
Ha sido una comparación habitual desde el lanzamiento (y enorme éxito) de Clair Obscur: Expedition 33, centrándose en sus combates por turnos y en las declaraciones de Square Enix, máximos responsables de la saga Final Fantasy, comentando que ya no interesan tanto a los jugadores. Aunque esa opinión es debatible y esta obra demuestra que continúan muy vigentes entre el gran público, creo que desvía la atención de lo que, precisamente, sí es una diferencia clave entre ambas obras: la emotividad y profundidad en historias y personajes.
Obviamente, los combates por turnos de Clair Obscur: Expedition 33 son parte de su grandeza, pero no es el elemento donde más destaca el juego de Sandfall o, mejor dicho, no es aquello que consigue hacerlo tan especial como para superar récord tras récord en lo que a premios se refiere: es su historia, emotiva, que golpea con fuerza, junto a un desarrollo de personajes sublime. Es una escritura muy fina que hace mucho tiempo que no percibo en ningún Final Fantasy.
Siempre suelo repetir lo mismo: nuestros juegos favoritos suelen ser aquellos que consiguieron conectar con nosotros a un nivel más profundo, generalmente a través de sus historias y personajes. Haz el ejercicio: ¿cuáles dirías que son tus videojuegos favoritos de toda tu vida? Seguro que una inmensa mayoría de ellos te asaltan la mente gracias a sus personajes, a su historia, a esos momento que te hicieron emocionarte... el sistema jugable no suele ser el factor más determinante.
Yo tengo un cariño muy especial a Final Fantasy VII y a Final Fantasy X, por ejemplo, y no especialmente por sus combates por turnos (que también me encantan). Creo que ocurre lo mismo con Expedition 33: su sistema de combate es una parte importante de su esplendor, pero lo que consigue que traspase las barreras más emocionales está más allá, en algo mucho más intangible.
Crear personajes complejos, tratar temas pocas veces vistos en la industria, generar momentos mágicos... son aquellos elementos que marcan la diferencia en obras como Clair Obscur: Expedition 33, y que también lo hacían en su momento en la saga Final Fantasy. Ahora, en las últimas entregas de la saga de Square Enix, encuentro personajes mucho más planos, con un desarrollo inexistente, diálogos vacíos y un enfoque en el espectáculo más gratuito que pervierte esa sensación de intimidad, impidiendo que afloren las emociones.
Sólo en ciertos momentos de los últimos remakes de Final Fantasy VII he encontrado esta sutileza en la narración y he sentido que la historia y sus personajes me emocionaban. Si hubiese conseguido ir más allá, su sistema de combate me hubiese dado igual. No deja de ser una percepción y gusto personal: ¿disfrutas más con los turnos o con la acción más directa? Si Expedition 33 tuviera el sistema de combate de Final Fantasy XVI, quizás, hubiese pegado de una forma muy parecida a nivel emocional. Es probable que dentro de unos años nos siguiéramos acordando de él al igual que de otras muchas obras que no destacan tanto a nivel jugable.
Puede que se esté criticando a Final Fantasy por los motivos incorrectos. Te puede gustar más o menos el sistema de combate de Final Fantasy XVI o de los últimos remakes, y puedes poner a Clair Obscur: Expedition 33 como ejemplo de que Square Enix se equivoca con su percepción acerca de los enfrentamientos por turnos... pero lo que le falta a la saga que nos ha dado recuerdos tan bonitos a lo largo de toda nuestra vida es una magia en la escritura que sí parece haber perdido. Ahí es donde los juegos pegan fuerte y superan los umbrales de lo meramente jugable, convirtiéndolos en obras memorables. Eso, amigos de Square Enix, sí se ha diluido y ojalá regrese; ahí es donde tenéis que poner el foco.
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