Crítica de la tercera temporada de Las Chicas del Cable

Una ficción que engancha sin más

Crítica de la tercera temporada de Las Chicas del Cable
 

El final de la segunda temporada de “Las Chicas del Cable” fue abierto, muy abierto. Es por ello que los espectadores estaban ansiosos de nuevas “aventuras” sentimentales de nuestras protagonistas y Netflix bien lo sabe: tiene entre manos una potente serie española de los creadores nada más y nada menos de “Velvet”, una revolución en la ficción nacional, por lo que la está cuidando como hace con otros productos más importantes a nivel internacional.

Es septiembre ya por lo que desde el pasado viernes podemos ver todos los capítulos que componen su tercera temporada y si bien desde el principio, si hemos estado atentos a las noticias, sabemos que hay cuarta tanda de episodios confirmados, esto no es impedimento para disfrutar de una trama que en esta ocasión se ve más madura que en anteriores años pero que, de nuevo, quedará abierta de manera abrupta para enganchar a la audiencia. Así pues, “Las Chicas del Cable” es más la esencia de la primera tanda que la esencia de la segunda, pero a su vez, no se olvida de la construcción de sus personajes durante los últimos años.

Lo mejor de la tercera temporada

Quizás comenzar diciendo que lo mejor de esta temporada es que es más culebrón que nunca pueda desconcertar, pero desde el principio “Las Chicas del Cable” es una serie que busca tergiversar sus tramas hasta límites insospechados, algo que se logra con facilidad y de modo bastante realista en estos episodios. Solo el primer episodio, que comienza con un acto dramático y una boda, es una buena muestra de lo que está por llegar: capítulos que van in crescendo hasta acabar en el punto álgido; situaciones dramáticas que ponen a las protagonistas al límite y una apuesta aún más fuerte por complicar las cosas a nivel empresarial, algo que salpicará a todas.

Sabiendo que es un culebrón, y por lo tanto, uno bien construido (de ahí que consideremos esto como un buen punto), también se le ha añadido aún más el toque thriller que de vez en cuando estaba en anteriores temporadas (sobre todo en la primera, con el famoso asesinato). Funciona, engancha y divierte, aunque sea un suspense sencillo y que no busca inventar la rueda. El guion, como siempre, es bastante previsible y lo mismo ocurre con esta parte: todos los giros se pueden ver venir pero incluir thriller en un culebrón viene bien para aligerar de vez en cuando el tono melodramático.

Los personajes, además, brillan más que nunca, a destacar el interpretado por Ana Fernández: y lo hacen gracias a un feminismo que nunca choca. No negamos que muchos de los diálogos “feministas” no se pronunciarían en una época como la representada, y al igual que ocurría en “Velvet”, la serie parece más una distopía histórica que un retrato fiel, pero desde el comienzo no se está buscando representar una época sino un pensamiento: el de la libertad.

Por último, el aspecto técnico está muy cuidado en casi todo: luego apuntaremos algunos aspectos a mejorar pero la fotografía sigue siendo el punto fuerte de toda ficción que realice Bambú Producciones, algo que se aprecia en cada plano.

Aspectos a mejorar

Sobre ese aspecto técnico, hay dos cuestiones que nos han chirriado mucho: ¿por qué hay fallos en la consecución de muchos de los planos? Personajes que no están situados correctamente, errores en el racord del escenario, e incluso momentos que nos desconciertan visualmente como saltos entre dos planos muy diferentes. Y el otro error proviene más del presupuesto: los efectos especiales, que los hay, son bastante pésimos. Y en España tenemos empresas como El Ranchito, que ha participado en series como “Perdidos en el Espacio” y “Juego de Tronos”, que podrían ayudar a hacerlos más creíbles.

Por último, la trama, al ganar en componente de suspense, ha perdido en simpatía: si antes había espacio para momentos livianos, ahora no existen casi: es drama tras drama, y giro de guion tras giro de guion. Algo que puede gustar a algunos pero cansar a los espectadores menos exigentes. El toque medio entre drama y comedia funcionaba en anteriores temporadas y aquí se ha perdido.

Aún así, la tercera temporada de “Las Chicas del Cable” sigue estando por encima de las dos anteriores; no es una ficción innovadora como lo es “La Casa de Papel” o “Vis a Vis“, pero si un producto necesario para las mayorías: una audiencia hispana que no solo tiene representación en nuestro país, sino también en Latinoamérica.


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