pero yo me acordaré de ti el resto de mi vida", una frase que resume el tono que sigue 'Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico'. No es una producción que busque hurgar en la herida ni el espectáculo fácil: simplemente es un retrato crudo y real del poder, del dinero y del silencio.
Epstein, multimillonario neoyorquino con conexiones en las altas esferas, fue arrestado en 2019 por cargos de tráfico sexual y conspiración. Un mes después, apareció muerto en su celda en Manhattan. Aunque la versión oficial habló de un suicidio, las dudas, desde entonces, no han desaparecido. Y se agradece que el documental no se pierda en teorías y vaya directo al grano, a los hechos.
Las jóvenes procedían, en muchos casos, de entornos frágiles. West Palm Beach frente a Palm Beach. Dos mundos separados apenas por un puente. De un lado, barrios modestos. Del otro, mansiones, yates, jardines impecables, fiestas... Allí se repetía siempre la misma escena: 200 dólares por un "masaje". Cuarenta y cinco minutos que, según testimonios, terminaban en abusos.
El esquema, según explican psicólogos y abogados en la serie, era muy evidente: detectar vulnerabilidad. Ofrecer dinero. Crear dependencia. Y en algunos casos, pedir a las chicas que reclutasen a otras como ellas. Una estructura piramidal que convertía a víctimas en engranajes de una maquinaria que no dejaba de girar.
El nombre de Ghislaine Maxwell aparece de forma constante. Varias denunciantes la señalan como facilitadora y cómplice. Maxwell lo ha negado públicamente durante años, aunque su figura quedó ligada al caso para siempre. El documental recoge esas acusaciones y deja que el espectador saque sus propias conclusiones.

También asoman nombres conocidos. Donald Trump, Bill Clinton, el príncipe Andrés. Las imágenes del archivo recuerdan que Epstein no era un desconocido de las élites políticas y económicas. Todos han negado implicación en los delitos, pero algunas pruebas señalan directamente contra ellos. Y la serie expone las conexiones sin caer en afirmaciones que no estén respaldadas por testimonios o documentos.
Conocer el caso de Jeffrey Epstein no es nada fácil, pero este documental de Netflix es una puerta de entrada muy cómoda para investigar con detalle una historia que está lejos de terminar. Un caso que sigue siendo de actualidad y que crece a medida que va pasando el tiempo y se conocen más datos.
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