Antes de arrancar con este artículo quiero dejar algo muy claro: amo Japón y la cultura japonesa. No he tenido la oportunidad de visitar todavía el país (está en mi top de prioridades a futuro), pero desde que era niño siempre me ha fascinado, desde las calles ultra tecnológicas y repletas de gente hasta los templos perdidos donde prácticamente puedes escuchar a los árboles respirar.
Pero que Japón me encante no quiere decir, por supuesto, que sea perfecto. El país nipón tiene muchísimos defectos sobre los que podría escribir una tesis doctoral si ahondara en ellos, pero hoy os quiero hablar de uno que creo que nos afecta directamente como apasionados del mundo del videojuego. Uno del que ya era consciente pero que creía haber relegado al olvido y que el día de ayer resurgió como un torrente. ¿Queréis saber de qué os estoy hablando? Os lo cuento todo a continuación.
Japón es uno de los países más tecnológicamente avanzados del mundo, de eso no cabe ninguna duda. Su conexión a Internet está a años luz de lo que tenemos aquí en España y equipos de investigación en robótica o nanotecnología, por nombrar algunos ejemplos de tecnologías punteras, están a la vanguardia a nivel global.
No sorprende, por tanto, que fueran los japoneses algunos de los primeros en empezar a crear videojuegos. Se trata de una tecnología en su momento muy novedosa, que revolucionó el entretenimiento en los años 70 y 80 y que continúa haciéndolo a día de hoy. Algunas de las empresas más importantes del sector del videojuego, como Sony o Nintendo, son japonesas. Algunas de las desarrolladoras más potentes a nivel mundial también nacieron en Japón.
Pero creo que los avances tecnológicos no han ido de la mano de avances sociales en Japón. No voy a entrar en temas verdaderamente polémicos, lo dejo para otro momento, pero cualquiera que conozca mínimamente la cultura japonesa se habrá dado cuenta de que en algunos avances sociales que ya se han establecido como norma en el primer mundo son todavía asignaturas pendientes para los japoneses. Mi queja en este caso es mucho más específica y viene a raíz de lo que vi ayer, por desgracia, en las conferencias de Konami y Square Enix en el Tokyo Game Show.
No me voy a andar con rodeos. Ambas conferencias me parecieron una absoluta vergüenza. No porque no anunciaran nada, eso personalmente a mí me da igual. ¿Tenía ganas de ver un nuevo Silent Hill, Metal Gear Solid o saber algo más de la continuación del remake de Final Fantasy 7? Pues por supuesto, pero no es la primera ni será la última vez que una conferencia me deja con un sabor agridulce en la boca al terminar. Sin embargo, puedo decir con confianza que estas dos conferencias fueron las peores que he visto en mi vida, y eso que a lo largo de los años todos nos hemos comido alguna conferencia que ha sido dura, eh.
Casi 3 horazas que nadie me va a devolver jamás. Os juro que me parecieron presentaciones de colegio del año 2003, con unos presentadores sentados como si fuera un telediario, una pantalla con todo en japonés cuando están retransmitiéndolo al mundo entero a través de un canal inglés. Un traductor simultáneo que, aunque estoy seguro de que hizo el mejor trabajo posible, hablaba como si lo estuvieran apuntando con una pistola.
El principal problema que tiene Japón es que son excesivamente tradicionales, lo que aquí llamaríamos boomers. Las juntas directivas de la mayoría de empresas tienen una media de edad de 400 años y jamás han cogido un mando con sus propias manos. Soy consciente de que, por ejemplo, Konami hoy en día hace videojuegos como hobby y realmente se dedica a fabricar máquinas de pachinko, mercado que les ha funcionado perfectamente.
Pero os prometo que viendo la absoluta incompetencia que vi ayer, y estoy seguro de que no soy el único, se me quitaron las ganas de que hicieran un nuevo Silent Hill o un nuevo Metal Gear. Tienen algunas de las franquicias más potentes y laureadas de la historia del medio y no son capaces de hacer nada con ellas. Square tienen un medio pase, pero a mi parecer tiene mucho todavía que demostrar, pero Konami creo que definitivamente es un caso perdido. Ojalá alguien les compre las IPs y las aprovechen, porque tienen una mina de oro enterrada en un almacén polvoriento.

No todos siguen esta tónica. A mi parecer, los japoneses tienen una forma de trabajar que funciona muy bien en el mundo del videojuego, creando experiencias que tan solo ellos son capaces de hacer. Desde FromSoftware hasta la propia Nintendo, por poner algunos ejemplo, no todas las desarrolladoras niponas huelen a cerrado. Nintendo, de hecho, es un claro ejemplo de cómo hacer las cosas bien.
Si bien durante un tiempo estuvieron a la deriva sin saber muy bien cómo dirigirse a su público, en los últimos años Nintendo ha reinventado la comunicación corporativa con sus Nintendo Direct, muchísimo más dinámicos y, aunque en ocasiones algo decepcionantes, al menos no sientes que has perdido el tiempo. De hecho, el último Direct en el que se anunció finalmente The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom fue en mi opinión muy bueno.
No sé si lo que habéis leído le veis sentido porque se me hace muy complicado volcar en palabras la frustración que sentí al ver las conferencias de Konami y Square Enix el día de ayer. No sé qué hay que hacer, pero tampoco es mi tarea descubrirlo, pero sí que creo que algo tiene que cambiar sí o sí.
Tal vez todo esto se arregle con la llegada de una nueva generación a las cúpulas de estas empresas, pero sinceramente lo dudo muchísimo. Todavía queda mucho por delante para que Japón saque todo su potencial y de rienda suelta a su talento, porque creedme cuando os digo que de eso precisamente van sobrados.
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