Entre las similitudes culturales que guardan España y Latinoamérica, no existe una mayor que el amor por el fútbol. Aunque la fijación en políticos ineptos está cerca de ser la máxima similitud, lo cierto es que la afinidad compartida por el balompié resulta aún mayor: nadie vive esos 90 minutos igual que un hispanohablante. Así, y aunque nos robaron el oro, siempre preferiré que La Roja venza a cualquiera de sus pares europeos, por lo que el desenlace de la Liga de las Naciones fue decepcionante. Por lo tanto, acudiré a los videojuegos para intentar ver si la historia hubiese sido distinta.
Porque, del mismo modo que estudié cómo será el futuro de Xbox y PlayStation a través de las metáforas futbolísticas, mi reducida capacidad cognitiva solo me permite establecer analogías respecto al fútbol. No obstante, en esta ocasión, analizaremos el pasado y la actualidad de ambos combinados, por lo que los invito a deleitarse con esta extraordinaria demostración de habilidad de edición para responder a la siguiente incógnita: si la Liga de las Naciones fuese sido con videojuegos, ¿quién habría ganado entre España y Francia?

Como sabrán, la final de la Liga de las Naciones del mes de octubre culminó en una victoria gala sobre los ibéricos por la mínima. A diferencia de los blues, el conjunto español ha invertido los últimos años en una constante reconstrucción tras la paulatina separación de los temidos protagonistas que ganaron consecutivamente dos Eurocopas y una Copa del Mundo, pero ya ha empezado a encontrar el sendero hacia el éxito. Y esta coyuntura, casualmente y en ambos casos, es la que se repite en los panoramas nacionales a nivel interactivo de ambos países.
Para comprender la historia moderna del desarrollo de videojuegos en Francia, hemos de tener en consideración dos nombres: Ubisoft y Arkane Studios. Similar a lo que el Barcelona y el Real Madrid hicieron con España en la época del 'triplete', ambos estudios son los que más figuras a nivel nacional poseen, contando con múltiples franquicias longevas y nuevas que, a través de varias entregas, han logrado convertirse en iconos a nivel mundial.
Si a ello le sumamos el aporte puntual, aunque valioso, de estudios como Dontnod Entertainment y Quantic Dream, encontramos un 11 inicial sumamente fuerte a lo largo de diversos géneros, aunque con especial protagonismo del sigilo, los immersive sim y la acción y aventuras. Eso sí, es precisamente esa imperatividad por parte de pocas compañías lo que reduce la variedad de estilos del conjunto (Dishonored, Prey y Deathloop, Assassin's Creed y Prince of Persia...), de modo que existe un nivel soberbio pero con pocas revoluciones dentro de sí mismo.
La situación en torno a España, en cambio, es radicalmente distinta a la francesa: difícilmente un estudio ofrece más de un jugador a la selección, y difícilmente alguno se parece a uno de sus compañeros. En efecto, existe una brecha considerable en términos de alcance debido a la ausencia sustancial de propiedades intelectuales de calibre AAA, pero el equipo cubre esta carencia a través de una carta que Francia no posee con tanto ahínco: el poder de los indies.
Es decir, además de la veteranía que heredan representantes como Castlevania: Lords of Shadow y Metroid Dread -cortesía de la histórica MercurySteam-, junto a la longevidad clásica de obras de la índole de Blade: The Edge of Darkness y Commandos II, encontramos un agraciado equilibrio por la presencia de obras de arte como Blasphemous, GRIS y The Red Strings Club y la singularidad de joyas como Aragami, RiME, The Sexy Brutale y Moonlighter. Es una escuadra con menos repercusión que sus adversarios, sí, pero no por ello menos destacable.
En última instancia, a título personal, soy un fiel seguidor de los trabajos de Arkane y de la Ubisoft de antaño, por lo que me temo que, de decantarme por un resultado, muy probablemente asumiría que la final de la Liga de las Naciones se repetiría. Aun así, el crecimiento de los videojuegos en España, tal y como sucede en su contraparte futbolística, resulta indescriptiblemente prometedor de cara al futuro, por lo que al mismo tiempo considero que las desarrolladoras españolas presentes y ausentes crecerán lo suficiente como para ver frente a frente a cualquier adversario.
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