Black Panther

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Crítica de Black Panther: Qué poco de Marvel y qué bien

Acción sobresaliente, fotografía impactante y un alejamiento de la fórmula del estudio es lo que caracteriza a la historia del Rey de Wakanda

Black Panther
 

Los caramelos de uno en uno por favor. Marvel lleva demostrando los últimos años una intención explícita por separar cada una de sus películas de las referencias cruzadas con el resto de entregas del Universo Cinematográfico. El crecimiento del imperio levantado con “Iron Man” ha llevado al estudio a buscar una alternativa al cada vez más pesado edificio para crear pequeños espacios de creación autónomos. Así dio a luz la irreverente “Thor: Ragnarok”, y así llega ahora “Black Panther”, la cinta más política y alejada del cine de superhéroes del equipo de Kevin Feige.

Ryan Coogler tenía entre manos uno de los productos de la factoría más esperados de los últimos años. Introducido como un personaje ciertamente secundario en “Capitán América: Civil War”, ahora el príncipe de Wakanda protagoniza su propia aventura de acción en un contexto social y político propenso para el debate. El director de Creed pone en la mesa todas estas cuestiones en un metraje que arrastraba una bien merecida expectación, y que se siente tan única como precisaba la antesala a la gran fiesta de los hermanos Russo. Pero vayamos por partes.

La película comienza una semana después del asesinato del rey T’Chaka (John Kani) en la sede de las Naciones Unidas, mostrado durante la cinta del pasado 2016. T’Challa (Chadwick Boseman) ahora debe heredar la nación de su padre demostrando que está capacitado para el puesto tras años de entrenamiento. Sin embargo, la existencia de cantidades casi ilimitadas del poderoso mineral Vibranium en Wakanda, llamarán la atención de fuerzas exteriores lideradas por Klaw (Andy Serkis). Este traficante que se dedica a vender el precioso material que queda desperdigado por el mundo, se cruzará por su camino Erik Killmonger (Michael B. Jordan), un antiguo habitante de la nación africana que arrastra temas pendientes con la familia real, y pondrá en peligro la milenaria nación africana.

“Black Panther” es la lucha durante más de dos horas de Coogler contra la esencia Marvel. Los intentos por alejarse de la cada vez más agotada fórmula del estudio llevan al cineasta a crear una historia efectista y profundamente satisfactoria. Esto lo consigue subvirtiendo todos los esquemas mentales a los que nos tiene acostumbrado el cine de superhéroes. Creando un espacio moral gris, Coogler logra romper el maniqueísmo clásico de los blockbusters haciendo cada personaje no sea ni bueno ni malo, y anteponiendo sus motivaciones a sus posiciones dentro del esquema de la película. Ese quizás sea el mayor acierto de una trama previsible con un mensaje político que termina cobrando más atención que la previsible sucesión de acontecimientos (demos de nuevo gracias a los tráileres).

Si el punto fuerte de la película no es la historia, sino sus personajes, entonces ¿en qué nos apoyamos para no perder la sinergia de lo que nos ofrece? La respuesta se llama Rachel Morrison. La directora de fotografía se libera de los grises y marrones de “Mudbound”, para desplegar una paleta de colores totalmente sobrecogedora. “Black Panther” es, sin miedo a equivocarme, la película más bella de todo el Universo Cinematográfico de Marvel. La intensidad de los colores combinada con la variedad y originalidad del vestuario,, logran un efecto embriagador que no te suelta hasta que llegan los créditos. Wakanda luce tan impactante como debería, y el continente africano saca a pasear su auténtica naturaleza. Porque otra cosa no, pero Coogler ha creado una carta de amor al continente.

Ahora bien, la inmersión en la historia se logra, pero da demasiados rodeos para llegar al importante. Subtramas sin demasiada sustancia, y que no terminan de aportar el trasfondo necesario para comprender los pensamientos actuales de los personajes, copan más de dos tercios de la película. Es precisamente cuando el guion se despega del pasado de sus protagonistas, cuando todo comienza a funcionar. A partir del ecuador, el ritmo entra en un increscendo espectacular que desemboca en un final de infarto. Coogler logra esto gracias a unas escenas de acción, y en especial varias persecuciones, con unas coreografías y efectos especiales soberbios.  Para ello se apoya en los elementos del cine de acción, con largas secuencias de peleas a corta distancia, y una ausencia completa de la pirotecnia clásica de Marvel en estas situaciones. “Black Panther” recuerda más a un thriller de acción que a una cinta del Universo Cinematográfico, y es ahí donde radica su virtud.

No mentía el director al asegurar que esta es un homenaje a James Bond. Lo sorprendente es lo bien que funciona, y lo poco que desentona con el resto de elementos. Se entiende el esfuerzo por lograr una personalidad propia, y las referencias más que obvias a Star Wars terminan de aportar el factor de espectacularidad. En ese agua se mueven como sirenas todas y cada una de las guerreras que habitan Wakanda. El protagonista de “Black Panther” no es Black Panther, sino Okoye (Danai Gurira), Shuri (Letitia Wrigh), Ramonda (Angela Basset), y especialmente Ayo (Florence Kasumba) y Nakia (Lupita Nyong’o). Estas dos últimas se comen de manera literal la película; Kasumba por desatarse en cada una de las escenas, y Nyong’o por quitarse el CGI de encima para completar las carencias de Chadwick Boseman.

Y es que las Dora Milaje son de lejos el mayor acierto del reparto, y quizás el principal problema. Su fuerza y presencia termina en muchas ocasiones por robar demasiado protagonismo. Pero es que todo lo que hacen, sus diálogos, y disposición en las batallas hacen de ellas unos iconos que prometen dar tertulia cuando entre en escena Thanos. Marvel no solo ha aprovechado para reivindicar a las minorías afroamericanas, sino para poner la primera piedra de su futuro liderado por mujeres fuertes, complejas, y alejadas de todo cliché.

“Black Panther” responde a la eterna pregunta de si el fin justifica los medios, y aunque la respuesta puede que no agrade a todos, está bien construida. Coogler ha firmado en definitiva una película que no se recordará por tener un superhéroe, sino por poner sobre la mesa temas que se creían imposibles dentro de Marvel. Cada uno verá en esta historia de familia, honor y justicia un valor al que apegarse, y todos terminarán deseando saber cómo eso encaja con la llegada del titán a la Tierra. “Black Panther” no es la película de T’Challa, sino la de una nación que se quita el disfraz y sale al mundo para reivindicar su lugar. Wakanda forever!


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