Análisis Koral: Una odisea submarina entre lo triste y extremadamente bello

Nintendo Switch PC
 

El océano de nuestro planeta cubre un total de un 72% de la superficie de la Tierra y, sin embargo, conocemos más sobre los planetas del espacio exterior que de nuestros propios mares, de los que tan sólo se ha explorado un 5% de su totalidad. En este vasto y desconocido mundo marino, existe una especie de animal del que dependen la mayoría de sus habitantes; los enigmáticos y desconocidos corales, que constituyen, con la formación de los arrecifes coralinos, las áreas de mayor biodiversidad del planeta, albergando cientos y miles de especies diferentes de animales y plantas marinas.

Koral es un videojuego que guarda muchas diferencias con Infernium, el último recuerdo que teníamos del trabajo de Carlos Coronado, autor y director de ambos títulos. Su anterior propuesta nos trasladaba literalmente a una completa pesadilla constante; no solo por la dificultad de algunos de sus puzzles, sino por esa sensación de terror que acechaba constantemente al jugador y que definía, a grandes rasgos, la personalidad de su videojuego. Koral se aleja completamente de este planteamiento de survival horror, presentándonos un juego de rompecabezas relajado, como el propio mar, que nos invita a perdernos en lo más profundo del océano, en esos mundos de semblante alienígena y que, pese al asombro de los más desconocedores del tema, existen realmente en este planeta.

Con nada frente a nosotros más que el océano

En Koral, tomaremos el control de una corriente marina cuyo objetivo es el de transportar alimentos y energía a lo largo del océano. Se trata de una premisa sencilla pese a que nuestra misión resulta crucial para la subsistencia de las diferentes y variadas formas de vida que habitan el océano. Al manejar una corriente de aire, el juego priva al jugador de cargar con una narrativa en torno a su protagonista, algo que tampoco le hace falta para alcanzar la brillantez de las ideas que alberga en él. Tan solo tendremos que preocuparnos en fluir por el océano para que este vaya recuperando su vida, en disfrutar de nuestros movimientos en el mar mientras completamos los diferentes rompecabezas a los que nos enfrenta esta aventura. El protagonista en este juego es el agua y lo que suceda en sus mares, mientras que la importancia de nuestra corriente de aire se ve relevada a un segundo plano hasta el punto que, si decidimos dejar de desplazarnos, también dejaremos de existir debido a la lógica de nuestra naturaleza intangible.

Durante este particular viaje, no sufriremos el acoso de ningún tipo de enemigo. Tampoco podemos perder la vida porque, literalmente, no la tenemos. Koral es un juego que no entiende de hostilidades ni de enfrentamientos, aunque sí que existe un factor que dificultará nuestro trabajo a la hora de sanar el fondo del mar: la contaminación hídrica. Esta terrible situación –generalmente provocada por el ser humano– se representa a través de la formación de unos muros aparentemente infranqueables y que para la fortuna del hábitat del fondo marino, tan sólo entorpecerán y no frenarán directamente nuestro paso; el del ciclo de la vida. Al menos de momento.

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Sanar el coral, sanar el mar

Los elementos de rompecabezas, las piezas centrales de este título que lo acercan más al videojuego que a un simple paseo por el fondo del mar, se centran en el transporte de plancton entre los diferentes tipos de corales, esponjas y algas marinas con las que podremos interactuar en el videojuego. Este plancton luminiscente actúa como la medicina capaz de curar el blanqueamiento de coral, una enfermedad que afecta directamente a la supervivencia de todos los animales y plantas que dependen de los corales. Detrás de este objetivo tan sencillo nos encontramos con un juego relajante y que, lo más importante, tiene algo que contar.

Desde abundantes prados de posidonia, a ecosistemas surgidos entre navíos hundidos, el recorrido a lo largo de los 15 entornos del juego se dividirá en la sucesión de pequeñas zonas de rompecabezas que bloquean nuestro avance. Al ubicar los puzzles en diferentes secciones propias, el título se asegura de que seamos conscientes de que tenemos todos los elementos necesarios a nuestra disposición para poder superar cada uno de ellos. Una decisión de diseño inteligente que nos ahorra el problema de tener que preocuparnos de que nos hayamos podido dejar algún plancton o ruta secreta en el tramo anterior.

Los momentos más brillantes del juego y de su diseño de niveles suceden cuando fluimos entre los diferentes elementos del escenario con una gracia natural, impregnando y decorando por nuestro paso, con unos llamativos color neón, la oscuridad innata del fondo del mar. Este ‘flow’ no es una casualidad, sino más bien producto del buen diseño de niveles del producto y su adecuada curva de dificultad durante el planteamiento de sus puzzles, el cual nos permitirá avanzar cómodamente por el juego a base de reutilizar trucos que habremos aprendido previamente. Aunque también existe algún que otro rompecabezas que pueda hacer decaer el ritmo de la aventura y que nos obliga a volver unos metros atrás, si sabemos jugar un poco con las velocidades que alcanzamos cuando nos propulsamos en los diferentes corales, o con el manejo y adecuado uso de las corrientes de aire, nuestro movimiento será lo suficientemente atractivo e intuitivo para que tampoco suponga ningún problema dar alguna que otro rodeo de más.

Una odisea submarina entre lo triste y lo extremadamente bello

Koral no cuenta con una historia como tal, o al menos desde su humilde propuesta. El juego le quita peso a la existencia de un hilo conductor o a la necesidad de un motivo por el que llegar al final del viaje. Si decidimos terminar este viaje –que nos tomó alrededor de dos horas-, será por la inercia de querer seguir avanzando y no por querer cerrar una narración. Aun así, el juego tiene varios mensajes que contar y te recompensará gratamente si llegas al final de esta particular odisea. No obstante, no todos los mensajes llegan a través de lo que escuchamos y vemos a través de la pantalla, pues también se nos introducen pequeños retales de información de una manera muy inteligente a partir de la recolección de unos coleccionables repartidos a lo ancho y profundo del océano.

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Estos desbloqueables son totalmente opcionales y tendremos la opción de omitirlos para centrarnos en el mencionado ‘flow’, por lo que el jugador no se verá forzado a escuchar algunos de los mensajes que Koral quiere contarnos. Si, por el contrario, sí que nos interesan y nos dedicamos a perder un poquito más de tiempo en explorar cada rincón del juego, se nos recompensará con un total de 32 datos reales que perfilan, a grandes rasgos, la situación, problemas y agentes responsables del estado del ecosistema marino y el de su inminente futuro.

Aquí es donde la obra demuestra que no tiene una intención directa de politizar su propuesta, ni de educarnos dando por hecho que todos somos ignorantes en la materia, aunque consiga acercar unos conocimientos básicos sobre la fauna marina que, a veces, solo encontramos en el formato de los documentales. El juego no se enfoca en señalar el papel de la humanidad como grandes responsables de la muerte y pérdida del coral, y decide acercarnos también a un océano más real, en el que sigue perdurando la belleza y la vida se adapta como puede a su entorno. Los jugadores podrán sacar sus propias lecturas del viaje aunque una de ellas sea claramente ecologista o, como mínimo, concienciada con el estado de salud del océano de nuestro planeta.

Todo el mundo es parte del océano

Una de las grandes virtudes de este juego reside en su preocupación por ser ampliamente accesible al mayor rango posible de jugadores y jugadoras a lo largo del mundo. El videojuego está traducido a nueve idiomas diferentes y, en su menú de opciones, también podremos ajustar el tamaño del texto emergente durante el transcurso de los niveles. el cual se limita básicamente a la información de los desbloqueables que salta en nuestras pantallas cuando encontremos alguno de ellos. Sin embargo, el mayor acierto viene en el plano del manejo y del control del personaje, la base del juego y donde se manifiesta la filosofía de convertir a Koral en una creación apta de ser disfrutada por la mayor cantidad de gente posible.

Koral

En Koral tan solo existe un control: el de desplazamiento, y podremos ejecutarlo mediante el joystick de un mando o las teclas de dirección de un teclado de ordenador. El hecho de que únicamente necesitemos usar un joystick para completar el juego abre la puerta a que las personas con discapacidad también puedan disfrutar la experiencia real de la travesía. Todas las mecánicas giran en torno a nuestro movimiento por el fondo del mar, por lo que tan sólo tendremos que ser capaces de mover la palanca del mando con cualquier extremidad o parte de nuestro cuerpo posible; ya sean los pies, el codo o la boca. El manejo a través de un sólo joystick también resulta tan intuitivo dentro del juego que, con un poquito de paciencia, cualquier persona de cualquier edad lo puede completar sin problemas.

Llévate el océano donde quieras con tu Nintendo Switch

Desde que la consola híbrida de Nintendo se lanzara hace ya un par de años, muchas han sido las veces que se ha repetido el mismo enunciado: ”Este juego indie encajaría muy bien en lo que propone Nintendo Switch”. Una situación que podría recordar a aquellas en la que una palabra pierde el significado de tanto repetirla. Obviando tal hecho, por muy manido que encontremos este enunciado, si sigue formando parte de la conversación actual sobre videojuegos por algo será. Y, precisamente, Koral podría llegar a ser uno de los ejemplos que apoyan la motivación tras esas palabras.

La relación entre Koral y Nintendo Switch no podría ser más sinérgica: cuenta con todas las bondades de jugarlo sentado en un sofá, pero precisamente los momentos en los que más se disfruta es cuando estamos lejos de él. El modo portátil acompaña de maravilla la propuesta de Carlos Coronado, logrando sumergirnos en el océano cuando estamos en ambientes mucho menos naturales como, por ejemplo, las industriales redes del metro urbano.

El caso es que, aunque el juego no haga uso de algunas de las virtudes de Nintendo Switch -como la pantalla táctil o la vibración de los manos-, gráficamente es una experiencia al mismo nivel que la versión para PC –la utilizada para la mayor fracción del análisis– con el añadido de que logra brillar por esa buena relación entre la experiencia que ofrece y las condiciones, más cómodas e inmediatas, en las que el jugador la puede disfrutar.

Sé agua, amigo mío

Koral es un juego dedicado al agua. Quizás podía haberlo mencionado antes, pero es una obra que ha sido concebida en el propio mar, concretamente, desde un velero en una reserva marítima del Cabo de Creus. Quizás, por la naturaleza de su singular desarrollo, se le puedan perdonar algunos pequeños bugs al título, nada que tampoco puedan solucionar unos cuantos parches poslanzamiento. Los menús y los diferentes apartados del título podrían estar un poco más inspirados y el apartado sonoro, aunque pueda fallar en algunas ocasiones, acompaña y cumple de una manera muy notable a todo lo que vemos en pantalla. Se trata de una experiencia que se sabe alejar de lo pretencioso y mantener una personalidad humilde en la totalidad de su planteamiento; desde sus sencillas mecánicas y manejo, hasta su historia que lo aleja de todo lo complejo y abrumador. Simplemente debemos dedicarnos a fluir, a avanzar, a transportar vida, a devolverla.

Podemos clasificarlo razonablemente como un videojuego de autor, ya que su nacimiento parte de la pasión de su creador por el submarinismo y, concretamente, por un sueño de desarrollar un videojuego en el mar; a bordo de un barco. No podemos hablar de Koral sin mencionar de nuevo a Carlos Coronado, quién demuestra, como los buenos directores de la gran pantalla, una habilidad para saber trabajar en diferentes géneros. En este caso, pasando de un videojuego de terror a uno de amor, de amor por el mar. No se trata de una entrega aleccionadora que señala constantemente las cosas que hacen mal los humanos y su verdadero y devastador efecto en el océano, simplemente es una oda al mar con los corales como sus grandes protagonistas, unos animales popularmente desconocidos y de una importancia vital en el hábitat marino.

Conclusiones

Koral es un juego que te absorbe y te atrapa con el conjunto de sus ideas. Tal vez sea esa chispa de las explosiones de vida que nacen de cada uno de los rompecabezas que completamos la razón por la que no nos despegamos en ningún momento de los controles de nuestra corriente marina, o quizás por su facilidad para superar sus gratificantes e inteligentes puzzles. La accesibilidad de su planteamiento con la intención de que todos podamos vivir esta bonita experiencia es seguramente su mayor virtud y su principal diferencia frente al resto de propuestas del mercado.

Positivo

  • Una experiencia accesible para todo el mundo
  • La sensación de fluidez en nuestro movimiento, de tener el 'flow'
  • El acercamiento documental del océano a través del formato de un videojuego
  • El océano y su fauna lucen espectaculares cuando les devolvemos la vida

Negativo

  • Problemas de ritmo, algunos puzzles pueden ser un poco lentos
  • El diseño visual de la interfaz del menú y otros elementos del texto son mejorables
  • Puede resultar corto pese al añadido de los desbloqueables
9

Increíble

Política de puntuación

Alejandro Gallardo
Licenciado en periodismo y en el ciber del barrio. Soy de esos que se ven las cinemáticas y se obsesionan con los secreticos pero de momento lo sigo disfrutando