
Gang of Dragon se presentó hace menos de un año como el nuevo proyecto de Toshihiro Naghoshi, conocido creador de la saga Yakuza, quien había conseguido fundar su empresa Nagoshi Studios después de abandonar el estudio RGG. Gang of Dragon prometía mucho, pero el hecho de que todo apunte a que la cancelación es definitiva refleja uno de los problemas más graves de este sector.
Cuando empezó a conocerse la caída de Gang of Dragon, las noticias que nos llegaron fue que NetEase, la compañía encargada de financiar el proyecto, descubrió que serían necesarios alrededor de 40 millones de dólares más de lo que se les había informado para completar el proyecto. Y al descubrir algo así decidieron poner el freno de mano, recular y dejar a Nagoshi Studios a su suerte.
Lo más chocante de todo esto es que no hablamos de algo que fuera completamente improvisado o que tuviera a nombres desconocidos detrás. Tenía a uno de los creativos más respetados de estos últimos años y se habían mostrado gameplay y cinemáticas impresionantes. Y eso hace que el desenlace sea mucho más dramático.
La decisión de NetEase es comprensible, a pesar de que me duela profundamente cómo ha acabado la historia de Gang of Dragon. Para el que no lo sepa, lo último que se ha descubierto sobre la desarrolladora es que, al parecer, la oficina habría cesado ya toda actividad de manera permanente:
Dicho esto, lo que realmente nos dice todo este drama en torno a Gang of Dragon es que la industria de los videojuegos se ha acostumbrado a vivir en un mundo que, en muchas ocasiones, no existe. ¿Qué quiero decir con eso? Que en la mayoría de ocasiones nos compran con meras ilusiones de proyectos que no son reales.
Imagina que cuando fueras a hacer la compra, pasaras por delante de la pescadería y el pescadero te dijera que en unos días le va a llegar un lenguado increíble. Pero pasan los días y el lenguado nunca llega, y de hecho jamás lo acaba de poner a la venta. Es un escenario surrealista y ridículo. Y sin embargo, es el escenario de los videojuegos, solo que con decenas de millones de euros de por medio.
Los videojuegos al final son un proyecto que debe hacer dinero. Es a lo que ha evolucionado un sector de entretenimiento que ha devorado a otros como la música. Pero para mantener ese ritmo de crecimiento, la industria necesita convencer a inversores que solo apuestan por proyectos capaces de devolver muchísimo más dinero del que reciben.

Esto es lo que nos lleva a algunos anuncios de videojuegos como los siguientes:
¿Qué tienen en común todos estos videojuegos? Pues que son títulos que despiertan un hype enorme. Es decir, su simple nombre ya es suficiente para tener un impacto en aspectos como la bolsa de las compañías. Y eso es algo que atrae la mirada de aquellos con mucho dinero... pero también son la materialización del riesgo de este sector. Porque no, no digo que estos juegos no vayan a salir jamás. El problema es que la industria ha normalizado anunciar videojuegos cuando todavía son poco más que una idea o una intención.
En este punto, poca duda debe haber en que en el momento en el que se confirmó The Elder Scrolls VI, Bethesda debía tener entre poco o nada en ese momento de desarrollo. Y no es cuestión de cebarse con estos lanzamientos; al fin y al cabo, para un caso todavía más obvio podría ir a ese Beyond Good and Evil 2 del que Ubisoft sigue insistiendo en que existe (a pesar de que todos estemos convencidos de que ya nunca verá la luz).
El problema de la industria de los videojuegos es que ya es habitual 'vender sueños', hasta el punto de que empresas pueden anunciar productos sin la certeza de que estos verán la luz en algún momento. Y es momento de plantearse la duda: ¿vale la pena realizar estos anuncios tan ilusionantes cuando realmente existe poco o nada de ellos?
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