Crítica: La Casa de Papel es un ejemplo perfecto de ritmo y tensión

Podría continuar en forma de spin-off

Crítica: La Casa de Papel es un ejemplo perfecto de ritmo y tensión
 

Quien ha visto alguna vez un largometraje que verse sobre el atraco de un banco, sabe perfectamente que mantener la tensión y el ritmo en su totalidad es complicado: los giros de guion hay un momento en el que ya no funcionan, los personajes de ambos bandos (los atracadores y los rehenes) comienzan a desdibujarse y el final parece no acercarse nunca. Es por ello que ponerse delante de “La Casa de Papel” era tomar un riesgo: quince episodios, la totalidad de ellos en el centro del atraco, era algo complicado.

Pero Álex Pina y su equipo de Vancouver Media lo han logrado. Antena 3 emitió el año pasado la temporada única (divida en dos tandas) sin éxito: la audiencia no estaba preparada. En cambio, Netflix le ha ofrecido una nueva vida a nivel mundial y la serie está siendo de lo más visto en todo el globo terráqueo en la actualidad. Es por ello que hemos querido recuperar la ficción para poder ofreceros una pequeña crítica, sin spoilers, sobre lo que os espera en el atraco más importante que sucedería en España: en La Casa de la Moneda y el Timbre.

La clave está en los personajes

Pocos son los personajes que están desaprovechados en los quince episodios de esta primera temporada (se rumorea, según su propio creador, con un spin-off). Es cierto que algunos como Moscú y su hijo están desaprovechados (aunque este último tiene una complejidad psicológica elevada), pero tener a Río, Nairobi, Berlín o Tokio como parte de los atracadores es todo un lujo.

Mientras que Tokio y Río nos dan la pincelada romántica de la serie, algo que parece ser una tónica necesaria en las ficciones españoles, ambos nos ofrecen dos de las mejores interpretaciones de “La Casa de Papel“. Sobre todo ella, interpretada por Úrsula Corberó: su voz como narradora, sus miradas y sus cambios de personalidad atrapan al espectador. Resulta impredecible y a la vez, encantadora. Es parte del encanto de la banda, y es ella la causante de que estemos del lado de los malos. Aunque, ¿quién es el malo?

Berlín, por su parte, es la cabeza del plan más allá de El Profesor, del que ahora hablaremos: pero una cabeza desquiciada, enferma. Manipula, daña y piensa solo en el bien del grupo sin que nada más importe. La frialdad hecha persona. Quizás sea (al menos en mi opinión) el personaje al que todos odiemos en algún momento, pero es necesario para mantener la estabillidad del plan puesto que El Profesor la tambalea.

Y es este último quien nos ofrece la mejor actuación de la serie: un personaje interpretado por un actor algo desconocido para los espectadores que gracias a su amueblada cabeza y, a la vez, su torpeza, nos atrapa. Su relación con Esther, la inspectora a cargo de la negociación, lejos de resultar forzada, es natural. Algunas escenas entre los dos son de lo mejor de la serie y de cara al final, sin desvelar nada de lo que ocurre, ambos son puestos al límite.

Una narración fragmentada y con ritmo

Sobre todo en los primeros compases de la serie, veremos cómo se van formando los preparativos a lo largo de seis meses, aunque el plan viene de lejos en la mente del Profesor. Es cierto que durante los quince episodios veremos flashbacks a momentos determinados de la estancia en una casa en la que se fraguó todo el plan, pero sobre todo al inicio vemos esa fragmentación de la narración que ayuda a que la acción del atraco no avance demasiado rápido para lograr mantener la atención en toda la serie.

En cambio, los diferentes puntos de vista que se producen en el atraco también ayudan a diluir la narración y alargar el proceso lo justo y necesario: en ningún momento parece una serie alargada artificialmente, sino que las tramas de cada uno de los personajes avanzan poco a poco, sin provocar un estallido, con giros de guion que más quisieran algunas películas reconocidas del género.

Sin embargo, sí tenemos un pero: los rehenes, personalmente, no lograron atraparme ni con sus tramas personales ni con las que se fueron desarrollando a lo largo de los quince episodios. Me resultaron más vacíos en personalidad que sus alter ego y sus acciones interesaban menos que las que veíamos en el bando de los atracadores y la policía.

Otro elemento imprescindible de la serie, y que destaca por encima casi del resto, es el logrado apartado técnico: la escenografía, la cámara, la fotografía… Todo está al más alto nivel, evidenciando un presupuesto bien utilizado pese a que no es mucho superior al de otras producciones españolas. Colores que se utilizan siempre con una finalidad (incluidas las máscaras y los trajes de los atracadores).

Una serie que hay que ver en maratón

Es la serie más maratoneada en todo el mundo según TV Time y por un motivo: sus finales acaban en lo más alto. Por lo que recomendamos que se haga maratón en pocos días. Además, la calidad de “La Casa de Papel” es muy elevada, situándose como lo mejor que se ha hecho en España. Nos da pena que en Antena 3 no recibiera el favor del público pero su rescate en Netflix le ha otorgado una segunda vida.


Contenido relacionado