Análisis Need For Speed

PlayStation 4 Xbox One

La velocidad más letal vuelve a la nueva generación de consolas

 

La noche es joven, aseguran los protagonistas del nuevo Need For Speed una saga que, a diferencia de la nocturnidad, es longeva y bien acogida. Ghost Games nos trae de la mano de EA un nuevo título que, sin aportar aire fresco, ha intentado converger las virtudes disponibles durante toda la serie para elaborar un producto apto para un público más genérico. En exclusividad para la nueva generación de consolas y con la labor de cumplir la expectativa que generó, Need For Speed vuelve remozado y bien dotado de la potencia clásica.

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Una pandilla de rebeldes y una ciudad para ellos solos

El juego empieza con premura, pero los cinco primeros minutos ya son suficientes para inferir el cauce que ha escogido la compañía. Una pandilla de adictos a la velocidad acogen con simpatía a un nuevo integrante, nosotros, y desde ese instante ya se rezuma el típico jubilo reinante de los jóvenes. La modernidad se extiende por todas las facetas del juego, desde una interfaz estilo Twitter hasta los diálogos, siempre vulgares pero desenfadados. Las cinemáticas, fortalecidas de una trama envolvente con actores reales, no aportan variedad al título ni suman una profundidad narrativa digna de elogio, pero satisfacen su función.

No es un juego que destaque en ningún aspecto concreto, pero no defrauda en nada. La narrativa, por su parte, cumple la función de pretexto para avocarse a las carreras, que al fin y al cabo es la finalidad del juego.

El transcurso de todo lo generado en el juego acaece de noche en una ciudad inmensa, pero vacía. Es cierto que la compañía intentó amoldarse a un patrón para mantener la coherencia durante todo el juego y aunque la noche aporte vacuidad a la ciudad y más sensación de libertad, la falta de movimiento acaba abrumando. Por su parte, el hecho de que la noche impere perennemente la ciudad -salvo en casos puntuales donde el alba se asoma sutilmente- empaña la visión y distinción de las diferentes áreas que componen la ciudad las cuales son abundantes y bien diversificadas, pero cuesta distinguirlas.

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La ciudad, poseída por la cólera de la juventud al volante, mantiene una conexión viva e ininterrumpida gracias a la permanente conectividad de todo el juego, tanto en lo referente al ingame como en la transfusión a esa comunidad que ha creado la compañía para compartir nuestras proezas y fotografías. El dinamismo continuo genera una perspectiva más realista, centrada principalmente en la percepción de esa pandilla clandestina adicta al motor donde, poco a poco, nos vamos acomodando.

La carretera te espera

Pero entremos en lo trascendente, las modalidades de juego. Como he comentado al inicio del análisis, esta nueva entrega está enfocada en contentar a un público más amplio con la descentralización de una sola vertiente pricipal. Por lo tanto, los diferentes aspectos del juego no destacan sobremanera pero tampoco llegan a decepcionar gracias a la solvencia general de todas las vertientes.

Los modos de juego, aunque aparentemente diferentes, se podrían resumir en dos: carreras y derrapes. Realmente existen otras modalidades, cada una adoptada por un personaje diferente, pero todas son eufemismos del concepto clásico de carrera. Estas están distribuidas en diferentes niveles de dificultad los cuales tienden a ser fáciles durante los primeros compases del juego con severos incrementos en los tramos finales. La ejecución de las carreras resulta simple gracias a la comodidad de los controles y a la adaptabilidad que queramos darle al juego, característica que explicaré más adelante. En las carreras tenemos que pasar por diferentes puntos de control para que contabilice el progreso, hecho que restringe el uso de atajos. Gracias a elementos como el rebufo y el nitro la sensación de velocidad, bien conseguida de base, se incrementa potencialmente denotando un trabajo formidable en este aspecto tan demandado.

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La fiscalización de carreras acarrea la obtención de puntos además de experiencia (REP) y, en ocasiones, nuevas piezas para la customización de los vehículos. Evidentemente los puestos más adelantados recibirán mayor índice de recompensas. Por su lado, las misiones de derrapes son simples y pueden derivar al hastío por la falta de vitalidad que conjugan limitándose a la ejecución de la habilidad. No obstante, hay configuraciones en los vehículos que pueden crear auténticas maravillas visuales en estas actividades, pero se precisa una habilidad muy adelantada para realizarlo.

En general, las modalidades no aportan lozanía a la saga, simplemente imitan el modelo de las otras entregas con pequeñas incorporaciones para añadir algo de variedad. Pero, si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?

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La penumbra tiñe las calles de negro

En la ciudad, además de las actividades prodigadas por el mapa donde podemos desplazarnos directamente, hay distintos elementos coleccionista como imágenes o piezas para la personalización. Un factor poco explotado y que ha recibido mucho impacto positivo en la saga es la producción policial, esta vez muy delimitada. La ley, para mantener la delincuencia al margen, surge fortuitamente durante algunas carreras y su tenacidad es admirable, aunque en momentos puntuales la inteligencia artificial decae pronunciadamente y se abren brillantes oportunidades de huida. Mientras la policía nos persigue se va incrementando el valor de las multas proporcionalmente a los niveles de experiencia. Es una pena que no se haya exprimido más esta traza pues es uno de los principales reclamos de los aficionados.

Pero no olvidemos otra de las grandes bazas de la saga, el tunning. Los niveles de personalización del juego no alcanzan esas minuciosidades prácticamente imperceptibles que lucen muchos juegos, más bien se centra en notorias modificaciones estéticas en diferentes localizaciones del coche que lo amoldan al prototipo del jugador. Desde alteraciones en los alerones hasta modificaciones en la matrícula, la variedad de partes cambiables es plausible, pero dentro de estas la cantidad de accesorios se torna algo escasa, sobre todo en los inicios del juego donde la exigüidad de repuestos es muy pronunciada.

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Más allá de la visión estética, optimizar las prestaciones del coche supone el incremento potencial que se necesita para trascender al éxito de las carreras. Las mejoras del motor y la adición del turbo son requisitos indispensables para confeccionar vehículos plenamente adaptables y funcionales dentro de los desafíos más exigentes que propone el juego. Pero, sin duda alguna, el factor perentorio que depara el vehículo más adaptado al jugador es la posibilidad de ajustar el agarre del coche fomentando, por ejemplo, la acentuación de los derrapes, a gusto del personal.

Los coches muy vistosos, pero…

El juego resulta atractivo visualmente, un aspecto relevante dada la exclusividad a la nueva generación de consolas, pero el título posee algunas fisuras que desvirtúan ligeramente este apartado. Como he comentado anteriormente, la eterna nocturnidad tizna la brillantez escénica, que la tiene, tesitura que podría redimirse sutilmente con la implementación de un ciclo día/noche, aunque el temporal diurno pereciera rápidamente. La pluralidad de escenarios es un factor positivo, aunque lacrado por la noche, que realmente pugna con la simetría de muchos emplazamientos, algo que resta encanto al ambiente.

Por su parte, la recreación de los vehículos es sublime en todos los aspectos. Las constantes colisiones estragan la integridad del coche y las resquebrajaduras, abultamientos y destrozos se manifiestan incluso en algunos vídeos. La tasa de frames se mantiene estable a unos 30 fps con pequeños descensos puntuales a velocidades muy elevadas.

El sonido acompaña al estilo juvenil del juego con música generalmente electrónica pero con algunos estilos intercalados para dotar de variedad musical al título, aunque este pase desapercibido en el fulgor de la carretera. En el aspecto sonoro lo más proverbial sin duda es el ciclo de las revoluciones que proyecta el vehículo resultando agradablemente estruendoso. Por otro lado, el doblaje al español encaja perfectamente con los personajes y mantiene buena concordancia con la expresividad de los personajes.

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Caben mencionas ciertos pormenores que acrecientan notablemente la duración del juego. Por un lado, el modo competitivo permite enfrentarnos a otros jugadores para demostrar nuestra valía en la carretera. El modo online siempre representa un aliciente fácilmente digerible que sirve como barómetro de nuestras aptitudes. Por otro lado, existen una serie de retos diarios que proporcionan recompensas y experiencia al ser completados.

Finalmente, quiero concluir con el factor más pernicioso del juego: la necesidad de estar constantemente conectado a la red para poder jugar, y esto entronca con la particularidad que he mencionado arriba sobre la estulticia impuesta por la compañía de querer conectarlo todo. ¿Era algo necesario? Claramente, no.

Conclusión

Need For Speed vuelve a la carretera con una propuesta que no renueva el concepto de la saga pero sí mantiene aglutinados todos los elementos indispensables para facturar un videojuego de conducción a la altura de lo esperado. Con un mapeado grande y diversificado pero algo desvirtuado y con una buena cantidad de retos, el título desfocaliza sus virtudes en un único aspecto y las reparte equitativamente en todas las vertientes para confeccionar un juego divertido, largo y adaptado a una nueva generación de consolas y de jugadores.


Positivo

  • Ciudad muy amplia
  • Abundancia de tareas con diferente dificultad
  • Vehículos estéticamente vistosos
  • Juego descentralizado de una vertiente preponderante
  • Muy bien lograda la sensación de velocidad

Negativo

  • La noche eterna
  • Tareas repetitivas
  • Gran vacío en las calles
  • Escasez policial
  • Necesidad de conexión
7.7

Bueno

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