Crítica del episodio 2×08 de Westworld: La verdad de Akecheta

Westworld

Crítica del episodio 2×08 de Westworld: La verdad de Akecheta

La serie se sumerge en el pasado con un viaje introspectivo que aporta muchas respuestas interesantes

Crítica del episodio 2×08 de Westworld: La verdad de Akecheta
 

En todo viaje se necesitan paradas para repostar, y Lisa Joy y Jonathan Nolan son conscientes de ello. La semana pasada “Westworld” nos llevó a un falso clímax en el que los caminos de todos los protagonistas por fin se volvían a encontrar, dando como resultado una auténtica carnicería. Persiguiendo sus sueños, Dolores se veía frente a frente contra sus enemigos, Maeve afrontaba el dolor de la pérdida, y Bernard despejaba poco a poco el misterio real que envuelve a toda la corporación Delos, y a todo el proyecto del parque. Es este último el que parece estar un paso más adelantado que el resto, a pesar de haber todavía muchas preguntas en el aire. Mientras, los datos albergados en Peter Abernathy siguen suponiendo la clave, la llave para abrir la tan famosa puerta.

Con Dolores ya de camino hacia el valle más allá, y el equipo de control de la compañía evaluando daños y preparándose para el contraataque final, ahora es Maeve quien debe resolver asuntos pendientes. Toda su lucha por recuperar a su hija se terminaba viendo frustrada por la aparición de William, y un sangriento tiroteo en el que por fin acababa con sus demonios pero también entregaba la vida a cambio. Moribunda, sobre una camilla tras ser rescatada por Sizemore, su mente se lanza a recordar, y a repasar sus errores. Pero no es consciente de que el destino está a punto de echarle una mano. Y es que los indios que secuestraron a su hija, son el rayo de esperanza que siempre había estado esperando.


Esta crítica contiene spoilers. Te recomendamos ver el episodio antes de continuar leyendo.

Mientras el hombre de negro agoniza al borde de la muerte, el líder de esta tribu encarna un viaje espiritual. El episodio 8 de “Westworld” está protagonizado por una narrativa introspectiva de Akecheta, el miembro más destacado de la Nación Fantasma, y una figura que ha vivido a los suficientes cambios como para tener una visión panorámica de lo que está sucediendo. Tras comenzar a hablar con la hija de Maeve, los showrunners nos sumergen en el pasado de este indio, en la travesía que ha recorrido durante los últimos 10 años. Si hacía falta algo de reflexión para entender todo lo que ha sucedido en las últimas semanas, él es vehículo perfecto para este propósito.

Puedes recordar todas tus vidas pasadas”, le asegura mirando de frente a la reencarnación. Para la serie este concepto no está más que atado a la constante reprogramación de los anfitriones, y de eso se vale la narración para regresar al pasado. El punto de inflexión en la vida de Akete llegó cuando tras la masacre de la primera temporada, encontró el tan deseado puzle que finalmente terminaría por desechar William. Este objeto le obsesiona hasta tal punto que comienza a escuchar voces en su cabeza, sin embargo, a poco que se aproxima a la verdad, cae al vacío “Comencé a oír una voz dentro de mí, pero antes de comprenderla, me lo arrebataron todo”. Akete fue uno de los muchos anfitriones que pasó por los ajustes del equipo de control, en su caso para convertirse en una máquina despiadada de matar. Pero Akete no olvidó, dio su primer paso hacia la humanidad.

Cuando regresó, lo había perdido todo, pero su mente seguía intacta. Comenzó a buscar una respuesta, algo que le diera significado a su vida de pulsiones sin sentido. Sin su pareja, y desterrado de la tribu, ahora vaga por el parque persiguiendo algo. ¿Quién le da la respuesta? En un giro inesperado de los acontecimientos se encuentra con un moribundo Logan, quien tras los eventos de la pasada temporada ha terminado perdiendo la cordura. Pero las pocas palabras que llega a escuchar Akete de él son más que suficientes para corroborar todas sus sospechas. El mundo en el que está es incorrecto, existen otros donde sus recuerdos permanecerán, pero para llegar hasta ellos debe encontrar la puerta.

Su vida cobra sentido, ahora lucha por algo, y esa misma motivación la que le llevan hasta un lugar al que muy pocos han conseguido llegar. Sin ser consciente de donde se encuentra, Akete pone un pie en el tan famoso valle más allá, el punto donde Delos está construyendo unas misteriosas instalaciones. Y sí, tal y como pensaba, allí se vislumbra la puerta que le llevará a encontrar todas las respuestas. El “pasaje al otro mundo” está ante sus ojos, pero no lo cruzará sin reencontrarse con su amada. Casi si vacilar se da la vuelta y regresa al poblado para rescatar al amor de su vida. Aunque ella ahora no le recuerda, está convencido de que podrá hacerle aflorar sus sentimientos. Cosa que no tarda en comprobar cuando tras secuestrarla y liberarla de sus ataduras, ella confía en él. Su vida pasada vuelve a su mente, y juntos ahora se dirigen hacia la puerta. Pero el juego de Ford no es tan sencillo, y no vuelven a lograr llegar hasta allí. De hecho Akete se sumerge de nuevo en la oscuridad cuando miembros del parque encuentran a Kohana, y se la llevan.

Su vida siempre se ha basado en luchar y pelear contra todas las dificultades. No se rinde tan fácilmente y vuelve a levantarse. Tras arrastrarse por el barro, e incluso ser salvado por la hija de Maeve, entiende que la única solución es pasar al otro lado, suicidarse. Si consigue acceder a las instalaciones, podrá encontrar a su amada, y eso es lo que termina haciendo. Los miembros del parque descubren que efectivamente Akete lleva una década sin ser actualizado, diez años de acumulación de datos y experiencias. Eso es lo que le ha permitido llegar hasta allí, y con lo que terminará moviéndose por las instalaciones de Delos para acabar en el subterráneo. Sin embargo, lo que encuentra no es lo que esperaba. El cuerpo de Kohana está frente a él, pero su mente no.

Todos estábamos conectados, los vivos y los condenados”. La red que creó Ford comienza a aparecer en su mente, y entiende que no puede salvarla. A partir de ese momento toma una vida de redención intentado salvar a sus compañeros con la verdad. Eso es precisamente lo que intentaba hacer cuando a ojos de Maeve, intentó secuestrar su hija. En realidad la pretendía salvar de un destino inevitable, pero el Hombre de Negro interrumpió solo por su obsesión en el juego.  Akete había llegado muy lejos, y su esfuerzo no sería desperdiciado, el azar –o quizás no- termina empujándole a un encuentro con el creador. Ford descubre en él a una flor creciendo en medio de la oscuridad. Ve en él la pureza de su idea, y no duda en animarlo a que encuentre su propia puerta.

“Cuando llegue la portadora de muerte, lo entenderás todo”. Dolores terminaría apareciendo para acabar con la vida de todos los huéspedes incluida la del propio Ford. Ese acontecimiento desencadenó la carrera por encontrar la puerta que hemos visto en esta segunda temporada, una competición en la que en realidad Akete llevaba participando desde hacía diez años. Su viaje por fin cobra sentido, sabe que los fantasmas que ha perseguido durante tanto tiempo en realidad no eran locuras de su mente, al menos no todos. Emily consigue reencontrarse con William y se lo lleva para según ella, concederle un sufrimiento mayor del que podría encontrar con la muerte de los indios. El Hombre de Negro ha sido derrotado por el juego, pero Maeve no.

Durante todo este tiempo la anfitriona había estado manejando el destino de Akete con su recién descubierto poder. Las voces que escuchaba, probablemente procedían directamente de ella, quien velaba por su hija desde la distancia. ¿Hasta donde llega la influencia de Maeve sobre el resto de máquinas? El papel que le tiene reservado Ford quizás sea mucho más importante de lo que en un principio se creía, pero mientras la solución va descubriéndose, “Westworld” ya prepara sus siguientes sorpresas.


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