El 12 de septiembre de 1972 nacía en Glendale (California) un joven que con el tiempo se convertiría en una de las estrellas cinematográficas más emblemáticas. Siendo sinceros, no tanto por su capacidad interpretativa, como sí por su éxito en la franquicia Fast & Furious. Su nombre era Paul Walker y ayer hubiera cumplido 50 años. Sin embargo, la tragedia interrumpió su vida y su fructífera carrera con tan solo 40 años en un accidente automovilístico que conmocionó al mundo en noviembre de 2013.
A pesar de que Fast & Furious fue la saga de películas que lo catapultó a la fama internacional, no solo es recordado por esta interpretación. Ladrones (2010), Proyecto Lazarus (2008), Bajo cero (2006) o La prueba del crimen (2006) son tan solo algunas de las películas en las que participó a lo largo de toda su carrera. Pero no nos engañemos, la mayoría le conocéis por ser Brian O'Conner en la saga de acción que co-protagonizó junto a Vin Diesel (Dominic Toretto).
Ahora bien, la relación de Paul Walker con Hollywood no siempre ha sido buena. A pesar de haber alcanzado la fama y el éxito en la llamada 'meca del cine', Walker siempre mantuvo una actitud humilde y alejada de los excesos típicos de la industria. No obstante, sus inicios en el mundo de la interpretación llegaron por sorpresa, porque Paul Walker quería estudiar biología marina para investigar el fondo de los océanos. Sí, empezó a trabajar como modelo para poder costearse los estudios y su pasión por el surf, y fue precisamente un papel relacionado con este deporte el que le permitió saltar a la TV. Era Tocados por un ángel, pero una semana más tarde conseguiría otro personaje para Pleasantville (1998), película en la que compartiría pantalla con Tobey Maguire.
Tuvo que abandonar la biología, su verdadera pasión, porque rápidamente descubrió que "actuar era un trabajo buenísimo para ganar dinero y seguir haciendo surf sin asumir responsabilidades". Poco a poco, más y más personajes fueron tocando su puerta, y sin darse cuenta, iba entrando en el círculo vicioso en que se convierte Hollywood.
Neal Moritz y Robert Cohen también contactaron con él al plantear una película de carreras callejeras: "me dijeron que podía hacer de policía, conducir coches veloces, salir con una protagonista hermosa y que además, me pagarían", por lo que aceptó sin dudar porque esto era una fantasía para cualquier joven de su edad. Así nació Fast and Furious. Mientras ganaba reconocimiento (y algún que otro Razzie, todo hay que decirlo), él siempre apostó por centrarse en lo que le gustaba, el deporte, porque en realidad, a él le encantaba conducir automóviles como en la saga e incluso se hizo piloto profesional. También disfrutaba desmontando vehículos mientras se llenaba de grasa.
Y sí, odiaba Hollywood porque le quitaba tiempo que podría dedicar a sus pasiones, pero a su vez, era su principal fuente de ingresos para poder aprovechar su escaso tiempo libre sin pensar en dinero. Así era Paul Walker, un joven actor que murió demasiado pronto, precisamente, por uno de sus hobbies: la conducción.
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