Análisis Seven: The Days Long Gone

PC
 

Cuando algunos trabajadores de The Witcher Kholat, quisieron hacer un videojuego que se desmarcara de lo ofrecido en esos dos títulos, probablemente se barajaron un buen número de propuestas.

Finalmente, Seven: The Days Long Gone es el título que se han atrevido a lanzar en un mes donde, no sin excepciones, no hay demasiadas novedades fuertes en el mundo del videojuego a pesar de tener las épocas estivas de los regalos al alcance de la mano. Veamos qué tal les ha salido la apuesta.

Sigilo Cyberpunk

La propuesta que se nos presenta con Seven: The Days Long Gone lleva como carta de presentación un universo cyberpunk, aderezado con unas mecánicas que se centran en convertir al juego en un título de sigilo puro y duro.

En un mundo que entremezcla elementos de lo más medieval como espadas u hachas con elementos tecnológicos como torres de vigilancia, hackers o controles de seguridad, deberemos ayudar al ladrón Teriel a derrocar a una conspiración comandada por una fuerza poderosa y que está poniendo en peligro la humanidad.

Si bien su historia no deja de ser simple y previsible, con algún que otro momento algo más destacable, en Seven: The Days Long Gone el protagonismo absoluto lo tiene la jugabilidad y, en menor medida, el mundo que nos rodea.

El título se centra, como ya comentaba anteriormente, en una premisa donde el sigilo es clave para seguir avanzando, ya que de otra forma el combate se tornará tosco, complicado y por qué no decirlo, mal optimizados. Constantemente se advierte que el sigilo será nuestra mejor arma, y es en esos momentos cuando el juego funciona a las mil maravillas, mostrándonos varias rutas en las que jugar nuestras bazas para infiltrarnos en algunos lugares sin que nuestro enemigo se de cuenta: por un tejado, por una ventana, o, aunque esté totalmente fuera de lugar en la mayoría de las ocasiones, a la fuerza. El problema de Seven: The Days Long Gone no llega cuando el combate cuerpo a cuerpo se convierte en una opción en la que, claramente, sale ganando el sigilo por goleada, su problema llega cuando el título te obliga a combatir a la fuerza en determinadas ocasiones. Es en ese momento cuando todo se torna desastroso, el manejo de nuestro personaje es hórrido y erróneo, y, por desgracia, el juego empieza a mostrar todas esas cosas que quiere ocultar.

Es por eso que, en lo que respecta a la jugabilidad, el videojuego se vuelve un completo desastre cuando te fuerzan a hacer algo que funciona mal de por sí en un título enfocado al sigilo. En estos casos donde se nota forzada la manera de combatir cuerpo a cuerpo, lo mejor sería dejar el título con aquello que funcione bien y eliminar todos esos desajustes que no hacen justicia en absoluto. El sigilo, por su parte, funciona correctamente gracias a ese diseño de niveles que comentaba anteriormente donde se nos ofrecen distintas maneras de terminar una misión y que siempre tienen las sombras como alianza absoluta. Es cierto que no supone un avance innovador en la industria, pero tampoco lo pretende. Lo que hace en este campo lo ejecuta correctamente y eso, en gran medida, es gracias a un mapeado que está diseñado de forma excelente, con una isla donde podremos dedicar tiempo a completar tanto nuestra misión principal, como las misiones secundarias que, en muchas ocasiones, consiguen entretenernos más de lo que esperábamos.

Otra cosa que se debería especificar, es que Seven: The Days Long Gone no es un videojuego de rol salvo por algún que otro detalle que resulta prácticamente nimio. El título es un videojuego de vista isométrica donde la acción a través del sigilo se convierte en su principal baza, como ya hemos comentado anteriormente. No existe una fusión entre rol y acción siquiera, y esto es debido a su jugabilidad, donde más allá de equiparnos armas, armaduras u otros objetos, no tendremos más que preocuparnos de cumplir nuestras misiones en un terreno donde la libertad de decisión es demasiado limitada con respecto al género citado anteriormente.

Gráficos y sonido

Sin ser un auténtico espectáculo gráfico, lo cierto es que Seven: The Days Long Gone se convierte en un título que entra por los ojos. Su refinado estilo artístico cell-shading crea una atmósfera de lo más atractiva, en parte, gracias a las posibilidades que ofrece un mundo cyberpunk. Es minimalista, se centra en pequeños detalles que merece la pena observar, varía a lo largo del juego y se mantiene en un nivel más que aceptable a lo largo de su duración.

La banda sonora luce a un nivel digno de Marcin Przybyłowicz que, saga The Witcher aparte, se encargó de los maravillosos efectos de sonido de un juego un poco olvidado como Hard Reset, y, seguro que nos deleitará a todos en Cyberpunk 2077. Estos ejemplos dejan claro que Marcin era la persona indicada para crear un apartado sonoro que deleitara en un universo cyberpunk, y es algo que, sin lugar a duda, ha conseguido con creces.

Conclusiones

Si bien Seven: The Days Long Gone es un videojuego que claramente se centra en el ámbito del sigilo, aderezado por un universo de lo más atractivo, mete la pata en su intento de salirse de su ámbito más fuerte en la jugabilidad. Combatir entre las sombras es una delicia, pero si nos aventuramos a combatir cuerpo a cuerpo, encontraremos un título que se hace trizas y termina por sacar lo peor de sí mismo. Aun con todo es un título que, obviando esa carencia, termina por lucir correctamente gracias a un gran diseño de niveles y a lo entretenido que se hace cuando el jugador vaga por las sombras. Es otro de esos casos en los que al querer contentar a todos, han fastidiado un poco la experiencia de juego, pero que si obviamos sus connotaciones negativas, se puede disfrutar.


Positivo

  • El sigilo funciona a la perfección
  • El diseño de los niveles
  • Todo lo relativo al sonido
  • El apartado gráfico, sin ser impresionante, es resultón

Negativo

  • El combate cuerpo a cuerpo es un auténtico calvario
  • Meter mecánicas que funcionan mal de una forma un tanto obligada
7

Bueno

Política de puntuación

Conecta el escribir sobre videojuegos con la ingesta de Doritos. Reside en Madrid rodeado de gatos.