Análisis Wreckfest

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Dentro del género de conducción, la variante off-road ha estado con gran presencia desde sus inicios. Múltiples franquicias miembros del estilo todoterreno se han adjudicado el cariño de los fanáticos con el paso de los años, mas ello no inhibe a nuevos competidores de unirse a la carrera por un puesto en el corazón de los seguidores de los vehículos 4×4. En tal sentido, Bugbear Entertainment, desarrolladores del mítico FlatOut, publican Wreckfest, un inédito contendiente dentro de la casta, mediante el cual se unen al torneo para intentar argumentar por qué su producción merece ser considerada con validez, cuestión que se adjudica pero, en lugar de hacerlo por innovar, lo hace por saber cómo replicar las sólidas bases de su estilo.

Destrucción a toda velocidad

Si traducimos el nombre de la producción a la lengua castellana, resulta fácil comprender uno de los pilares fundamentales de la obra. En esta ‘fiesta de demolición’, existen dos núcleos esenciales para el erigir de la propuesta: primero, las carreras como tal y, segundo, la potestad de destruir a nuestros adversarios. Esta combinación da lugar a eventos en donde existen dos condiciones de victoria principales –según el modo, llegar de primer o sobrevivir al combate de demolición-, mas unas que permiten llegar a ellas a través de diversas maniobras mecánicas que premian tanto a aquel jugador que sepa cómo desenvolverse en términos de conducción como a aquel usuario que sepa cuándo y a quién agredir, causando así que cada encuentro sea un verdadero festival de ‘sálvese quien sepa’.

En líneas generales, y comenzando a detallar los motivos por los cuales Wreckfest sabe “cómo replicar las sólidas bases de su estilo”, el planteamiento global es simple: contamos con una modalidad que funge como campañallamada Trayectoria-; un modo para crear eventos personalizados, escogiendo la localización, nuestro vehículo, modificando las opciones de la carrera, etc.; y la faceta multijugador, en la que confrontaremos a otros jugadores en línea para demostrar quién es el mejor. A través de esta sencilla composición, Bugbear logra esgrimir la dosis de contenido suficiente para mantener a cualquier asiduo al género atrapado por una estimable cantidad de tiempo, especialmente porque, en lo que a su apartado jugable respecta, hallamos un resultado sumamente pulcro al que somos instados a continuar disfrutando.

Por otra parte, y haciendo un preciso énfasis en el mencionado modo Trayectoria, allí contaremos con un sinfín de desafíos por cumplir en diferentes competiciones, cada una con sus propios contextos. A lo largo de cinco campeonatos, Regionales Junior, Nacionales Amateur, Challengers, Pro Internationals y World Masters, los conductores pondrán a prueba sus habilidades en asfalto, grava, tierra, lluvia y demás condiciones ambientales, las cuales enmarcan cada carrera en un entorno completamente diferente al que hay que aproximarse con mentalidades adaptables para poder sortear los obstáculos que cada una presenta de manera independiente.

Específicamente, los cinco torneos ostentan una específica cifra de carreras que hay que superar, las cuales nos situarán en contra de un número variable de competidores. Tras finalizar cada una, nos adjudicaremos una cantidad de puntos que, a la postre, serán registrados para postular una tabla final, en la cual tendremos que posicionarnos de manera positiva para poder continuar hacia las demás divisionescon objetivos añadidos que aumentan nuestro resultado final-. Esto, claro está, resulta positivo pues  la densidad de contenido que ofrece Wreckfest se ve expandida en notable medida, sin embargo, posee la negativa contraparte de que, con el paso de las horas, se empieza a notar sensaciones de fatiga dada la constante exposición a un apartado lúdico que, pese a muy bien elaborado, acaba por tornarse cíclico.

Gran énfasis en la personalización

En los últimos años, el género que aquí protagoniza el escrito ha mostrado más atención a la capacidad de personalización que se les permite a los jugadores. En tal sentido, productos como Gravel se esfuerzan, y logran, conceder la potestad de editar los vehículos y la jugabilidad a niveles sumamente detallados, haciendo que sea posible adaptar la experiencia de juego a nuestros más particulares gustos. A dicho respecto, Bugbear alcanza representar fidedignamente esta tendencia y nos da la oportunidad, aunque quizá no con tanta profundidad como otros congéneres, de adecuar su faceta lúdica al tacto que mejor creamos conveniente.

Así, pues, y junto a las inexorables modificaciones como pista, tipo de evento, cantidad de adversarios y dificultad, contamos con dos escisiones de personalización: primero, la referente a las partidas como conjunto, que nos permite controlar aspectos como el tipo de frenos, el control de tracción, el control de estabilidad y el índice de daño que preferimos permitir que los automóviles sufran y, segundo, el propio diseño de los carros. En este sentido, después de cada carrera obtendremos puntos de experiencia acordes a nuestra actuación y, luego de subir de nivel, desbloquearemos nuevas adiciones que podremos implementar en los vehículos que, de igual manera, vayamos descubriendo.

De tal forma, componentes como los filtros de aire, los neumáticos, la refrigeración, entre otros, podrán ser comprados y modificados a medida que adquiramos más niveles y más créditos. Ello cambiará súbitamente nuestra forma de jugar pues podremos especializar nuestros vehículos a distintos rubros, es decir, estaremos en la capacidad de abocarlos especialmente al choque contra otros vehículos, destinarlos a las carreras largas, especificarlos para pistas más cortas y demás opciones que, insistimos, si bien no muestran la profundidad más vasta, son un excelente añadido a la producción.

Poderío técnico y gráfico

En lo alusivo a la postura visual del título, Bugbear destinó una ardua labor en materializar un producto sólido, que ofreciese un apartado técnico y gráfico a la altura que amerita un juego donde la destrucción, las partículas y las físicas cobran tanta relevancia para crear una verdadera sensación de inmersión. Ciertamente, el estudio puede sentirse satisfecho con el resultado pues, desde ese punto de vista, han logrado un acabado férreo, el cual otorga un espectáculo visual que se fusiona de forma excelente con su flanco jugable y, además, con los maravillosos y bien representados entornos que fungen como telón de fondo para las carreras.

Una sólida repetición

Wreckfest, en síntesis, es una creación redonda. Es divertido, ofrece grandes dosis de contenido, es variado, permite un estimable rango de personalizaciones para hacer del juego una aventura dinámica, cuenta con un sistema de progresión que nos mantiene en movimiento y, además, cumple de manera sobrada en lo técnico y en lo gráfico.

Pese a ello, el más grande detrimento que posee es la imposibilidad de ofrecer algo que no hayan ofrecido ya algunos de sus símiles. Por esta razón, si no se es fanático previamente del género, el producto no hará cambiar de parecer pero, simultáneamente, si esta clase de creaciones resultan agradables para el consumidor, no nos caben dudas en que nos hallamos ante una perfecta recomendación.


Positivo

  • Es un verdadero festival de demolición
  • La conducción está bien desarrollada
  • Cuenta con una vasta densidad de contenido
  • La personalización resulta agradable
  • Gráfica y técnicamente es excelente

Negativo

  • El modo campaña, ya avanzados en el mismo, da síntomas de monotonía
  • En líneas generales, no ofrece algo que no se pueda disfrutar en otros homólogos
7.5

Bueno

Política de puntuación

Ronald Goncalves
Redactor de artículos y análisis de dudosa calidad. Objetivo a tiempo completo, subjetivo a tiempo parcial. Asiduo al medio interactivo por su capacidad de hacernos vivir las historias, no contarlas. Joven venezolano amante de los RPG's que busca cooperar en la evolución de un medio en pañales.