Análisis Warhammer: Vermintide II

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Hace ya casi 3 años que la desarrolladora Fatshark, con un presupuesto no demasiado elevado, conseguía enamorar a miles de fans del universo de Warhammer con Warhammer: End Times – Vermintide. A través de esta obra se mezclaban el emocionante universo de Games Workshop con un título de acción cooperativo en primera persona al más puro estilo Left 4 Dead. Ahora, Fatshark vuelve a las andadas y pone a la venta Warhammer: Vermintide II, la secuela de este aclamado videojuego.

A través de los últimos meses ya hemos podido ir probando algunas versiones preliminares pero ahora, con el videojuego a la venta, hemos podido estar dedicándole un buen puñado de horas a la nueva propuesta de este estudio. ¿Aguanta el tipo Vermintide II para convertirse en el recambio del tan esperado Left 4 Dead 3 o se diluye en medio de un ejército de Skaven? Si queréis conocer la respuesta, os invitamos a que nos acompañéis en nuestro análisis de Warhammer: Vermintide II.

Una jugabilidad exquisita

Warhammer: Vermintide II es una secuela directa de su predecesor. Sin embargo, no hace falta haber tocado el primer videojuego, ni siquiera saber absolutamente nada del universo de Warhammer, para disfrutar con esta obra. El título de Fatshark no se enfoca en el lore, en contarnos una historia o en proponer cosas extrañas; simplemente tenemos que avanzar matando miles y miles de enemigos que se abalanzan sobre nosotros de forma más que habitual.

El núcleo de Vermintide II, al igual que ocurría en la primera parte, se encuentra en la jugabilidad. En este sentido, nos encontramos con una obra continuista que apuesta por la misma fórmula que le valía el éxito a Left 4 Dead en la primera década del siglo y que, desde entonces, pocos parecen haber logrado imitar. Fatshark ha creado un título basado en su trabajo de 2015 y en donde todo el entramado jugable se construye en base a la acción en primera persona y la cooperación con los 3 compañeros de equipo que tenemos.

Y es precisamente en este apartado, en la jugabilidad directa, en donde nos encontramos con el mayor acierto de Vermintide II. La obra ofrece una experiencia veloz y frenética en la que debemos hacer frente a hordas y hordas de enemigos mientras luchamos por la supervivencia, no solo de nuestro propio personaje, sino de todo el grupo. Cada una de las personas que integran el grupo tiene sus propias habilidades y, por tanto, juega un rol específico. No es que haya una especialización extrema, pues todos los personajes tienen que matar (que es de lo que va el tema aquí), pero cada uno de los integrantes del equipo debe tener claro cuál debe ser su posición y su función, manteniendo a los magos alejados del centro del combate y poniendo en primera línea a los personajes más “duros”.

A la hora de hacer frente a los enemigos, Vermintide II se nota mucho más pulido que su predecesor. Los controles son exquisitos, las armas responden a la perfección, el sistema de combate se siente más justo (que no más fácil) y el sistema de físicas hace que cada golpe asestado dé un cierto feedback, una sensación de que realmente hemos impactado a una de las bestias. Todo ello, junto con un espectacular diseño de niveles que nos encierra y nos cuela en emboscadas para obligarnos a readaptarnos constantemente, conforma una de las mejores experiencias cooperativas que hayamos visto jamás, comiéndole la tostada a Left 4 Dead en su propio terreno. ¡Todo un triunfo por parte de Fatshark!

Sistema de progresión y… ¿cajas de botín?

A pesar de las evidentes similitudes de Vermintide con Left 4 Dead, el título de Fatshark marca la diferencia respecto a Valve incluyendo un sistema de progreso con elementos sacados de los títulos de rol y cajas de botín; pero, eh, nada de microtransacciones, todo conseguido a través de matar bestias temibles y completar misiones dentro del juego. Para hacer crecer a nuestros personajes deberemos completar las misiones, obteniendo así recompensas aleatorias cuya calidad es mejor o peor en función de nuestro desempeño en la partida y de los coleccionables encontrados en cada misión.

Sin embargo, si bien es cierto que el sistema de progreso y toda su base no es mala y consigue engancharnos para dedicar un puñado de horas al juego, lo cierto es que no está todo lo bien llevada a la práctica que nos gustaría. Sí, el sistema como tal no es malo, pero nos encontramos con fallos importantes. El primero de ellos es que el progreso sigue un sistema similar a Destiny, en donde es nuestro equipamiento el que determina nuestro nivel. En este aspecto, la aleatoriedad en las recompensas puede resultar muy frustrante ya que no siempre conseguiremos algo que queremos y nos sea útil; y creedme, no es nada fácil completar una misión para que, después de todo el esfuerzo, recibas algo que no te vale de nada. Para paliar esto tenemos un pequeño sistema de crafteo que nos permite desechar algunos elementos y crear otros, pero lo cierto es que con esto la sensación tan solo se mitiga levemente y no llega a desaparecer en ningún momento, lastrando el sistema de progreso.




Por otro lado, los diferentes menús resultan demasiado confusos, oscuros e incómodos. Podemos tratar a los diferentes personajes que Warhammer: Vermintide II incluye por separado, equipando a cada uno de ellos con las armas y diferentes elementos que vamos desbloqueando. Todos estos objetos se comparten entre los diferentes personajes pero, si queremos equipar la misma arma a todos, tendremos que hacerlo uno por uno ya que no hay posibilidad de equipar a todos. Sí, esto es tan solo un pequeño detalle, pero es una de las muchas muestras de que el esfuerzo en la jugabilidad ha dejado algunos huecos en los menús, haciendo más oscuro y difícil el sistema de progreso.

Espectacularidad visual

En cuanto a los aspectos más técnicos de la obra de Fatshark nos encontramos con una importante evolución respecto al videojuego original. Vermintide II cuenta con un apartado gráfico muy trabajado en el que los modelados y las texturas tienen gran calidad y permiten distinguir con nitidez qué demonios está ocurriendo incluso en medio de una escaramuza con decenas de Skaven. La iluminación también cuenta con un gran trabajo detrás y, en general, esta calidad técnica unida a un gran apartado artístico, hacen de Warhammer: Vermintide II una obra que entra fácilmente por los ojos.

Por el momento, Fatshark tan solo ha lanzado este videojuego en PC, aunque se espera su llegada a lo largo del año a PlayStation 4 y Xbox One. La versión de PC cuenta con un rendimiento bastante bueno. En general se trata de una obra exigente con nuestro PC pero que, si montamos un buen hardware, va a rendir sin problemas incluso con los ajustes más altos. Por otra parte cabe destacar que el combate está muy centrado en el cuerpo a cuerpo, por lo que apuntar no resulta tan importante y, en muchas ocasiones, el hecho de poder tener alguna caída hasta los 45 fps no es destacable ni empeora la experiencia, por lo que este es un aspecto que no debe preocuparnos en exceso.

Más preocupantes son algunos despistes en cuanto al matchmaking. Cada una de las partidas que iniciamos con gente online adjudica a uno de los jugadores la categoría de host, de forma que, hasta que se implementen los servidores dedicados más adelante, dependeremos por completo de la conexión de dicha persona. Esto es especialmente frustrante dado que, si esta persona se cae de la partida, toda la misión queda cancelada y fácilmente habremos perdido 30 minutos de dura lucha. No hay opciones de volver a entrar o de que se adjudique el host a otro usuario; simplemente se cancela.

Por otro lado, la cantidad de horas que Warhammer: Vermintide II puede ofrecernos es simplemente enorme. Hay un buen número de misiones que completar, diferentes niveles de dificultad para estas y varios coleccionables que encontrar en los diferentes mapas. Todo ello sumado a los desbloqueables del sistema de progresión da como resultado una experiencia que se puede alargar durante decenas y decenas de horas sin que nos lleguemos a cansar de su exquisito gameplay.

Conclusiones

Warhammer: Vermintide II llega al mercado siguiendo la fórmula que ya le valía el éxito a su predecesor pero buscando pulir todas las posibles esquinas que pudiera tener el apartado jugable de la primera entrega. Se trata del ejemplo perfecto de lo que una secuela debe ser, tanto en términos de contenido como de miras y ambiciones. Fatshark es tremendamente consciente de que el principal atractivo del juego está en el gameplay y por ello se han esmerado para crear un apartado jugable simplemente espectacular. En términos de gameplay puro y duro estamos hablando de uno de los mejores títulos cooperativos de toda la historia, así de simple.




Sin embargo, esta obra maestra jugable se ve ligeramente lastrada por errores y descuidos en el sistema de progreso y el uso de las cajas de botín para ofrecer recompensas aleatorias, en la interfaz que dificulta terriblemente los momentos entre misión y misión y, sobre todo, en temas de conectividad y matchmaking.

Pero más allá de todos estos fallos y aciertos, viendo a Warhammer: Vermintide II como un conjunto homogéneo, el resultado final es muy bueno. Es cierto que le faltan toques aquí y allá para ser sobresaliente pero, gracias a un buen apartado técnico y una de las mejores jugabilidades cooperativas que hayamos probado, lo nuevo de Fatshark es un producto que no dudamos en recomendar. ¡Left 4 Dead ha muerto. Larga vida a Warhammer: Vermintide!


Positivo

  • Jugablemente casi perfecto
  • Los controles son muy buenos
  • La sensación al atacar a un enemigo está muy lograda
  • Visualmente muy agradable
  • Mucho contenido de calidad

Negativo

  • Sistema de progresión algo frustrante
  • Problemas con el matchmaking
  • Interfaz incómoda y poco clara
8.5

Muy bueno

Política de puntuación

Víctor Rodríguez
Videojuerguista desde siempre. Fan incondicional de Fallout y Star Wars y amante del RPG viejuno. Hablo de videojuegos, cine, series o lo que me dejen. Ah, y me gustan los números.