Si en algún momento de los 90 fuiste ese niño que convenció a sus padres para comprar el periférico más raro de la tienda de videojuegos, este artículo te va a dar escalofríos de nostalgia y quizás un infarto de alegría. Esos inventos extraños que todos consideraban cachivaches inútiles y que acabaron arrinconados en cajones se han convertido en auténticos tesoros del coleccionismo gaming.
La industria de los videojuegos de los 80 y 90 fue una época de experimentación salvaje, donde Nintendo y Sega lanzaron periféricos que parecían sacados de películas de ciencia ficción. La mayoría fueron fracasos comerciales épicos que vendieron poquísimo y desaparecieron rápido del mercado. Paradójicamente, esa misma escasez los ha convertido hoy en piezas de museo que pueden pagarte unas vacaciones... o una moto de segunda mano.
Aquí tienes los tres periféricos más locos que podrían estar esperándote en algún trastero familiar, listos para convertirse en tu boleto dorado del retrogaming.
El Power Glove de Nintendo es probablemente el periférico más icónico y terrible de la historia del gaming. Lanzado en 1989 por Mattel para la NES, este guante plateado prometía controlar juegos con gestos de la mano, convirtiendo a cualquier niño en un héroe de película de los 80.
La realidad era muy diferente. El Power Glove era tremendamente impreciso, requería movimientos específicos que los juegos no captaban bien y terminar un nivel de Super Mario Bros con él era casi misión imposible. Solo se desarrollaron dos juegos específicos para el guante: Super Glove Ball y Bad Street Brawler, ambos considerados desastres absolutos.

Pero aquí viene lo bueno: su fracaso comercial y el hecho de que Mattel lo descontinuara tras solo un año lo han convertido en una pieza de culto. En 2021 aparecieron en eBay cajas enteras de Power Gloves japoneses nuevos sin abrir que habían estado perdidos en almacenes durante más de 30 años. Un ejemplar en perfecto estado con caja original puede alcanzar entre 200 y 400 euros, mientras que uno precintado supera fácilmente los 500 euros.
Su estatus de leyenda se debe tanto a su fracaso como a su aparición en películas como "El Campeón del Videojuego" y su famosa frase "I love the Power Glove. It's so bad". Si tienes uno guardado, acabas de encontrar una reliquia gaming más valiosa que muchos juegos actuales.
En 2002, Capcom y Microsoft lanzaron algo que desafió toda lógica comercial: Steel Battalion para Xbox, un juego de mechas que venía con el controlador más grande y complejo jamás creado. Este monstruo incluía 40 botones, dos joysticks, tres pedales y múltiples palancas, todo por el módico precio de 200 dólares.
El Steel Battalion Controller no era solo un mando, era una experiencia completa. Tenía botones iluminados, indicadores LED, y requería ambas manos y ambos pies para jugar correctamente. Solo funcionaba con Steel Battalion y su secuela, convirtiendo cada partida en una simulación de piloto de mecha que hacía que manejar un coche pareciera sencillo.

Como era de esperar, muy poca gente estaba dispuesta a pagar 200 dólares por un solo juego y su mando gigante. Las ventas fueron desastrosas, pero eso ha jugado a favor de los coleccionistas. Hoy en día, un Steel Battalion completo con caja puede superar fácilmente los 300-500 euros, y los ejemplares en perfecto estado alcanzan precios astronómicos.
Los streamers modernos han redescubierto este controlador, usándolo para jugar otros juegos y convirtiéndolo en contenido viral. Su calidad de construcción premium y su rareza absoluta lo han transformado en el santo grial de los periféricos de Xbox original.
En 1993, SEGA lanzó algo que parecía sacado del futuro: el SEGA Activator, un anillo octogonal que se colocaba en el suelo y detectaba movimientos mediante sensores infrarrojos. La idea era golpear al aire para controlar personajes de Street Fighter o Sonic, convirtiéndote en el protagonista de tus propios juegos.
El concepto era revolucionario: no necesitabas botones ni mandos, solo moverte dentro del anillo para que los sensores tradujeran tus gestos a acciones en pantalla. SEGA lo promocionó como un simulador de artes marciales que mejoraría la experiencia de los juegos de lucha.

En la práctica, el Activator tenía problemas graves. Los sensores eran imprecisos, no captaban movimientos rápidos, y jugar algo que requiriera reflejos rápidos se convertía en una pesadilla frustrante. Además, era carísimo para la época y ocupaba mucho espacio en el salón.
Pero aquí está la ironía: el SEGA Activator se adelantó 20 años a su tiempo. Hoy, viendo el éxito de Kinect, PlayStation Move y los controles de movimiento de Nintendo Switch, aquel fracaso visionario parece genial en retrospectiva. Los coleccionistas lo valoran como la primera aproximación seria a los controles de movimiento domésticos.
Un SEGA Activator completo y funcional puede costar entre 150 y 300 euros según su estado, y encontrar uno con todos los componentes es cada vez más difícil. Su valor no para de subir conforme más gente reconoce su importancia histórica como precursor de tecnologías actuales.
Si tras leer esto te has acordado de aquel periférico raro que tus padres compraron por insistencia tuya y que llevaba años acumulando polvo, es hora de revisar ese trastero. La industria del gaming está llena de experimentos fallidos que se han convertido en tesoros inesperados.
El coleccionismo gaming ha demostrado que el fracaso comercial no siempre significa fracaso a largo plazo. A veces, los productos más raros y odiados de su época se convierten en las joyas más preciadas décadas después.
¿Tienes algún periférico extraño perdido por casa? ¿O recuerdas haber regalado o vendido alguno de estos cachivaches por unos pocos euros? El mundo del coleccionismo retro está lleno de historias de "si hubiera sabido..." que duelen más que perder una partida en el último segundo.
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