Si cerráis los ojos e intentáis materializar el concepto destrucción, ¿que proyecta vuestro cerebro? Cualquiera que no haya contemplado la pasada edición del E3 pensaría en los turbios conflictos bélicos que atenazan a la humanidad, el riesgo nuclear ante la presencia de bombas en países ambiciosos, o las notas finales de julio/septiembre. Pero nosotros, después de visualizar la magnífica conferencia de Sony donde se presentó el nuevo Gof of War, nosotros vemos reflejado un Kratos empuñando dos espadas vinculadas ineludiblemente a su alma, a una súplica que viró el curso de su historia.
Dios de la guerra como certificación mundial, pero adopta otros nombres. Fantasma de Esparta, temor divino, alopécico malhumorado, padre... En efecto, es de conocimiento popular que Kratos otrora engendró una hija que padeció el descontrolado afán destructivo de su padre. El avezado espartano no diezmó la totalidad de los dioses por placer, sino por necesidad; para enmendar el daño moral ligado a su familia. Durante el transcurso de los juegos, Kratos recuerda a su hija y a su esposa con el afecto de cualquier padre de familia, pero también con el remordimiento de cualquier asesino. De los pocos rastros de humanidad que proyecta Kratos durante su periplo por Grecia la mayoría radican en la evocación de su extinto linaje, una familia que constituye un pecado grabado a fuego en sus adentros el cual le atormentará toda la eternidad. La traición de unos dioses quienes firmaron un contrato de exterminio que fraguó la colosal aventura de nuestro (anti)héroe.
No hace falta recordar cómo concluyó God of War III, Sony quiso jugar con nuestras expectativas y creatividad dejando que la red se contagiase de miles de usuarios que teorizaron la continuidad de la saga. El estropicio ocasionado por Kratos no tenía parangón, lo que abría la puerta a muchísimas alternativas.
Pero ahora, después de un extenso vistazo al próximo God of War y a la confirmación de la mitología nórdica como bisagra narrativa, las dudas no se esclarecen, más bien se opacan. Los creadores confirmaron que seguirá el hilo argumental de los juegos predecesores, por lo que cualquier paradoja espacio-temporal queda descartada. También pusieron en relieve la coexistencia de varias mitologías en función de las ubicaciones geográficas, por lo que intuimos que Kratos viajó a territorio escandinavo. El cómo y el por qué quedan embadurnados con la incertidumbre.
El elemento más reseñable que se apreció en el vídeo fue la presencia de un niño. Un chiquillo custodiado por Kratos, su guardián y maestro, su guía por el sendero del guerrero, su único soporte. Ignorando las demás características como la perspectiva de la cámara, la forma de combate, la amplitud del mapeado, etc. vamos a centrarnos en las cualidades narrativas que pueden desencadenar las escenas mostradas en la conferencia.
El muchacho podría representar el futuro de la saga, aunque ya se ha confirmado la continuidad de Kratos. Su ineptitud combativa está constantemente increpada por su custodio, quien se desespera ante los desatinos del niño. Es un joven preadolescente que sólo piensa en jugar, al fin y al cabo es más humano que su guardián. Kratos, no obstante, ejerce una presión malsana sobre su conducta que, paradójicamente, incluye un entrañable paternalismo nunca visto en el espartano. Una evolución de la crueldad a la afectuosidad de un padre. Una metamorfosis de Dios atemorizador a humano conciliador.
El niño, llamémosle hijo, puede ser el pretexto de su diáspora a los pueblos germanos. Quizás Kratos necesite llenar ese vacío atestado de odio. Puede ser que quiera eximir sus tropelías pasadas y reencauzar su vida, generar una senda alternativa dirigida por la paternidad que él mismo se arrebató años atrás. Incluso, podríamos aventurarnos a pensar que quiere transferirle a su hijo las enseñanzas moralistas que él nunca ha aplicado en su vida para que su descendencia pueda transitar en un más allá inmaculado, libre de pecados.
O, por el contrario, podríamos pensar que la labor de Kratos consista en curtir al niño para exterminar la cultura nórdica. Quizás quiera legar las acciones desconsideradas con las que siempre ha actuado y ceder su apetito exterminador. Kratos siempre ha jurado la muerte del Olimpo, pero su odio podría extenderse por la totalidad mundial. Y es que Kratos realmente es un humano, y los humanos somos creadores y destructores de los dioses.
Aunque, lo más probable es que el niño represente a un futuro Dios, y muchos jugadores apuntan a Odín. Se abren las apuestas.
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