Análisis Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser + Las Peripecias de Bowsy

 

¿Cuántas veces se puede vender el mismo caramelo sin que pierda su sabor? La oleada de remakes que ha invadido la industria en los últimos años ha creado dos bandos bien diferenciados; aquellos que reniegan de vivir las mismas experiencias por muchos años que hayan pasado, y aquellos que ven esos juegos como oportunidades. O bien para recordar una experiencia pasada, o bien para disfrutar de un título que no tuvieron la oportunidad de jugar. Ninguna de esos razonamientos aplican cuando nos situamos ante un título como Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser, una readaptación de la exitosa entrega de Nintendo DS, que ahora regresa a la última portátil de la compañía para recordarnos por qué el debate en torno al refriteo a veces carece de sentido.

Quien le iba a decir a AlphaDream allá por 2003 que estaban a las puerta de una de las sagas más arriesgadas dentro de la franquicia del fontanero. Superstar Saga fue solo el principio de una filosofía que entendía a Super Mario no como un personaje monolítico capaz de perseguir un macguffing a través de plataformas en 2D, sino como un ente instalado en la mente de varias generaciones. Un icono que en el pasado había demostrado ser capaz de amoldarse al género deportivo, y que también podía hacer frente al rol. La tercera entrega de ese ecosistema, no fue la primera en debutar en la intocable double screen de la Gran N, pero sí la que más corazones robó.

Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser

Entendiendo esto, no resulta sorprendente imaginarse un contexto en el que los directivos apostaran por recuperar el juego para incluirlo en un catálogo que lleva ya varios años echando el cierre.

Con Nintendo Switch en su máximo apogeo, y todavía crecimiento, la llegada de Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser a Nintendo 3DS es una sorpresa inesperada que engrandece más si cabe una consola ya histórica. Los alicientes que incorpora este regreso quizás no sean suficientes como para convencer a todos aquellos jugadores que ya se introdujeron en el interior de Bowser, pero la magia sigue presente en cada uno de sus apartados. Si esta era una prueba ante el test del tiempo, Nintendo la pasa con nota.

Un éxito asegurado

Poner un pie en la historia supone recordar por qué este título vendió 4,5 millones de copias en todo el mundo –más del doble que el segundo posicionado de la saga-. Viajamos al Reino Champiñón una vez más, pero no para enfrentarnos al mismo enemigo de siempre. En este caso no hay ni rescate de princesa, ni road trip por los distintos mundos del universo. De hecho la Princesa Peach es un personaje meramente testimonial para una de las tramas que mejor han comprendido a Bowser en toda la franquicia. El gran antagonista aquí no es un villano maquiavélico, sino un ser autoconsciente de su posición y orígenes. Que siente, padece, y se aleja del maniqueísmo propio de una saga que siempre ha tendido a lo elemental.

El punto de inflexión que aleja la historia de la fórmula narrativa habitual es una enfermedad conocida como Redonditis. Esta plaga provoca que los Toads se inflen como globos y no puedan hacer otra cosa que rodar.  Ante una epidemia de proporciones descomunales, Peach decide reunir a todos sus consejeros del reino en el castillo para encontrar una solución. A dicha convocatoria acuden todos –incluidos Mario y Luigi– excepto Bowser. La respuesta con la que dan pasa por pedir ayuda a las Estrellas Cobalto, pero la situación impide hacer nada.

Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser
El título viene con el habitual doblaje lleno de referencias y expresiones propias de Nintendo.

Gracovitz, el villano principal de esta saga, regresa a la entrega para manipular a un Bowser lleno de odio por el vacío evidente del resto del reino, y le engaña para que se trague a todos los asistentes de la reunión. ¿La causa? La ingesta de una misteriosa seta. Otro hongo llamado Rodochampiñón es el responsable también de la enfermedad que asola el reino, pero nadie es consciente de ello. Con Bowser como único capaz de revertir la situación, todo parece perdido. Sin embargo el trabajo en equipo salvará el día. Sí, Mario y Luigi, desde el interior de su cuerpo, trabajarán junto a él para devolverlo todo a la normalidad.

Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser es la consecución del remake de Mario & Luigi: Superstar Saga + Secuaces de Bowser lanzado el pasado 2017, y viene a seguir la mima lógica. El núcleo del título, su jugabilidad, y todas sus virtudes siguen intactas. Recuperamos el control de vista cenital, los combates por turnos organizados por comandos de botones, y unos combates no procedurales a campo abierto. Nintendo opta por mantener todo lo que hizo grande al juego, valiéndose de la potencia de la consola para mejorar el rendimiento ya de por sí notable del título original.

Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser
Las fases en el interior de Bowser siguen siendo las más divertidas

Ahora bien, aunque el juego siga siendo el mismo que en 2009, esta versión sí incluye una sorpresa –y quizás la única- que podría haber justificado su creación. Las peripecias de Bowser viene como un añadido extra al juego que no es parte del propio título en sí, sino que forma un tándem separado con entidad propia. Este juego, aunque más sencillo en todos sus apartados, es un producto cerrado. Cuenta con mecánicas únicas, y una historia que se ambienta en el mismo universo que la trama principal, pero protagonizada por otros personajes.

Un secuaz pequeño pero peleón

En este caso manejamos, como su nombre indica, al famoso Bowsy, quien durante los eventos del juego se queda a cargo del castillo. Sin embargo los planes de Gracovitz no solo pasan por destruir el Reino Champiñón, sino también por conquistar este fortín. Bowsy se tiene que enfrentar no solo a esa amenaza. Y es que los secuaces de Bowser quieren darle una lección a ese crío maleducado, y le ponen enfrente a todas las tropas aliadas, para que jueguen con él a sus ínfulas de Atila el conquistador. Las mecánicas, por supuesto, acompañan a esta premisa.

Aquí ni tenemos libertad para movernos por el mundo –como sí ocurre con Bowser en el juego principal-, ni contamos con los gustosos combates por turnos. Todo se reduce a una suerte de enfrentamientos tácticos automatizados, en los que tendremos que preparar nuestra estrategia antes del choque. Como ya sucede en otros títulos del género, la idea pasa por gestionar una serie de tropas en una cuadrícula, para hacerlas combatir contra oleadas enemiga. Esa ejecución, los espadazos y mamporros, se procesan de forma automática, pudiendo solo activar determinados combos en ciertos momentos, y dependiendo de la sinergia de las unidades en activo.

Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser
El menú es sencillo y fácil de entender a pesar de la gran cantidad de datos en pantalla

Las fases están dispuestas en dos tandas; una intermedia, y una final. Ambas se pueden ganar derrotando únicamente al líder de la tropa enemiga. Y lo mismo sucede en sentido contrario. Si derrotan a Bowsy –que estará siempre en la retaguardia más alejada de la acción- perderemos la partida. El componente estratégico entra en juego cuando entendemos que solo podemos preparar a las tropas, pero no decidir qué hacen en el enfrentamiento. Nuestro libro de cocina es un triángulo de poder jerárquico tradicional; la artillería vence a la aviación, la aviación vence a la infantería, y la infantería vence a la artillería.

Cada unidad está clasificada en alguna de esas tres categorías, y en conjunto dan forma a las estadísticas de ataque, vida, defensa, velocidad, y moral de nuestra tropa. En ese sentido cada una de ellas afecta a lo que su nombre indica, con la excepción de la moral, que viene determinada por las unidades especiales incluidas en la formación.  Y es que dejando de lado a los Goombas, Boos, y demás, también podremos hacer uso de Morty y compañía. Cada uno con unas estadísticas especiales, y una habilidad única. Pero ¿de qué sirven si todo es automático?

Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser
Los combates son automáticos pero igual de entretenidos

Nuestra interacción durante la partida, dejando de lado la formación –determinante para la victoria o derrota-, pasa por anular los ataques especiales del enemigo haciendo uso de puntos de liderazgo. Así pues si tres Koopas van a hacer su ataque combinado, podremos activar con el botón determinado en ese mismo momento la cancelación, para ganar ventaja. Nintendo parece dejar a su libre albedrío los combates, pero en realidad insta al jugador a mantenerse atento en todo momento. Claro que ni tiene la enjundia ni la profundidad que el juego principal, pero supone un añadido muy bien recibido que alarga unas cuantas horas la experiencia general.

Una joya que depende

Mario & Luigi: Viaje al centro de Bowser es en último término un título sobresaliente en casi todos sus aspectos, que sigue absorbiendo igual que hace una década. La solidez de sus mecánicas, y la calidad narrativa de la historia hacen que el título no sea apenas dependiente del apartado gráfico, y eso le confiere cierta inmunidad ante el paso del tiempo. Huelga decir que en este caso el estilo en 2D con ciertos efectos en 3D es más que solvente, y que aunque parezca mentira, no se echa de menos las funcionalidades especiales de la Nintendo 3DS. ¿Merece la pena su compra? Si ya tienes la versión original, los alicientes no son suficientes como para justificar un nuevo gasto, pero si la nostalgia te corroe, o no pudiste probarlo en su momento, este título sigue siendo una joya atemporal que te dará horas y horas de diversión.


Positivo

  • Profundidad narrativa superior a la media de la franquicia
  • Mecánicas roleras sólidas y pulidas
  • Uso inteligente y creativo de la doble pantalla
  • Apartado visual amable y bien integrado
  • Duración notable

Negativo

  • Novedades insuficientes
  • Las Peripecias de Bowsy no está al nivel del conjunto
  • Precio
8

Muy bueno

Política de puntuación

Ismael Moreno
Publicista disfrazado de periodista. De pequeño vivía con una Game Boy debajo del brazo, y tenía pesadillas con la risa de Tidus. Seguidor incondicional de Inio Asano, y enamorado de la mundanidad takahiana.